Cada mañana lo primero que hago al despertar es agradecer la existencia y disponerme a salir a caminar. Con el tiempo ya no salgo tan temprano, es alarmante, por lo menos en Bogotá donde vivo, observar el corre corre de las personas en la mañana. Salen muy temprano los niños y jovencitos en carreras frenéticas, con sus maletas y demás equipajes a un día escolar, que dura hasta el medio día o hasta las 16:00 horas, depende del tipo de colegio. Los hay también que salen cerca a sus casas, pero igual, en el corre…corre…
Por su parte los empleados, de todo tipo, se apresuran a subirse en los buses del sistema Transmilenio, que es una locura en las tempranas horas mañaneras y los que van en sus autos, tendrán que enfrentar un tránsito complejo, enredado y muy tensionante. Todo ese estrés contagioso, me obligó de cierta forma a salir más tarde, para caminar sin prisa, sin presión de nadie en la ruta que he trazado.
Busco recorridos que tengan cierta dificultad, pero no tanta que me agoten, la idea es mover el cuerpo, ejercitar las piernas, poner a trabajar un poco más el corazón y en general hacer que todos los sistemas se activen de forma tranquila, placentera a mi ritmo para conservar la salud física, mental y emocional. No se trata de caminar rápido ni de competir con nadie. Basta con mantener un ritmo cómodo que permita conversar y disfrutar del entorno.
Dicen los que saben de salud que una caminata de entre 30 y 60 minutos al día ayuda a fortalecer el corazón, mejorar la circulación sanguínea y controlar la presión arterial. También contribuye a disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos problemas respiratorios y digestivos. Desde lo emocional es muy interesante el sentir como tu cerebro funciona, la sociabilidad está presente, el estar alerta y disfrutar de pequeñas cosas que encuentras en la ruta y al volver a casa cumplida la ruta te hace sentir bien.
Ese estimular la actividad cerebral fortalece la memoria y contribuye a retrasar el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento, además que al lograr el trayecto baja ese sentimiento tan complejo como es la depresión, ansiedad y aislamiento social. Una caminata por parques, senderos peatonales o zonas residenciales permite mantener contacto con vecinos, observar la vida cotidiana y sentirse parte activa de la comunidad.
En esta ciudad situada a más de 2.600 metros sobre el nivel del mar, caminar de forma moderada ayuda además a mantener una mejor capacidad pulmonar y favorece la oxigenación del organismo. Pero hay que hacerlo en horas de baja intensidad vehícular, o buscar parques para caminar como El Mirador de los Nevados. La recomendación para los adultos mayores es hacerlo sin exigirse demasiado, respetando sus límites y realizando pausas cuando sea necesario.
El movimiento constante de piernas, caderas y espalda también ayuda a conservar el equilibrio y la coordinación, reduciendo el riesgo de caídas, una de las principales causas de lesiones graves en la población de edad avanzada. Además, fortalece músculos y articulaciones sin someterlas al impacto que generan otros deportes más exigentes. Caminar durante el día favorece la regulación de los ciclos naturales del organismo y ayuda a conseguir un descanso más profundo y reparador, así que si quiere dormir bien en la noche, camine durante el día.
Ahora bien, si hay algunas pautas que son recomendable a tener en cuenta. Lo primero utilizar calzado adecuado y cómodo, ropa deportiva abrigada aunque no tanto, mantenerse hidratado, protegerse del sol con una gorra, o sombrero además de usar cremas adecuadas en el rostro y las manos. En caso de padecer enfermedades cardiovasculares o problemas de movilidad importantes, seguir las indicaciones del médico y salir acompañado. A menos que su perro esté entrenado para ser compañía en la caminata, llévelo con usted, de lo contrario será un serio dolor de cabeza y un caudal de preocupaciones innecesarias. No se complique la vida, ya nos ganamos el derecho de estar tranquilos y sin preocupaciones extras.
En el recorrido hay que buscar espacios adecuados para esta práctica: parques vecinales, senderos arborizados, zonas verdes y recorridos peatonales que permiten disfrutar del aire libre sin necesidad de desplazamientos largos. Lo ideal es elegir rutas seguras, bien iluminadas y con superficies regulares para evitar tropiezos.
Caminar despacio puede parecer una actividad demasiado simple para generar grandes cambios. Sin embargo, para miles de personas mayores representa una auténtica inversión en salud. Cada paso fortalece el cuerpo, despeja la mente y ayuda a conservar la independencia, uno de los bienes más valiosos durante la vejez.
Al final, no siempre se necesitan tratamientos complejos para mejorar la calidad de vida. A veces basta con abrir la puerta de casa, recorrer unas cuantas cuadras y descubrir que el mejor gimnasio sigue siendo la propia ciudad. Eso si, después de la caminada, si no tiene restricciones médicas, disfrutar de un buen café, para nosotros tinto, para el lenguaje general de restaurantes un americano, yo diría un colombiano.






