{"id":2165,"date":"2026-09-14T05:00:00","date_gmt":"2026-09-14T10:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/biciurba.com\/?p=2165"},"modified":"2026-09-12T10:31:29","modified_gmt":"2026-09-12T15:31:29","slug":"dos-ruedas-cuatro-ruedas-y-el-extrano-placer-de-acercarnos-al-desastre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/biciurba.com\/index.php\/2026\/09\/14\/dos-ruedas-cuatro-ruedas-y-el-extrano-placer-de-acercarnos-al-desastre\/","title":{"rendered":"Dos ruedas, cuatro ruedas y el extra\u00f1o placer de acercarnos al desastre"},"content":{"rendered":"\n<p>Hay un momento, probablemente entre los tres y los cinco a\u00f1os, en el que el ser humano descubre una verdad peligrosa: si tiene ruedas, puede ir m\u00e1s r\u00e1pido.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta ese instante caminamos. Despu\u00e9s corremos. Y cuando aparece una bicicleta, se acab\u00f3 la tranquilidad familiar. El ni\u00f1o aprende a pedalear y, en cuesti\u00f3n de minutos, la casa deja de ser un hogar y se convierte en una pista de pruebas. La madre grita \u201c\u00a1despacio!\u201d, el padre grita \u201c\u00a1cuidado!\u201d y el ni\u00f1o, naturalmente, acelera.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay mucha ciencia detr\u00e1s. Dos piernas peque\u00f1as, un par de pedales, una relaci\u00f3n de transmisi\u00f3n bastante miserable y un sistema de frenos cuya eficacia depende de que alguien haya recordado ajustarlo. Pero alcanza para descubrir la velocidad y, sobre todo, para descubrir que la velocidad produce placer.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s llega la adolescencia y el asunto se pone interesante. La bicicleta ya parece demasiado lenta. Aparecen los monopatines, las patinetas, los patinetes el\u00e9ctricos, las bicicletas el\u00e9ctricas y, finalmente, esa criatura maravillosa llamada motocicleta, y ah\u00ed ya no hay que pedalear.<\/p>\n\n\n\n<p>El motor se encarga de todo mientras el cerebro adolescente, todav\u00eda en proceso de instalaci\u00f3n, intenta administrar la situaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciencia tiene algunas malas noticias al respecto. Durante la adolescencia se desarrollan y reorganizan sistemas cerebrales relacionados con la recompensa, la novedad y la toma de decisiones. Y la presencia de amigos puede aumentar la propensi\u00f3n a asumir riesgos. Es decir, si un adolescente est\u00e1 solo puede hacer una estupidez, si hay otros tres adolescentes mirando, puede hacer una estupidez considerablemente mayor.<\/p>\n\n\n\n<p>Y no, no es un fen\u00f3meno exclusivamente masculino. Aunque los hombres j\u00f3venes aparecen con mayor frecuencia en las estad\u00edsticas de muertes viales, las mujeres tambi\u00e9n descubrieron hace rato que un acelerador puede producir una relaci\u00f3n sentimental bastante intensa.<\/p>\n\n\n\n<p>Las dulces ni\u00f1as que jugaban con mu\u00f1ecas crecen, algunas se convierten en excelentes conductoras, otras descubren el placer de hundir el pie derecho hasta el fondo. As\u00ed que la especie humana, en ese sentido, es bastante democr\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s llega el autom\u00f3vil y ocurre algo todav\u00eda m\u00e1s interesante: la sensaci\u00f3n de vulnerabilidad desaparece. En una bicicleta sabemos que estamos expuestos. En una motocicleta sabemos, al menos te\u00f3ricamente, que una ca\u00edda puede convertir nuestro cuerpo en un argumento m\u00e9dico, pero dentro de un autom\u00f3vil estamos rodeados de acero, vidrio, airbags, cinturones, controles electr\u00f3nicos, sensores, c\u00e1maras y asistentes que nos avisan hasta si estamos respirando demasiado cerca del volante. Y entonces nosotros, agradecidos, aceleramos.<\/p>\n\n\n\n<p>La Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud estima que aproximadamente 1,16 millones de personas mueren cada a\u00f1o en siniestros viales. Las lesiones de tr\u00e1nsito contin\u00faan siendo la principal causa de muerte entre ni\u00f1os y j\u00f3venes de 5 a 29 a\u00f1os. M\u00e1s de la mitad de las v\u00edctimas mortales son peatones, ciclistas y motociclistas: precisamente quienes tienen menos carrocer\u00eda entre el cuerpo y la desgracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Y existe un detalle particularmente inc\u00f3modo: la velocidad. La OMS calcula que cada incremento del 1% en la velocidad media se relaciona con un aumento aproximado del 4% en el riesgo de un choque mortal. Y para un peat\u00f3n atropellado, pasar de 50 a 65 kil\u00f3metros por hora multiplica aproximadamente por 4,5 el riesgo de morir. Pero seguimos pensando que 15 kil\u00f3metros por hora no son nada, \u201cVoy apenas un poquito m\u00e1s r\u00e1pido.\u201d Entonces nos encontramos con que la f\u00edsica no conoce el concepto de \u201capenas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero uno siempre cree que esas estad\u00edsticas les ocurren a otros. El otro es el idiota que adelanta, el que va demasiado r\u00e1pido, el que cruza el sem\u00e1foro en rojo, el motociclista que aparece por el retrovisor a 140. Nosotros simplemente tenemos prisa y aqu\u00ed la diferencia sem\u00e1ntica es importante.