Hay modelos de modelos de existencia. Cada lugar del mundo y sus habitantes lo entienden diferente, algunos se manifiestan más desde lo espiritual enmarcado en una creencia religiosa o filosófica, otros por el contrario se entienden desde las manifestaciones de la naturaleza, de lo que ven a su alrededor, sea mucho o sea poco de tal manera que la razón de todo está en ese escenario. Otros hacen mezclas agregando un factor de uso y desperdicio enmarcado en cuantas cosas pueden tener.
¿Quienes pueden entender mejor la existencia bajo estos parámetros? Los materialistas solo ven su éxito a través de las cosas que le ofrece un mercado que nunca termina de invitar a la compra, medio uso o destrucción del producto y su descarte en montañas de lo que denominamos basura, que a la final es un un inmenso desperdicio de materiales que hemos extraído de la naturaleza, a costa del equilibrio de la misma y su deterioro progresivo y acelerado.
Algunos argumentaran que es el producto normal de las sociedades en la historia humana, resultado de la tecnología que hemos inventado para hacer la vida más cómoda, eficiente y así aprovechar los descubrimientos y desarrollos que se dan en cada época. Lo interesante aquí es el horizonte que le hemos puesto a la vida y lo que ella significa en los escasos ochenta o noventa años de existencia promedio que tienen los humanos en estos tiempos.
Tener, usar y botar es una constante que se representa en montañas de cosas que adquirimos con gran esfuerzo y que luego ya no sabemos que hacer con ellas, y en muchos casos con el tiempo nos preguntamos y cómo para qué adquirí esto o aquello que nunca use y estuvo guardado en un rincón ocupando espacio y haciendo mugre.
La sociedad de consumo nos propone todo el tiempo gastarnos la existencia dándole gusto a los reclamos publicitarios, forma de vida que le enseñamos a nuestros hijos llenándolos de cuenta cosa se nos pase por delante, tecnología digital, juguetería descartable, montones de fichas que van terminando en la caneca de basura y ni siquiera de forma organizada, en el fondo es el acondicionamiento a gastar, tener, botar con la gravedad que no les enseñanos el costo real de vivir y consumir de esa forma.
Hay grupos de personas que se han dado cuenta de esta manera absurda de vivir. Algunos se niegan a consumir, no más compras, se vive con lo indispensable. Otros promueven racionalizar los gastos y las adquisiciones, entre menos es más y menos tecnología para ser más humanos. Tener auto ya no es indispensable, aún en países como los USA donde todo esta diseñado para obligarte a tener por lo menos uno.
Esta generación de adultos jóvenes ya no quieren comprar vivienda, entienden que es una deuda interminable y que la casa o apartamento de sus padres está bien para ellos, aunque eso signifique acompañar a los viejos y no mandarlos a un geriátrico que se pagará con la venta de la propiedad.
Ya no consideran el auto como una inversión, es un gasto y no es tan deseable, finalmente puedo trabajar en casa estando contratado por una empresa real. Y la soltería es una decisión más frecuente, formar familia ya no es tan atractivo porque relacionarse sentimentalmente con otra persona dejó de ser amable, hoy el romanticismo y la coquetería se puede volver un tema legal por acoso, todo cambia.
Mientras sucede esto en todo el mundo, las potencias y sus gobiernos buscan desesperadamente volver a los tiempos del consumo, del desperdicio, de vivir de la apariencia, de la moda, de la marca, de mover la economía a través del gasto y del “trabajo duro” para pagar las deudas.
Todo cambia, y lo que hoy aspiran es a tener una vida más tranquila, a ser dueños de su tiempo y sus actividades, de tener lo indispensable y hacerlo durar lo que más se pueda y cuando se averiá se busca arreglarlo, aún la tecnología que de suyo es fabricada con el sello de la obsolescencia programada, pero siempre hay un camino posible para arreglarla. Confían en lo que saben hacer y lo que han estudiado y siguen estudiando, ya no en las facultades o famosos centros de estudio. Esta generación sabe aprender desde las plataformas.
Algunos ya están en caminos espirituales y filosóficos que los alejan del mundo del consumo, de la riqueza material que nos deja exhaustos cada día para pagarla. Prefieren la sencillez, el minimalismo, el deporte recreativo, la caminata diaria, el ciclismo y no la moda del gimnasio costosa y arrogante. Tener no es la meta, vivir, sentir la existencia y la libertad que conlleva esa manera de aprovechar el tiempo de la existencia conociendo personas, compartiendo tiempo, presencia y amistad.
Cuando se suba a su vieja bici, la de siempre y que usted se ha tomado la molestia de limpiar y lubricar, y ruede unas cuantas horas, ojalá por rutas tranquilas de buen paisaje, se dará cuenta que no se necesita mucho para ser feliz, y que entre menos lastre tenga en su vida y en su vivienda, la existencia será más amable, con significado y con apertura a los demás, en definitiva una existencia más humana y más libre.






