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Seguridad sobre dos ruedas: proteger la bicicleta sin poner en riesgo la vida

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La Secretaría Distrital de Seguridad, Convivencia y Justicia invita a los ciudadanos a utilizar la plataforma Registro Bici Bogotá, una herramienta que permite registrar bicicletas nuevas y verificar si una bicicleta usada tiene reporte por hurto.

La bicicleta tiene una virtud que también es una de sus mayores debilidades: es un vehículo ligero, fácil de mover y, lamentablemente, también fácil de robar cuando se deja sin protección. En las grandes ciudades donde cada vez más personas la utilizan para ir al trabajo, estudiar o hacer diligencias, el hurto de bicicletas se ha convertido en un problema cotidiano.

Sin embargo, el primer sistema de seguridad no es un candado ni un sofisticado dispositivo electrónico. Es el sentido común. Una cosa es gastar en, o invertir en, lo mismo pasa con la bicicleta de diario. Aquí se invierte en economía, tiempo, salud y bienestar, y no se gasta en lujos, equipos costosos, exhibición de marcas y vanidad, eso es literalmente un “gasto”. Y hay que recalcar, que por ninguna bicicleta, por costosa que sea, vale la vida de una persona. Si un delincuente amenaza con un arma para cometer un atraco, la recomendación de las autoridades es clara: no resistirse. La bicicleta puede reemplazarse; una vida no.

A partir de esa realidad conviene hablar de dos conceptos que cada vez cobran mayor importancia: la seguridad activa y la seguridad pasiva de las bicicletas. La primera consiste en prevenir, y son las medidas que disminuyen las posibilidades de convertirse en víctima de un robo. La primera de ellas comienza mucho antes de salir de casa: elegir adecuadamente la bicicleta. Una máquina excesivamente costosa, llena de componentes de alta gama y llamativos colores puede convertirse en un imán para los delincuentes. No significa renunciar a una buena bicicleta, sino entender que un vehículo urbano debe privilegiar la funcionalidad sobre la ostentación.

Es más, una bicicleta antigua en perfecto estado, también puede ser motivos de halagos y de robo, hasta para esos vehículos hay mercado y coleccionistas. Lo importante es privilegiar la sencillez: una bicicleta con una transmisión adecuada para el uso urbano, frenos eficientes y un buen estado mecánico general. No es un aparato de competencias, de viajes internacionales o de carreras a campo traviesa, lejos de eso.

Aquí cobra vigencia un viejo dicho popular colombiano: «no dar papaya». Una bicicleta limpia, bien mantenida y segura no necesita parecer una vitrina ambulante, además forman parte de esta seguridad activa algunos hábitos sencillos:
• Variar ocasionalmente las rutas y horarios.
• Evitar dejar la bicicleta durante muchas horas en el mismo lugar.
• Buscar cicloparqueaderos vigilados.
• No publicar constantemente en redes sociales la ubicación de bicicletas de alto valor.
• Conocer previamente los sectores con mayor incidencia de robos. Y recuerde que la prevención sigue siendo el sistema más barato y, muchas veces, el más efectivo.

Con respecto a la seguridad pasiva actúa cuando el ladrón ya encontró la bicicleta y esta listo a llevársela. Aquí funcionan los candados tradicionales dominado por las cadenas de acero y los cables recubiertos en plástico. Aunque siguen siendo populares por su bajo costo, muchos pueden ser cortados en pocos segundos con herramientas manuales o eléctricas. Por esa razón los especialistas recomiendan utilizarlos únicamente como complemento y no como protección principal.

El principio no es que no los puedan romper o retirar, el tema es dificultarles el hacerlo, de forma tal que se pueda avisar a la autoridad más cercana, no intente ser el héroe, a menos que sea cinturón negro efectivo y eficaz. Eso si, evite lesiones permanentes, puede ser demandado por lesiones personales.

Los candados tipo U, son considerados entre los sistemas más seguros ya que su estructura de acero endurecido resiste mejor las cizallas y obliga al delincuente a utilizar herramientas mucho más grandes y ruidosas. Como todo tiene limitaciones como es el tamaño, pues no siempre permiten asegurar fácilmente la bicicleta a ciertos postes o estructuras.

Lo candados plegables que han ganado popularidad, combinan placas de acero articuladas que ofrecen mayor flexibilidad para sujetar la bicicleta y un nivel de resistencia superior al de los cables tradicionales. Muchos usuarios urbanos los consideran un buen equilibrio entre seguridad y comodidad.

Ahora bien, se abre una gama de candados inteligentes porque la tecnología también llegó al mundo del ciclismo urbano. Candados que se abren mediante aplicaciones móviles, huella digital o conexión Bluetooth, algunos incluso emiten alarmas sonoras si detectan vibraciones o intentos de manipulación. Aunque representan una inversión mayor, añaden una capa adicional de protección.

Uno de los avances más interesantes consiste en los rastreadores GPS especialmente diseñados para bicicletas. Muchos permanecen ocultos dentro del tubo del sillín, el manubrio, incluso en luces traseras aparentemente normales. Si ocurre un robo, el propietario puede conocer en tiempo real la ubicación aproximada del vehículo mediante una aplicación móvil.

No garantizan la recuperación, pero aumentan considerablemente las posibilidades de localizar la bicicleta y aportar información útil a las autoridades cuando recuperar la bicicleta todavía es posible, algunos fabricantes combinan GPS con tecnología celular, mientras otros utilizan redes colaborativas similares a las empleadas para localizar teléfonos móviles.

Registrar la bicicleta en sistemas de la municipalidad es una buena costumbre, el no hacerlo es uno de los errores más frecuentes, que ocurre incluso antes del primer recorrido. Muchos ciclistas desconocen el número de serie de su bicicleta, dato que está grabado en la parte inferior del marco y constituye la identificación oficial del vehículo. Revise que en la factura de compra esté plenamente identificado. Fotografiarlo, conservar la factura de compra y registrar imágenes completas de la bicicleta facilita enormemente cualquier proceso de denuncia y posible recuperación.

En Bogotá existe un programa oficial para registrar bicicletas, lo que permite asociar el vehículo con su propietario y facilita la identificación cuando las autoridades recuperan bicicletas robadas. Es claro que el registro no impide el hurto, pero sí mejora las posibilidades de devolución y ayuda a combatir el comercio ilegal de bicicletas. Además, incentiva a los compradores de segunda mano a verificar la procedencia del vehículo antes de adquirirlo.

Hay otra práctica que da buenos resultados: dos candados son mejores que uno. Por ejemplo, un candado tipo U asegurando el cuadro y la rueda trasera a una estructura fija, acompañado por un cable o un candado plegable que inmovilice la rueda delantera. El objetivo no es hacer imposible el robo —ningún sistema lo logra— sino aumentar el tiempo, el esfuerzo y el riesgo que debe asumir el delincuente. Ellos siempre están buscando oportunidades rápidas, cuando encuentra una bicicleta bien asegurada suele preferir otra.

Disfrutar la bicicleta sin llamar innecesariamente la atención es la norma y ahí vuelve a aparecer esa frase tan colombiana que resume décadas de sabiduría popular: «no dar papaya». No significa vivir con miedo, sino entender que la prudencia también forma parte del equipamiento del ciclista. Un casco protege la cabeza; los guantes las manos, un buen candado la bicicleta; y el criterio protege algo mucho más valioso: la posibilidad de regresar diariamente sano y salvo a casa. La seguridad comienza mucho antes de comprar un candado.

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