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Las vías no son pistas de carreras ni tierra de nadie

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Todos los usuarios de la infraestructura vial deben cumplir con ls normas, y lograr una mejor convivencia

En Colombia, más de 8.000 personas mueren cada año en las vías. Una cifra que debería quitarnos el sueño, aunque parece que a algunos conductores les preocupa más llegar cinco minutos antes que conservar la vida propia y la de los demás.

Frente a esta realidad, el Ministerio de Transporte puso sobre la mesa una propuesta para modificar el régimen sancionatorio del Código Nacional de Tránsito: implementar una licencia de conducción por puntos. La iniciativa, todavía en construcción y que no es una ley vigente, busca que las infracciones no se resuelvan únicamente pagando una multa, sino que también tengan consecuencias sobre el derecho a conducir.

El sistema no es nuevo en el mundo. China, por ejemplo, aplica un modelo de 12 puntos por año para los conductores. Las infracciones descuentan puntos según su gravedad y, cuando se agota el saldo, el infractor debe someterse a procesos de formación y evaluación para recuperar su autorización. Es una experiencia que merece atención: conducir no puede convertirse en una actividad donde reincidir sale tan barato como pagar la siguiente multa.

La propuesta colombiana también contempla reconocer a quienes respetan las normas y mantienen un buen comportamiento al volante. Una idea razonable: sería conveniente que la prudencia tuviera tantos incentivos como hoy parecen tener las infracciones.

Pero la responsabilidad vial no termina en los automóviles y las motocicletas. Las bicicletas eléctricas y las patinetas también hacen parte de esta nueva movilidad urbana y sus usuarios deben conocer las reglas que ya están reglamentadas en Colombia.

La Ley 2486 de 2025 y la Resolución 20263040030675 del 4 de agosto de 2026 establecen condiciones de circulación, identificación y seguridad para los vehículos eléctricos livianos de movilidad personal urbana.

A partir del 1 de enero de 2027, los vehículos cobijados por la norma deberán contar con una lámina de identificación técnica que incluya número de serie, año de fabricación, marca, modelo, peso, potencia y velocidad máxima. Para los vehículos nuevos, la instalación corresponde a fabricantes, importadores o comercializadores; los propietarios de los comercializados antes de esa fecha deberán encargarse de adecuarlos.

La reglamentación también contempla elementos de seguridad como frenos, luz frontal blanca, luz de freno roja, avisador acústico, indicadores de batería y velocidad, direccionales y limitadores de velocidad, según la categoría y configuración del vehículo.

Hay además dos límites que conviene recordar: 25 kilómetros por hora en la cicloinfraestructura y 40 kilómetros por hora en las vías donde esté autorizada su circulación. Cuando existan restricciones particulares, prevalecerán los límites inferiores establecidos por las autoridades.

En otras palabras, tener un motor eléctrico no convierte una bicicleta en motocicleta, ni una patineta en vehículo de carreras. La tecnología facilita el desplazamiento, pero no reemplaza el sentido común.

Y para quienes conducen automóviles y motocicletas también hay que decirlo sin rodeos: las ciclorrutas no son carriles auxiliares para escapar de los trancones, los andenes no son estacionamientos y los ciclistas no son obstáculos que deban apartarse a punta de bocinazos.

Respetar los semáforos, los límites de velocidad, las distancias de adelantamiento y la prelación de los actores más vulnerables es una obligación.

Por su parte, los biciusuarios y usuarios de patinetas deben entender que circular por una infraestructura exclusiva no significa tener vía libre para hacer cualquier cosa. También deben respetar las señales, mantener sus vehículos en condiciones adecuadas, hacerse visibles y proteger al peatón. El andén es para caminar, no para demostrar habilidades de equilibrio.

La seguridad vial no se construye exclusivamente con multas, puntos, placas o dispositivos electrónicos. Se construye con educación, autocuidado y respeto. Las sanciones son necesarias, pero mucho mejor sería no tener que aplicarlas.

Ojalá la propuesta colombiana de licencia por puntos llegue a buen término, con reglas transparentes y garantías para todos. Y ojalá los usuarios de bicicletas eléctricas y patinetas asuman que las nuevas tecnologías también traen nuevas responsabilidades.

Al final, todos compartimos las mismas calles, aunque nos movamos a diferentes velocidades y con distintas cantidades de ruedas. No se trata de ganarles a los demás el espacio ni de llegar primero a cualquier precio.

Porque en las vías, como en la vida, el mejor conductor no es el que más rápido llega, sino el que llega bien y permite que los demás también lleguen. Y si el viaje es en bicicleta, mucho mejor: menos ruido, menos emisiones y más ciudadanos conscientes de que la ciudad también se construye con cada pedalazo.

En bici la vida es mejor, más económica, divertida y con sabor a urbanidad y buen vivir

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