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Cuando perder el empleo fue encontrar el camino

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Bicis Horizonte, un emprendimiento en tiempo de crisis laboral, que ha logrado el éxito micro empresarial

Hace un poco mas de veinte años, el ingeniero industrial Juan Carlos González recibió una noticia que cambió el rumbo de su vida: quedó desempleado. Lo que parecía el inicio de una crisis se convirtió en una oportunidad para rescatar una vieja pasión nacida en la infancia. Con sus últimos ahorros abrió un pequeño taller de bicicletas en Bogotá. Dos décadas después, es propietario de su local, fabrica bicicletas con marca propia y ha convertido su negocio en una escuela informal de mecánicos y emprendedores. Esta es su historia.

BiciUrba: Juan Carlos, usted es ingeniero industrial. ¿Cómo termina dedicándose a la mecánica y fabricación de bicicletas?

Juan Carlos González: Fue una decisión que nació de la necesidad, pero también del corazón. Hace veinte años me quedé sin empleo. Busqué trabajo durante meses, envié hojas de vida, asistí a entrevistas, pero las oportunidades no llegaban. Tenía una familia que dependía de mí y entendí que debía actuar. Entonces recordé algo que siempre había estado presente en mi vida: las bicicletas.

BiciUrba: ¿De dónde viene esa afición?

JCG: Desde niño. Mi papá, Francisco González, fue quien me contagió el amor por la bicicleta. Salíamos a rodar juntos, pero no era solo pasear. Él me enseñaba cómo funcionaba una cadena, los piñones, el ajuste de los descarriladores, cómo ajustar los frenos, a despinchar, por qué era importante cuidar cada pieza. Sin darme cuenta estaba aprendiendo mecánica mientras disfrutaba de la compañía de mi padre.

BiciUrba: También fue ciclista en su juventud.

JCG: Sí. Vivía en Quirigua y me encantaba salir a recorrer Bogotá y los municipios cercanos, hacía la vuelta hasta el Alto del Vino, o La calera. Participé en algunas carreras de velocidad, aunque nunca fui una estrella del ciclismo. Después llegaron el colegio y la universidad. Estudié Ingeniería Industrial en la Universidad Distrital y durante años la bicicleta fue mi transporte diario. Pedaleaba desde mi casa hasta la universidad todos los días.

BiciUrba: ¿Cómo nació Bicicletas Horizonte?

JCG: Con mis últimos ahorros. No era un gran local ni tenía equipos sofisticados. Era un taller modesto, con las herramientas básicas y muchas ganas de trabajar. Al principio hacía mantenimiento, reparaciones y despinchadas. Lo importante era que cada cliente se fuera satisfecho y volviera.

BiciUrba: ¿Fue difícil el comienzo?

JCG: Bastante. Hay días en que uno se pregunta si tomó la decisión correcta. Pero también aprendí que la persistencia vale mucho. Los clientes comenzaron a recomendarme y poco a poco el taller fue creciendo. Llegó un momento en que tuve que cambiar de local porque el primero ya no era suficiente. Después vino otro paso importante: comprar mi propio establecimiento, adquirir un crédito bancario, que se pudo pagar en menos tiempo, eso si, cada centavo había que cuidarlo para lograr la meta. Para ese momento no había ayudas gubernamentales para los emprendedores como ahora sucede. Así que cuidar el negocio, calcular inversiones, pagar el préstamo, a los empleados y sobrevivir.

BiciUrba: A ese respecto, a lo largo de estos años ha trabajado con muchas personas.

JCG: Sí, y eso ha sido una de las experiencias más enriquecedoras. Han pasado mecánicos experimentados, soldadores, aprendices y muchachos que empezaron haciendo tareas sencillas como arreglar pinchazos. Todos me han enseñado algo. Uno cree que el conocimiento solo va del maestro al alumno, pero no es así. En un taller siempre se aprende de todos. Más allá del hecho que se hayan ido del taller, creo que lo que siento es gratitud para con ellos, nunca fueron malas personas, estuvieron el tiempo necesario para aprender y enseñar, y tener el valor de encontrar nuevas oportunidades en un mercado competido donde también hay empresas grandes a donde algunos lograron entrar.

BiciUrba: ¿Podría decirse que el taller también funciona como escuela?

JCG: Exactamente. Así lo veo yo. Algunos llegan buscando trabajo y terminan aprendiendo un oficio. Otros descubren habilidades que no sabían que tenían. Cuando alguien sale de aquí convertido en un mejor mecánico o con conocimientos para montar su propio negocio, siento que estamos haciendo algo bueno, más allá de arreglar o construir bicicletas.

BiciUrba: ¿Cuándo dio el salto de reparar bicicletas a fabricarlas?

JCG: Fue un proceso natural, además que la profesión comenzó aflorar en el diseño y fabricación. De alguna forma nunca deje la profesión, la apliqué en esta oportunidad empresarial y comercial. Con el tiempo comencé a imaginar diseños propios y a preguntarme por qué no fabricar nuestras propias bicicletas. Empezamos poco a poco, aprendiendo, corrigiendo errores y perfeccionando procesos. Hoy cortamos tubos, fabricamos marcos, tenedores y varios accesorios. Todavía utilizamos algunos componentes importados, como piñonería, platos, ciertos rines y corazas, pero cada vez incorporamos más trabajo propio.

