
Cuando se habla de bicicletas, casi siempre aparecen las mismas imágenes: el ciclista vestido de licra, una competencia en alta montaña o un paseo dominical. Sin embargo, existe otra historia mucho menos conocida y bastante más cercana a la vida cotidiana. Es la historia de las bicicletas que nunca ganaron una medalla, pero ayudaron a construir ciudades enteras y mover el comercio.
Durante casi ciento cincuenta años han transportado pan caliente al amanecer, leche recién ordeñada, periódicos, flores, herramientas, muebles, niños, paquetes, café, hielo, gas, medicinas y hasta pequeñas tiendas ambulantes. Han sido el vehículo de miles de trabajadores anónimos que descubrieron que tres ruedas podían mover mucho más que una persona.

La historia empieza en la Inglaterra victoriana. Hacia 1877, el inventor británico James Starley desarrolló varios triciclos capaces de transportar personas y mercancías. Aquellas máquinas, construidas completamente en hierro, podía sustituir, en ciertos recorridos urbanos, a un caballo y su carreta. Esos primeros modelos utilizaban enormes ruedas de radios metálicos, neumáticos macizos y pesados bastidores remachados. No eran cómodos, ni eran rápidos, pero hacían el trabajo y eso era suficiente.
La que hoy conocemos nace en Dinamarca en la década de 1920, diseñada por Morten Rasmussen Mortensen creó la Long John, una bicicleta completamente diferente. En lugar de colocar la carga encima de la rueda delantera, alargó el chasis y creó un espacio entre el ciclista y la rueda frontal.
La dirección dejó de actuar directamente sobre la horquilla y comenzó a hacerlo mediante un sistema de barras articuladas, el resultado fue extraordinario, creando una bicicleta mucho más estable, segura y con mayor capacidad de carga. Mientras Dinamarca perfeccionaba la Long John, los Países Bajos desarrollaban la Bakfiets, literalmente «bicicleta con caja». Lo que comenzó como un vehículo para comerciantes terminó convirtiéndose en un símbolo nacional y hoy es habitual ver en ciudades neerlandesas bicicletas transportando dos o tres niños; perros; compras del supermercado; instrumentos musicales; plantas; incluso pequeños muebles, de manera tal que en muchas familias holandesas, la bicicleta de carga sustituyó al segundo automóvil hace ya varios años.

Con el tiempo en muchos países comenzaron a imponerse los triciclos, dada sus evidentes ventajas, desde el estacionamiento ya que pueden permanecer detenidos sin perder el equilibrio, la instalación de diversidad de cajas de carga que movilizan mucho peso, y aún así, se puede pedalear para moverlas.
En Asia evolucionaron hacia los conocidos bicitaxis o rickshaws que en América Latina terminaron siendo protagonistas del transporte popular de personas en sectores marginales de las grandes ciudades. Estas también han evolucionado con motores eléctricos o de gasolina convirtiendo motores de bombas en el poder para mover aparatosas estructuras y hasta cuatro pasajeros.
Los materiales también evolucionaron, de las primeras bicicletas que estaban fabricadas completamente en acero dulce, que pesaban más de treinta kilogramos, se adelgazaron cuando llegaron los tubos de acero de alta resistencia y más tarde aparecieron las aleaciones de aluminio. Actualmente algunos fabricantes utilizan acero cromomolibdeno, aluminio aeronáutico e incluso fibra de carbono para aplicaciones especiales, con esto se ha logrado la reducción de peso bruto del aparato lo que ha permitido aumentar considerablemente la capacidad de carga, de tal manera que hoy existen modelos capaces de transportar más de 250 kilogramos entre conductor y mercancía.

Al aumentar la capacidad de carga, era más que necesario considerar los frenos en vías que no necesariamente eran planos. Las ciudades y poblaciones tienen colinas, altas o apenas sentidas al tener que hacer un mayor esfuerza para mover el triciclo. Los antiguos frenos de varillas y zapatas fueron reemplazados por frenos de tambor, después llegaron los frenos de disco mecánicos y finalmente aparecieron los modernos frenos hidráulicos de cuatro pistones. Hoy una bicicleta de carga puede detener con seguridad más de 300 kilogramos de masa en movimiento. A ello se suman neumáticos más anchos lo que mejoran la estabilidad, distribuyen mejor el peso y aumentan el agarre sobre pavimentos irregulares facilitando el manejo.
Durante varias décadas las camionetas parecieron condenar al olvido a las bicicletas de carga, pero ocurrió exactamente lo contrario, las ciudades se congestionaron, el combustible aumentó de precio y con los motores la contaminación comenzó a preocupar. A la final la ecuación costo beneficio, mejoro la competencia y con el comercio electrónico, recibió un nuevo impulso. Hoy son protagonistas de la llamada logística de última milla, realizando entregas donde un automotor pierde más tiempo buscando dónde estacionar que haciendo el reparto.
Colombia también fabrica sus propias soluciones, aunque pocas veces aparecen en revistas especializadas, en Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga, Pereira y otras ciudades existen talleres y fabricantes que diseñan vehículos para recicladores, vendedores ambulantes, mensajería, cafeterías móviles, transporte de cilindros de gas, mercados campesinos y distribución de mercancías.
Muchos de estos desarrollos incorporan: chasises reforzados; ejes industriales; dirección de alta resistencia; frenos hidráulicos; sistemas de cambios y tres platos con relaciones adecuadas, motores eléctricos de asistencia; módulos intercambiables según el tipo de negocio. No se trata únicamente de fabricar un triciclo. Se trata de diseñar una herramienta de trabajo. Una oficina sobre ruedas. Un pequeño negocio capaz de recorrer la ciudad sin consumir una sola gota de combustible.

Las bicicletas de carga nunca fueron un símbolo deportivo. Nunca ocuparon las portadas de las grandes competencias. Sin embargo, ayudaron a alimentar ciudades, abastecer barrios y sostener miles de economías familiares.
Han sobrevivido a la aparición de las camionetas de reparto, al auge de las motocicletas y a la revolución del comercio electrónico y hoy, cuando el planeta busca soluciones limpias para transportar mercancías, descubrió algo que los panaderos ingleses, los floristas daneses, los comerciantes holandeses y miles de trabajadores colombianos ya sabían desde hace más de un siglo: la bicicleta de carga nunca pasó de moda. Simplemente, el mundo volvió a alcanzarla.