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s est\u00e1n los aficionados al todoterreno. Esas personas que compran una camioneta cuyo precio podr\u00eda financiar una peque\u00f1a vivienda y luego gastan otra fortuna en suspensiones, neum\u00e1ticos, bloqueos de diferencial y modificaciones para introducirla voluntariamente en un barrizal donde una mula con veinte a\u00f1os de experiencia laboral mirar\u00eda el camino y dir\u00eda: \u201cPor ah\u00ed no paso\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La finalidad es demostrar que el veh\u00edculo puede hacerlo, y cuando finalmente lo consigue, todos celebran aunque despu\u00e9s viene la gr\u00faa, en ocasiones tambi\u00e9n la ambulancia, o la aseguradora, que es una forma moderna de funeraria financiera, si es que se tomo un seguro.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo verdaderamente preocupante es que esa cultura del riesgo no siempre queda confinada a la pista, la monta\u00f1a o el barro, la llevamos a la calle. Salimos con la moto, arrancamos el autom\u00f3vil y empieza la carrera contra el reloj.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que llegar\u2026Hay que llegar ya\u2026Hay que llegar antes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfAntes de qui\u00e9n? Nadie lo sabe, pero hay que llegar. Ah, y la locura aumenta cuando te enfrentas a un trac\u00f3n, ah\u00ed llega la gota que derrama el vaso. Entonces adelantamos, aceleramos, nos pegamos al veh\u00edculo de adelante, cambiamos de carril, calculamos distancias con una precisi\u00f3n quir\u00fargica y confiamos en una mezcla de experiencia, reflejos, suerte y alg\u00fan santo de preferencia.<\/p>\n\n\n\n<p>La OMS tiene una expresi\u00f3n mucho m\u00e1s aburrida y bastante m\u00e1s sensata: Sistema Seguro. La idea parte de una premisa brutalmente realista: los seres humanos cometemos errores y el sistema vial debe estar dise\u00f1ado para que esos errores no necesariamente terminen en una muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros, en cambio, seguimos apostando por la teor\u00eda de que nunca nos equivocamos, hasta que lo hacemos y, cuando ocurre, la velocidad cobra la factura. Porque el autom\u00f3vil moderno puede tener frenos excelentes, pero no puede frenar el tiempo. Puede tener airbags, pero no puede hacer desaparecer la energ\u00eda de una colisi\u00f3n. Puede tener radar, c\u00e1maras y asistentes, pero todav\u00eda necesita un ser humano que no decida que el sem\u00e1foro en rojo es una sugerencia crom\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p>Hemos desarrollado m\u00e1quinas capaces de circular con una precisi\u00f3n extraordinaria y, al mismo tiempo, conservamos dentro de ellas a un primate con prisa que quiere llegar cinco minutos antes, que se enfurece porque otro conductor va \u201cdemasiado lento\u201d, que acelera cuando escucha que el motor cambia de sonido, que, despu\u00e9s de haber visto cientos de videos de accidentes, sigue pensando: \u201cA m\u00ed no me pasa\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez la fascinaci\u00f3n por la velocidad no sea \u00fanicamente tecnol\u00f3gica, quiz\u00e1s sea profundamente humana. Corremos, aceleramos, saltamos m\u00e1s lejos, subimos monta\u00f1as, porque podemos.<\/p>\n\n\n\n<p>Compramos veh\u00edculos preparados para cruzar desiertos y los utilizamos para llevar a los ni\u00f1os al colegio. Y despu\u00e9s, cuando alguien nos pregunta por qu\u00e9 lo hacemos, respondemos: \u201cPorque me gusta.\u201d Una respuesta cient\u00edficamente impecable y filos\u00f3ficamente desastrosa.<\/p>\n\n\n\n<p>La velocidad nos hace sentir vivos, el problema es que a veces lo demuestra de una manera demasiado literal y por eso existe una escena que resume toda esta historia mejor que cualquier estudio cient\u00edfico.<\/p>\n\n\n\n<p>Una caravana de veh\u00edculos detr\u00e1s de una camioneta f\u00fanebre. De repente, nadie adelanta.<br>Nadie toca bocina. Nadie zigzaguea. Nadie tiene prisa. Todos guardan distancia. Todos circulan despacio. Todos respetan la velocidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Es curioso que para conseguir que millones de seres humanos reduzcan la velocidad quiz\u00e1 no necesitamos m\u00e1s radares, campa\u00f1as, multas ni estad\u00edsticas. Quiz\u00e1 bastar\u00eda con poner una carroza f\u00fanebre adelante de cada autom\u00f3vil, aunque habr\u00eda un peque\u00f1o inconveniente, la carroza solo funciona una vez para cada uno de nosotros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay un momento, probablemente entre los tres y los cinco a\u00f1os, en el que el ser humano descubre una verdad peligrosa: si tiene ruedas, puede ir m\u00e1s r\u00e1pido. Hasta ese instante caminamos. Despu\u00e9s corremos. Y cuando aparece una bicicleta, se acab\u00f3 la tranquilidad familiar. 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