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Nos dejó una gran herencia para seguir estudiando, recreando y haciendo la música del Caribe Colombiano

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Cuando era niña, Sonia Bazanta Vives despertaba con el canto de los pájaros y en la noche se dormía con las gaitas que los imitaban. (Secretos para contar)

Nos ha dejado una de las más reconocidas folcloristas del Caribe Colombiano, vio la luz de la vida en Talaigua el departamento de Bolivar, y fue bautizada como Sonia Bazanta Vides, en el mundo del arte global fue reconocida como Toto La Momposina.

Su niñez la vivió en la Depresión Momposina, bebiendo la herencia musical de cinco generaciones, rodeada de tambores, gaitas y cantos tradicionales. Al igual que muchísimos colombianos dejo el terruño por la violencia y la persecución política, su familia emigró a Bogotá. Su madre, Libia Vides, organizó un grupo de baile para mantener vivas las raíces caribeñas. Posteriormente, Totó estudió música en el conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia y se formó en historia de la danza en la Universidad de la Sorbona en París.

Con el tiempo llegó a grande escenarios dejando en alto el folclor caribe, esa mezcla maravillosa del indígena, el afro y el europeo peninsular y en esa carrera también realizaba estudios antropológicos de la música, los instrumentos y las formas en que las cantadoras y los tamborileros de los pueblos ribereños del Gran Magdalena construyen ese sello sonoro tan particular de la música tradicional.

Su inmenso archivo de investigación, que incluye grabaciones de campo, diarios e instrumentos tradicionales, reposa hoy en el Banco de Archivos Digitales de Artes en Colombia (BADAC) de la Universidad de los Andes para el estudio académico de las nuevas generaciones.

Durante su vida solo hizo lo que más le gustaba y lo que su gran talento recreaba en los escenarios. Al igual que muchos otros artistas, al llegar a la edad del adulto mayor, con los achaque propios de gastarse la vida se vio enfrentada a la pobreza y la desatención médica, y es por ello que su hijos la llevan a México.

Totó padecía de afasia y alzhéimer progresivo , condiciones neurocognitivas severas que le impedían comunicarse con normalidad y requerían de asistencia médica y paliativa constante las 24 horas del día. Su familia ante el abandono estatal y la falta de ingresos tras su retiro, decidieron trasladarla a Celaya, donde podía recibir cuidados paliativos óptimos costeados por su propio núcleo familiar. Fue precisamente en esa residencia familiar donde la reina del folclor pasó sus últimos meses alejada de los reflectores, hasta que sufrió el infarto agudo al miocardio que apagó su vida.

Hoy su trabajo será tema de estudio en las Universidades, escuelas de música y en general de aquellos que entienden que el folclor es la expresión más genuina de los pueblos del mundo y en el caso del Caribe Colombiano recuerdan la riqueza precolombina, la presencia de los esclavos africanos y la cultura española con raíces árabes que se entremezclaron para hacernos sentir las voces de ese pasado imborrable con proyección al futuro, el solo sentir el ritmo ya las caderas se mueven y nos sentimos vivos y alegres. Gracias maestra por tanto.

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