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No es la máquina, es quien acelera…

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Las ciudades no tienen un problema de motocicletas, bicicletas eléctricas o patinetas. Tienen un problema de cultura ciudadana. La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente la solución. Porque un motor nunca toma decisiones; quien las toma es la persona que gira el acelerador.

Hay inventos que nacen tan bien concebidos que, con el paso del tiempo, terminan dando origen a toda una familia de vehículos. La bicicleta es uno de ellos. De su principio mecánico evolucionaron la motocicleta, las bicicletas eléctricas, las patinetas eléctricas y una larga lista de soluciones de movilidad que hoy ocupan calles y carreteras en todo el planeta.

Cada uno tiene virtudes indiscutibles. Unos ofrecen rapidez, otros reducen el esfuerzo físico, algunos consumen muy poca energía y casi todos permiten desplazarse con mayor facilidad que un automóvil en medio del tráfico urbano. Hasta ahí, todo parece una historia de éxito.

El problema comienza cuando la velocidad supera al sentido común. En las ciudades no son los vehículos los que generan el caos. Son las personas que los conducen convencidas de que la vía es una competencia permanente.

La motocicleta es quizá el ejemplo más evidente. Existe una enorme diferencia entre conducir una modesta 100 centímetros cúbicos y una máquina de más de 1.000 cc. No solo cambia la potencia; cambia también la sensación de dominio que experimenta quien la conduce. Lo que al principio inspira respeto termina, para algunos, convertido en una confianza excesiva.

Entonces aparecen los adelantamientos imposibles, los cambios de carril sin aviso, los zigzags entre automóviles, el acelerador abierto antes de que el semáforo cambie y esa curiosa necesidad de ser el primero en llegar… aunque el siguiente semáforo esté apenas cien metros más adelante. Cuando decenas de motociclistas coinciden en una intersección, la escena recuerda más la salida de un autódromo que un cruce urbano. Ya no importa si la partida sería detenida, lanzada o estilo Le Mans. Aquí la única regla parece ser acelerar más que el vecino.

Las calles dejan de ser espacios compartidos y se transforman en corredores donde un error de segundos puede costar una vida. Y las consecuencias no recaen únicamente sobre quien asume el riesgo. También las padecen conductores, ciclistas, peatones y pasajeros que simplemente tuvieron la mala fortuna de encontrarse en la trayectoria equivocada.

Algunos convierten la motocicleta en un enorme juguete para adultos. Invierten dinero en aumentar la potencia, modificar el escape para que ruja como un reactor y hacer que cada recorrido parezca una clasificación para un campeonato mundial.

Ya no van al trabajo…no transportan una encomienda…no realizan un domicilio… En su imaginación despegan desde un portaaviones rumbo a una misión de combate donde cualquier otro usuario de la vía es un rival al que hay que derrotar. No es la motocicleta la culpable. Es la conducta.

Algo similar ocurre con muchas patinetas eléctricas. Las hay modestas, pensadas para recorridos tranquilos, pero también existen modelos capaces de superar velocidades que hace pocos años parecían impensables para un vehículo de ese tamaño. Lo preocupante no es la tecnología.Es verlas circulando por andenes, parques, ciclorrutas, en contravía y, con demasiada frecuencia, sin casco ni la más mínima protección, existe una peligrosa sensación de invulnerabilidad, como si el conductor llevara una capa invisible, un traje de acero o superpoderes suficientes para desafiar la física. La realidad siempre termina imponiéndose.

Entre el cuerpo humano y el pavimento apenas existen unos pocos centímetros, as’las estadísticas de lesiones graves y muertes no distinguen entre valientes e imprudentes.

Con pinta de moto, potencia 500watts. E-bike

También han aparecido las bicicletas eléctricas de nueva generación. En esencia siguen siendo bicicletas, concebidas para complementar el pedaleo, especialmente en pendientes o recorridos largos. Sin embargo, el mercado ha comenzado a llenarse de modelos que poco tienen de bicicleta y mucho de motocicleta.

No siempre por culpa del fabricante. En muchos casos son distribuidores o importadores quienes modifican sus especificaciones, aumentan la potencia o comercializan vehículos claramente superiores a los límites establecidos para presentarlos como simples bicicletas eléctricas. El resultado es evidente en las calles. Vehículos que conservan pedales únicamente para aparentar una categoría que ya no corresponde con su verdadero desempeño.Son, en la práctica, motocicletas disfrazadas, una historia que recuerda aquellas bicicletas con motores de dos tiempos utilizadas hace años por muchos mensajeros urbanos.