BiciUrba: ¿Cómo ha respondido el mercado?

JCG: Mejor de lo que imaginábamos, en un sector competido. Uno cree que son los grandes fabricantes y grandes marcas importadas los dueños del sector, pero el trabajo, artesanal como yo lo califico, tiene su mercado y sigue creciendo. Por fortuna toda nuestra producción se vende. No fabricamos miles de bicicletas al año ni pretendemos competir con las grandes marcas nacionales, pero hemos encontrado un grupo de clientes que valora el diseño personalizado, la calidad y el servicio. Vendemos entre diez y quince bicicletas por semana, además de todo el trabajo de mantenimiento y reconstrucción. Da para vivir y soñar empresarialmente hablando.

BiciUrba: ¿Qué siente cuando vende o ve una bicicleta fabricada por usted rodando por las calles?

JCG: Es una satisfacción enorme. Cada una lleva horas de trabajo, pruebas y dedicación. Cuando veo una de nuestras bicicletas circulando por Bogotá siento algo parecido a lo que siente un padre cuando ve a un hijo abrirse camino. Y la alegría que nos da especialmente por la satisfacción del cliente, nunca han llegado al taller por reclamos, o que se desbarato la bici, hacemos y vendemos productos artesanales de calidad, es nuestro compromiso permanente.

BiciUrba: Cuando se enfrenta a situaciones complicadas de la vida, la familia también se debe convertir en apoyo y no en obstáculo, cómo fue ese momento de la apuesta por el emprendimiento y la reacción de su esposa e hijos.

JCG: Sin duda. Mi esposa y mis hijos fueron una motivación permanente. Marcela y Jorge Mario hoy son profesionales. Les gustan las bicicletas y conocen el negocio, aunque por ahora han seguido sus propios caminos. Verlos realizados es una de las mayores recompensas de estos años de esfuerzo. Y mi esposa también está unida ha este proyecto, es la consejera y me ayuda con buena parte de la administración, siempre ha sido un apoyo total.

BiciUrba: Me cuenta que ya cruzó la frontera de los 64 años. ¿Ha pensado en retirarse?

JCG: No por ahora. Me siento bien, con energía y con muchos proyectos. La bicicleta me mantiene activo física y mentalmente. Además, todavía hay mucho por aprender y por construir. Los empresarios nos retiramos cuando ya no podemos seguir con el negocio, o que nos ha dado tanto que podemos poner empleados a todo nivel e irnos a viajar y disfrutar la vida. Esperemos llegar al séptimo piso y ya veremos si podemos irnos de vacaciones con mi esposa.

BiciUrba: Mirando hacia atrás, ¿qué le enseñó aquella etapa de desempleo?

JCG: Que los momentos difíciles también pueden abrir puertas. Cuando perdí mi empleo pensé que estaba perdiendo el rumbo. Hoy entiendo que fue el comienzo de otro camino. A veces los talentos que desarrollamos por pasión terminan convirtiéndose en nuestra mejor oportunidad. El miedo te ofrece dos caminos, seguir buscando un empleo al precio que sea, o tomar las riendas de tu propia vida y emprender desde tus sueños, pasiones y experiencias, esa fue mi elección y aquí estamos.

BiciUrba: ¿Qué mensaje les daría a quienes atraviesan una situación similar?

JCG: Que no subestimen lo que saben hacer. Todos tenemos habilidades que pueden transformarse en proyectos reales. Hace falta trabajo, paciencia y disciplina, claro está. Pero también hace falta creer en uno mismo. Yo no construí solamente una empresa de bicicletas; construí una nueva oportunidad para mi familia y para mí.

BiciUrba: Finalmente, ¿qué representa una bicicleta en su vida?

JCG Libertad. Fue mi compañera de infancia, mi transporte de estudiante, la herramienta que me ayudó a superar una crisis y la base de una empresa que sigue creciendo. Si alguien me pregunta qué cambió mi vida, la respuesta es sencilla: una bicicleta.

BiciUrba: La historia de Juan Carlos González es la misma de muchos colombianos que en ciudades pequeñas o grandes se aventuran a un emprendimiento. Muchos tienen que iniciar desde cero, otros como él, traen sus conocimientos profesionales, sus experiencias de vida y lo que sus padres sembraron en ellos, como la afición por las bicicletas, entender cómo funcionan y hacerlas posibles para otros.

Los talentos, esa fuerza creadora que hace posible construir y desarrollar proyectos de vida son los conocimientos y aptitudes que nos sacan adelante, porque hacemos lo que nos gusta, lo que entendemos y lo que podemos proyectar en mercados competidos, pero donde siempre encontraremos una diferencia que nos hace únicos, Esta historia, una persona que, después de una dificultad, siguió pedaleando hacia adelante.

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