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Qué debería ser vivir bien en las ciudades de hoy

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La ciudad un cúmulo de aspiraciones económicas impuestas por las leyes del mercado

Cada vez más extensas, con edificaciones más altas, con espacios «precisos», centros comerciales de todo tipo y diseño, vías para transitar en auto o transporte público, servicios de metro, tranvía, ciclorrutas, espacios verdes de diversidad de formas y tamaños, y todos los servicios posible como centros de educación medicina y salud y un presupuesto que soporte el costo desa manera de vivir.

La sociedad de consumo, en la que vivimos desde hace dos siglos, nos estimula a través de los anuncios, los medios y otras sugerencias activas a comprar, adquirir bienes y servicios por doquier. Eso implica que lo mucho o poco que se gane laboralmente hablando, termina hipotecado pagando a bancos, corporaciones y cuanto sistema de crédito se haya diseñado para facilitar que nos endeudamos de forma permanente.

Nadie niega que en las ciudades tener vivienda, auto, electrodomésticos y una gran gama de servicios son importantes, pero ¿son tan absolutamente necesarios? Con la llegada de los años nos damos cuenta que hicimos una carrera maratónica para comprar y gastar y que a la final la mayor parte de todos eso no sirve para nada y que termina, en el mejor de los casos, en ventas de garaje, en donaciones y en el peor en la basura.

Ya no se heredan las viviendas, los muebles y otros objetos durables que han sido reemplazados por descartables y de una corta duración. En muchos casos fueron el producto de la explotación de bosques naturales o industriales para generar muebles, que son desechados por viejos, fuera de moda o porque no se les ha hecho el mantenimiento adecuado. Se reemplazan por aglomerados costosos, de baja calidad y que definitivamente no van a ser heredados. No aguantan el paso del tiempo y no fueron hachos para tal fin.

No contemos con los problemas legales y de guerras familiares por las herencias, casi siempre terminan en pleitos costosos y con un poco de dinero para los demandantes, pero se pierde un patrimonio, especialmente cuando son casas, los apartamentos finalmente están en el aire, y de forma literal.

La sociedad de consumo nos ilusiona con el auto de moda, repletos de cuanto artilugio se pueda considerar en el momento de su compra, pero en nuestras ciudades realmente vale la pena embarcarse en un crédito y una gran cantidad de costos y gastos que con lleva tener una automóvil, o una SUV, en fin, un automotor? Quizás en el diseño urbanísticos norteamericano donde el vehículo personal es muy importante, más allá del nivel de vida, en la realidad es la posibilidad de mantener una gran industria que requiere un consumidor activo de forma permanente.

Así las cosas, más que una necesidad es una imposición comercial, industrial de mercado y que se mueve en la moda. Esto ha llevado a situaciones críticas como la realidad del cambio climático acelerado por los gases de efecto invernadero, pero va más allá. Guerras y despropiación de pueblos enteros en donde esta el petroleo para ser explotado. Confrontaciones infames patrocinadas en la sombra por los intereses de este sector de la economía y de los paises que ordenan la economía mundial.

Así las cosas, y este es un simple ejemplo, basta detenerse en el consumo de electrodomésticos, unos que pasan de moda por el cambio de tecnología (betamax, VHS – Video 8- CD-DVD- memorias SD) y otros por la obsolescencia programada que les da una vita realmente corta, sin que sea todo el artefacto que se ha malogrado, generalmente es una pieza electrónica que se puede recambiar…pero el negocio es que compre nuevo.

Y en eso nos pasamos media vida, lo que hace que vivamos en tensiones y angustias para cubrir los gastos que un sistema económico nos ha impuesto. No es vivir en las cavernas, es pensar sobre nuestras adquisiciones y forma de habitar la ciudad. ¿Vale la pena adquirir tanto para no tener el tiempo de disfrutar la vida habitando una ciudad? Las cosas no son soluciones, la compañía de la familia, los vecinos, grupos de amigos con los que se puedan disfrutar los espacios urbanos es mucho mejor que las cosas.

Sentir que se está vivo porque se puede caminar, montar en bicicleta, conversar en el transporte público, en un parque, disfrutar de un café con tiempo es mucho mejor que llenar nuestras viviendas con ropa que no usaremos, aparatos que no son indispensables, vehículos que nos atormentan y sume su esfuerzo personal para cuidar el planeta que es expoliado por las industrias y las economía mundiales que nos imponen formas de consumir y de vivir.

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