Inicio Noticias Ciudad Sostenible Pedalear en modo supervivencia, el arte de llegar entero al destino

Pedalear en modo supervivencia, el arte de llegar entero al destino

7
0
Cada día los biciusuarios enfrentan retos urbanos que lo hacen ser héroe sobre la bici

Salir todos los días en bicicleta por una gran ciudad es una actividad saludable, económica, ecológica y, en algunos momentos, sorprendentemente parecida a protagonizar una película de acción de bajo presupuesto donde el protagonista llega por casualidad.

El biciusuario urbano convive con una colección de temores que van mucho más allá de llegar tarde al trabajo o pinchar una llanta. El primero de ellos es la vulnerabilidad frente a automóviles, buses y motocicletas. Mientras el conductor viaja rodeado de airbags, cinturones de seguridad y toneladas de metal, el ciclista enfrenta el tráfico protegido apenas por un casco, si es que lo usa a diario, algo de optimismo y la esperanza de que los demás respeten las normas.

Las intersecciones son escenarios particularmente delicados. Allí se mezclan vehículos apurados, peatones distraídos mirando el celular y ciclistas convencidos de que los semáforos son apenas una sugerencia estética. A esto se suma el clásico «dooring»: la apertura inesperada de la puerta de un automóvil estacionado. Una maniobra que transforma una tranquila mañana de pedaleo en una lección acelerada sobre las leyes de la física y la realidad de los servicios médicos de urgencias.

La imprudencia es democrática y no distingue medio de transporte. Hay conductores que invaden el espacio ciclista, peatones que convierten las ciclorrutas en extensiones de los andenes y ciclistas que consideran las señales de tránsito una opinión más que una obligación. El resultado es una convivencia donde todos reclaman sus derechos, ignoran los de los demás y hacen de las normas de tránsito letra muerta en textos que nadie lee o conoce.

Cuando cae la noche o aparece la lluvia, la experiencia adquiere un nivel adicional de dificultad. Sin luces ni elementos reflectantes adecuados, el ciclista corre el riesgo de convertirse en un personaje invisible. Por fortuna, la tecnología ha hecho su parte. Atrás quedaron los viejos dinamos que parecían alimentar una vela cansada; hoy existen lámparas recargables capaces de iluminar media cuadra sin exigir un solo pedalazo extra.

Pero los peligros no siempre se mueven. Algunos esperan pacientemente sobre el pavimento. Baches, alcantarillas deterioradas, tapas desniveladas y rejillas mal ubicadas forman parte de una red de trampas urbanas que parecen diseñadas por un comité secreto enemigo de las ruedas delgadas. Muchas caídas graves comienzan con un simple agujero que nadie reparó.

Y hay que considerar la basura que se va acumulando sobre la vía y en sus contornos, y si hay un contenedor, bueno eso será un basurero al aire libre, muy típico en una ciudad como Bogotá donde la indisciplina ciudadana se manifiesta a todo momento. Escombros, basura, vehículos mal estacionados y comercio informal suelen ocupar espacios destinados a la movilidad en bicicleta. La consecuencia son maniobras evasivas constantes que convierten algunos trayectos en una prueba práctica de reflejos y equilibrio. En ciertos sectores, las normas parecen existir únicamente como decoración institucional.

Se suma la calidad variable de las ciclorrutas. En numerosas ciudades los carriles para bicicletas aparecen y desaparecen con una lógica difícil de comprender. De repente, el ciclista debe incorporarse al tráfico motorizado o buscar espacio donde no lo hay. Es como si una autopista terminara abruptamente en una sala de estar y se esperara que los conductores resolvieran el problema con creatividad.

Sin embargo, el temor que más pesa no suele estar relacionado con la infraestructura sino con la seguridad personal. El riesgo de hurto, atraco, agresiones con armas cortopunzantes e incluso homicidios forma parte de las preocupaciones cotidianas de muchos usuarios. El robo de una bicicleta representa mucho más que una pérdida económica: para algunos significa perder un medio de transporte, una herramienta de trabajo y una parte importante de su libertad de movimiento.

Muchos ciclistas que han sufrido un atraco vuelven eventualmente a pedalear, pero lo hacen acompañados por una sombra persistente. El recuerdo del hecho suele ser más difícil de superar que el golpe físico o la pérdida material. La bicicleta se recupera o se reemplaza; la sensación de seguridad tarda bastante más.

Tampoco ayuda la escasez de estacionamientos seguros. A menudo resulta complicado detenerse unos minutos para tomar un café, contemplar el paisaje urbano, responder una llamada o simplemente descansar sin preocuparse por encontrar la bicicleta exactamente donde se dejó. La tranquilidad de estacionar sigue siendo un lujo en demasiados lugares.

En el destino final aparecen otros desafíos menos visibles. La ausencia de duchas, vestidores o espacios adecuados para cambiarse de ropa en empresas y centros educativos continúa siendo una barrera importante. Pocas personas disfrutan pasar el resto del día con la camiseta húmeda. Curiosamente, parte del problema podría reducirse si más usuarios aprendieran a utilizar correctamente los cambios de la bicicleta, evitando esfuerzos innecesarios y, por supuesto, litros adicionales de sudor.

Finalmente, cada ciudad impone sus propias condiciones. Algunas son planas y amables; otras están llenas de pendientes que parecen diseñadas para entrenar escaladores profesionales. Hay ciudades cálidas donde el sol castiga desde temprano y otras donde la lluvia, la neblina o el frío acompañan buena parte del año. Pedalear implica adaptarse permanentemente a un entorno cambiante.

A pesar de todo, millones de personas siguen eligiendo la bicicleta cada día. Quizás porque descubrieron que, detrás de cada bache, cada lluvia inesperada y cada sobresalto en una intersección, existe una forma de libertad que difícilmente ofrecen otros medios de transporte. Aunque, por precaución, nunca sobra agradecer al final de la jornada haber llegado a destino con la bicicleta completa, los huesos en su sitio y una nueva historia para contar.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí