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Cuerpo perfecto: la bicicleta urbana propone otra manera de estar en forma

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La bicicleta proporciona balance, cuando se hace bien en las vías urbanas y ciclorrutas

Vivimos en una época en la que el cuerpo parece haberse convertido en un proyecto permanente, casi como un producto que hay que modelar para cumplir a la perfección con un estilo de vida, muy contraria a la obesidad que tantos seres humanos cargan todos los días. Basta recorrer cualquier ciudad para comprobar el auge de los gimnasios, los centros de entrenamiento funcional, las clases de alta intensidad y cuanta propuesta que aparece en la WEB, esto se ha convertido en una industria que mueve miles de millones de dólares alrededor de la promesa de un físico ideal. Y hablamos de dólares porque los gimnasios son en realidad multinacionales que van por todas las ciudades del planeta.

Las redes sociales han contribuido a consolidar una imagen muy precisa de lo que significa estar saludable: hombres con músculos perfectamente definidos, abdomen marcado y bajo porcentaje de grasa corporal; mujeres con figuras atléticas, cintura estrecha y curvas pronunciadas. La apariencia, muchas veces, termina pesando más que la verdadera condición física, hay que mantener la imagen «del producto» hasta el último suspiro de tu vida.

Sin embargo, desde hace décadas la medicina deportiva insiste en una idea diferente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa, para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, algunos tipos de cáncer y problemas de salud mental. En ninguna parte de esas recomendaciones aparece la obligación de tener un cuerpo de portada e inscribirse en un gimnasio a perpetuidad..

Quien utiliza la bicicleta para desplazarse diariamente no persigue levantar el mayor peso posible ni desarrollar músculos espectaculares. Lo que construye, casi sin darse cuenta, es un organismo eficiente. El esfuerzo repetido fortalece el sistema cardiovascular, mejora la capacidad pulmonar, desarrolla la resistencia muscular de las piernas y aumenta la eficiencia del corazón para bombear sangre. Los especialistas en medicina del deporte suelen recordar que el mejor músculo que puede entrenarse es precisamente el corazón.

En la bicicleta urbana el protagonista no es el bíceps. Lo son las piernas, la coordinación, el equilibrio, la capacidad de reacción y la concentración permanente. Circular entre automóviles, peatones, motocicletas y semáforos exige un entrenamiento que difícilmente puede reproducirse dentro de cuatro paredes.

La psicología también aporta elementos interesantes. Numerosos estudios muestran que la actividad física al aire libre disminuye los niveles de estrés, ansiedad y síntomas depresivos con mayor eficacia que realizar ejercicios exclusivamente en espacios cerrados. Pedalear permite desconectarse parcialmente de las presiones laborales, recuperar la sensación de autonomía y establecer una relación más cercana con la ciudad. Quizá por eso muchos ciclistas describen sus recorridos diarios como uno de los mejores momentos del día.

Desde el punto de vista nutricional, el ciclismo urbano tampoco demanda fórmulas mágicas. Un desplazamiento cotidiano de entre 30 y 60 minutos puede mantenerse con una alimentación equilibrada: frutas, verduras, cereales integrales, proteínas de buena calidad, grasas saludables y una hidratación adecuada, preferiblemente con agua. Para la enorme mayoría de ciclistas urbanos, los suplementos comerciales, bebidas «milagrosas» y productos para aumentar masa muscular no son necesarios y, en algunos casos, pueden representar un gasto injustificado o incluso riesgos para la salud cuando se consumen sin supervisión médica.

Eso sí, el cuerpo del ciclista también tiene enemigos claros. El tabaquismo disminuye la capacidad pulmonar, reduce el transporte de oxígeno y afecta el rendimiento cardiovascular. El consumo de otras sustancias inhaladas produce efectos similares y contradice el objetivo principal del ciclismo: respirar mejor, resistir más y disfrutar el movimiento. Y una recomendación adicional, considerando la contaminación ambiental de las grandes ciudades, utilizar mascara es la regla, no un simple tapabocas. Estas se consiguen en almacenes de deportes.

La bicicleta tampoco exige un peso perfecto. Personas de diferentes edades y complexiones pueden incorporarse a este medio de transporte. Quienes presentan sobrepeso suelen encontrar en ella una actividad de bajo impacto para las articulaciones, mucho más amable que correr o realizar ejercicios explosivos. Con el tiempo, acompañada de buenos hábitos alimenticios, la bicicleta puede contribuir a reducir el exceso de peso sin convertir ese objetivo en una obsesión. Como diríamos, es un extra que nos da la bici.

Eso no significa que el gimnasio sea un enemigo del ciclismo. De hecho, en estos lugares están presentes las ciclas estáticas. Muchos entrenadores recomiendan combinar ambas actividades. El fortalecimiento muscular mejora la estabilidad, protege las articulaciones y ayuda a prevenir lesiones. El problema aparece cuando la estética desplaza a la salud y el ejercicio deja de ser una herramienta de bienestar para convertirse en una obligación dictada por la moda o por la necesidad de aprobación social. El ciclista urbano suele perseguir otra recompensa.

No necesita demostrar su condición física frente a un espejo. La confirma cada mañana cuando supera una subida sin bajarse de la bicicleta, cuando llega al trabajo sin agotarse, cuando recupera antes la respiración después de un esfuerzo o cuando descubre que ya no necesita el automóvil para recorrer la ciudad.Su cuerpo cambia, sí, pero cambia porque funciona mejor.

Quizá allí radique una de las mayores enseñanzas de la bicicleta: el verdadero estado físico no siempre se mide por el tamaño de los músculos, sino por la capacidad de vivir, desplazarse y disfrutar el movimiento durante muchos años. En tiempos donde la apariencia ocupa tantos titulares, la bicicleta sigue recordando una verdad sencilla: la mejor forma física no es la que impresiona en una fotografía, sino la que permite recorrer la vida con salud, energía y una sonrisa después de cada pedaleo.

Para tener en cuenta

Lo que dice la ciencia, pedalear es una de las mejores medicinas: las recomendaciones de médicos, nutricionistas y organismos internacionales coinciden en un mensaje sencillo: la salud depende mucho más del movimiento constante que de la apariencia física.

150 minutos semanales hacen la diferencia : la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia recomiendan que los adultos acumulen al menos 150 minutos de actividad física moderada por semana, o 75 minutos de actividad intensa. Montar bicicleta hace parte de las actividades recomendadas para alcanzar esa meta.

El corazón es el gran beneficiado: la práctica regular del ciclismo ayuda a disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial, diabetes tipo 2, obesidad y algunos tipos de cáncer. También mejora la capacidad pulmonar, la circulación sanguínea y la resistencia física.

✔ También fortalece la mente: diversas investigaciones muestran que la actividad física reduce los niveles de ansiedad y depresión, mejora el estado de ánimo, favorece el sueño y disminuye el estrés cotidiano. Para miles de personas, el recorrido diario en bicicleta termina siendo uno de los mejores momentos del día.

No hacen falta productos milagrosos: los especialistas en nutrición deportiva coinciden en que una persona que utiliza la bicicleta como medio de transporte, y no como deporte de alto rendimiento, normalmente obtiene todo lo que necesita mediante una alimentación equilibrada, una adecuada hidratación y un buen descanso. Los suplementos nutricionales solo son recomendables cuando existe una indicación profesional específica.

Colombia también invita a pedalear: en su «Decálogo de la Actividad Física», el Ministerio de Salud propone reducir el uso del transporte motorizado y optar por caminar o utilizar la bicicleta como medio habitual de desplazamiento, utilizando siempre casco y elementos reflectivos. Además, señala que la actividad física moderada presenta un alto grado de seguridad y disminuye la probabilidad de lesiones frente a ejercicios de mayor intensidad cuando estos no se realizan con una preparación adecuada.

Una cifra para reflexionar : según la Organización Mundial de la Salud, el 31 % de los adultos y cerca del 80 % de los adolescentes en el mundo no alcanzan los niveles mínimos recomendados de actividad física, una situación que incrementa el riesgo de enfermedades crónicas y representa una creciente carga para los sistemas de salud.

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