Esto es un bici eléctrica. Potencia de motor adecuada y pinta inconfundible.

Pero el verdadero problema sigue siendo otro. No importa si hablamos de una motocicleta, una bicicleta, una bicicleta eléctrica, una patineta o incluso un automóvil. Todo comienza y termina en el comportamiento ciudadano. Cuando alguien se siente por encima de las normas, de los peatones, de los ciclistas, de los demás conductores o de cualquier principio básico de convivencia, el resultado siempre será el mismo: caos.

Bogotá lo demuestra todos los días. Los motociclistas realizan cursos, presentan exámenes y obtienen una licencia de conducción. Los conductores de otros vehículos también conocen las normas. Entonces la pregunta no es por qué existen las reglas. La verdadera pregunta es por qué tantos deciden ignorarlas apenas giran la llave de encendido.

La respuesta probablemente no está en los códigos de tránsito, está en la cultura ciudadana. En esa idea equivocada de creer que llegar treinta segundos antes vale más que regresar vivo a casa.

Los usuarios de patinetas tampoco deberían olvidar una verdad elemental: ellos mismos son el chasis y la carrocería de su vehículo. No existe una estructura deformable, airbags ni zonas de absorción de impactos. Entre el cuerpo y el asfalto solo hay ropa… cuando la hay. Por eso resulta tan desconcertante ver personas circulando sin casco mientras intentan ganar una carrera que nadie organizó.

Y en esta locura de llegar primero, el tiempo nunca pierde, nosotros sí. Las multas ayudan. Los controles policiales también, pero ninguna sanción reemplaza la responsabilidad individual.

Con frecuencia vemos manifestaciones reclamando más derechos para determinados actores de la movilidad. Mucho menos frecuente es encontrar movilizaciones reclamando más deberes, más respeto y más responsabilidad. Y ahí está el verdadero desafío de nuestras ciudades, el tema no es solo construir únicamente más vías, más ciclorrutas o más puentes, hay que construir mejores ciudadanos.

Cada mañana observo esta realidad desde el manubrio de mi bicicleta. Veo maniobras brillantes y gestos solidarios, pero también escenas que desafían toda lógica. Mientras unos convierten la ciudad en una peligrosa pista de carreras, otros seguimos pedaleando con calma, respetando los semáforos, usando el casco y entendiendo que el mayor triunfo no consiste en llegar primero, consiste, simplemente, en llegar. Ese debería ser el récord que todos intentáramos romper.

Para tener en cuenta…

IndicadorDato¿Qué significa?
Fallecidos en siniestros viales en Bogotá (2024)565 personasLa siniestralidad vial continúa siendo un problema de salud pública.
Participación de motociclistas entre las víctimas fatales47,3 %Casi uno de cada dos fallecidos era motociclista.
Grupo con mayor mortalidadMotociclistasSon el actor vial más vulnerable en términos de fallecimientos.
Segundo grupo más afectadoPeatonesMuchos de los peatones fallecidos fueron atropellados por motocicletas.
Localidades con mayor número de víctimasKennedy, Engativá y SubaCorredores urbanos donde se concentra buena parte del riesgo vial.
Participación de las motocicletas en el parque automotor colombianoMás del 60 %La motocicleta es hoy el vehículo más numeroso del país.
Fallecidos por siniestros viales en Colombia (2024)Más de 8.000 personasLa accidentalidad vial constituye una de las principales causas de muerte violenta.
Promedio diario de motociclistas fallecidos en Colombia14 por díaCada jornada mueren, en promedio, catorce motociclistas en el país.
Reducción de lesiones en corredores intervenidos por gestión de velocidadMás del 45 %Reducir la velocidad salva vidas y disminuye la gravedad de los siniestros.
Conductores que respetan el límite de velocidad en corredores intervenidosCerca del 90 %La infraestructura, el control y la pedagogía sí modifican el comportamiento.
Regulación de bicicletas y patinetas eléctricasLey 2486 y reglamentación en desarrolloColombia avanza hacia normas específicas para la micromovilidad.

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