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Si está en esta tentación, ponga atención a esta ruta

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Ser ciclista urbano es una realidad, ser viajero puede ser un sueño. que también se puede realizar, pero...

Hay bicicletas que parecen hechas para decir: “¡vamos, que hoy hacemos 150 kilómetros!”. Y hay otras que, cuando uno les pone dos alforjas, una carpa y tres botellas de agua, parecen preguntar con cierta indignación: “¿Y usted pretende que yo cargue todo eso?”.

Para viajar largas distancias la bicicleta debe ser, ante todo, confiable, estable y cómoda. No necesariamente liviana, sofisticada ni carísima. El objetivo no es llegar convertido en héroe de las redes sociales, sino regresar con las piernas funcionando y ganas de volver a pedalear.

Una bicicleta de cicloturismo necesita un cuadro resistente, con geometría estable y suficientes puntos de anclaje para portaequipajes, guardabarros, luces y bidones. El acero cromoly sigue siendo una opción muy apreciada para viajes largos porque es resistente y, ante una eventual avería seria, puede repararse con soldadura en muchos lugares. El aluminio también funciona y permite reducir peso, pero una bicicleta pensada para llevar carga importa más que el material por sí solo.

La geometría debe ser tranquila. Una distancia entre ejes algo mayor y vainas traseras suficientemente largas ayudan a mantener la estabilidad cuando la bicicleta lleva equipaje. En otras palabras: no conviene que una bicicleta cargada se comporte como una ardilla después de tomar café.

Manubrio: muchas posiciones, menos dolores

Para jornadas largas, el manubrio debe permitir cambiar frecuentemente la posición de las manos. Puede ser de ruta, mariposa, trekking o plano con diferentes apoyos. No existe uno universalmente perfecto: depende de la postura, las manos, la espalda y el tipo de camino. Los manubrios con varias posiciones tienen una ventaja evidente: permiten repartir la presión durante muchas horas.

Los frenos de disco son especialmente interesantes cuando la bicicleta va cargada y aparecen descensos largos o lluvia. Los hidráulicos ofrecen gran potencia y modulación; los mecánicos tienen la ventaja de una reparación más sencilla en lugares remotos. Aquí vuelve a aparecer una palabra poco glamorosa pero fundamental: mantenimiento.

Cambios: subir despacio también es llegar

El cicloturismo no necesita desarrollos para correr como una bicicleta de competencia. Necesita marchas suficientemente bajas para subir cargado sin destruir las rodillas.

Un sistema de amplio rango, 1x, 2x o triple, puede funcionar dependiendo del terreno. Lo importante es disponer de una relación muy corta para las pendientes. Adventure Cycling Association destaca precisamente el bajo desarrollo como una de las características esenciales de una bicicleta viajera.

Y aquí conviene recordar una regla de oro: si una cuesta obliga a pedalear parado, haciendo fuerza como si se quisiera arrancar un tractor, probablemente falta una marcha más suave.

Alforjas: la casa va sobre ruedas

Las alforjas impermeables y resistentes son prácticamente la segunda vivienda del cicloviajero. Dos atrás pueden ser suficientes para un viaje sencillo; para recorridos largos, las delanteras ayudan a repartir la carga. También son útiles el bolso de manubrio y el del cuadro para documentos, teléfono, herramientas y objetos que deben estar a mano.

Pero hay una regla todavía más importante: no llevar media casa. Carpa, saco de dormir, aislante, cocina pequeña, utensilios, ropa, impermeable, botiquín, herramientas, repuestos, comida, agua y dispositivos electrónicos pueden convertir una bicicleta en una mula con pedales. La carga debe distribuirse y probarse antes del viaje.

La tecnología también pedalea

Teléfono con mapas descargados, GPS si se dispone de él, batería externa, cargadores, cables, luces delanteras y traseras, reflectivos, espejo retrovisor y algún sistema para proteger el teléfono de agua y golpes forman parte de la seguridad.

También hay que llevar bomba, cámaras de repuesto, desmontables, multiherramienta, parches, tronchacadenas, eslabón rápido, algunas bridas, cinta resistente y repuestos adecuados para la bicicleta. No hace falta llevar un taller mecánico completo: hay que poder solucionar las averías razonablemente previsibles. Mucha atención con el agua. La ruta debe planificarse teniendo claro dónde se puede reponer. En zonas aisladas, un filtro o método de potabilización puede ser fundamental.

El ciclista también necesita equipamiento, ropa por capas, prendas que sequen rápido, impermeable, guantes, casco, gafas, protector solar y calzado cómodo. Para viajes largos, el zapato debe servir para pedalear, pero también para caminar por un pueblo, visitar un museo o buscar una panadería. Porque sí: la panadería también forma parte del equipamiento.

¿Y las desventajas? Existen. El clima puede cambiar en cuestión de horas. Hay carreteras peligrosas, viento, calor, frío, pinchazos, cansancio, soledad, problemas mecánicos y noches en las que uno descubre que la fotografía de la carpa junto al lago omitía convenientemente los mosquitos. También está el peso. Y el cuerpo pasa factura si se exageran las distancias, no se descansa o se pretende mantener velocidades propias de una bicicleta sin equipaje.

Pero quizá ahí está la gracia. Viajar en bicicleta obliga a reducir la velocidad y aumentar la atención. El paisaje deja de ser una mancha que aparece detrás de la ventana. Se escuchan los pájaros, se conversa con la gente, se conoce el pueblo, se siente el viento y se entiende mejor la distancia.

La bicicleta viajera no promete rapidez, promete otra manera de llegar. Para BiciUrba, quizá esa sea la mejor definición: preparar la bicicleta para que pueda llevarnos lejos, pero sin olvidar que el equipaje más importante sigue siendo el ciclista, porque una buena bicicleta puede cruzar una cordillera, pero, si uno se pasa de entusiasmo, también puede terminar cruzando la sala de urgencias.

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