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Una carrera contra el tiempo para salvar el cerebro

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La rápida identificación de los síntomas y la activación de servicios de emergencia aumentan las probabilidades de recuperación sin secuelas de un accidente cerebro vascular.

En el Día Mundial del Ataque Cerebrovascular, organizaciones de salud, expertos médicos, y asociaciones nacionales unen fuerzas para crear conciencia sobre la importancia de reconocer, tratar y prevenir esta condición. En Colombia, se registran aproximadamente 43.000 casos al año, con un saldo estimado de 16.000 muertes, siendo la segunda causa de muerte en el país.

Por tanto, es importante recordar que cada minuto cuenta y actuar con velocidad salva vidas, así la población general, los profesionales de salud y las instituciones deben fortalecer la prevención y la atención de los ACV Ataque Cerebrovascular. Identificar rápidamente los síntomas de un ACV es crucial. Para ello, se recomienda recordar la escala CORRE: Cara Torcida, Ojo alteraciones visuales, Rápida debilidad de un brazo o pierna, Raro al hablar, Emergencias. Al identificar uno de estos síntomas se debe acudir inmediatamente al servicio de urgencias de un hospital que cuente con servicio de urgencias y tomografía cerebral.

¨El ACV es una enfermedad neurológica que habitualmente afecta a las personas mayores de 65 años, sin embargo, en las últimas dos décadas la incidencia aumento significativamente en los menores de 55 años. Además, en América Latina el 40% de las muertes por ACV ocurren en los años más productivos de la vida. Por lo anterior, es importante tener en cuenta que se puede presentar en cualquier momento de la vida, lo que nos obliga a sumar esfuerzos en la prevención y tratamiento de esta enfermedad¨, refirió el Dr. Andrés Mauricio Betancourt, Neurólogo, director del Centro de ACV del Hospital de Occidente de Kennedy de la Sub-Red Sur Occidente de Bogotá.

En Colombia, diversas instituciones están trabajando para desarrollar redes integradas que garanticen una atención eficaz y oportuna para el ACV en todas las regiones del país. Estas redes buscan optimizar el diagnóstico y tratamiento, desde el momento en que ocurre el ACV hasta el seguimiento en la fase post-aguda, mejorando así los resultados clínicos y la calidad de vida de los pacientes.

En este Día Mundial del ACV, invitamos a todos a conocer los signos de alerta y a ser proactivos en la prevención de esta condición. Al compartir esta información con familiares y amigos, podemos salvar vidas y reducir el impacto del ACV en nuestra comunidad. Reducir el impacto del ataque cerebrovascular es responsabilidad de todos.

PNUMA «Las emisiones anuales de gases de efecto invernadero están en su punto más alto»

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Las políticas actuales nos encaminan hacia un catastrófico aumento de la temperatura media del planetea de 3,1 grados centígrados a finales de siglo, muy por encima del calentamiento de 1,5 grados pactado en el Acuerdo de París.

Las emisiones anuales de gases de efecto invernadero están en su punto más alto, con un aumento del 1,3% el año pasado. Las emisiones deberían disminuir un 9% cada año hasta 2030 para limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados centígrados y evitar lo peor del cambio climático, pero las políticas actuales nos encaminan hacia un catastrófico aumento de la temperatura de 3,1 grados centígrados a finales de siglo. «Ha llegado la hora de la verdad», declaró Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

«Necesitamos una movilización mundial a una escala y a un ritmo nunca vistos, empezando ahora mismo, antes de la próxima ronda de compromisos climáticos», de lo contrario, advirtió, el objetivo de mantener la temperatura media de la tierra 1,5 grados centígrados por encima de la era preindustrial para frenar el aumento de las temperaturas fijado en el Acuerdo de París sobre el cambio climático «pronto estará muerto, y muy el aumento de 2 grados centígrados ocupará su lugar en la unidad de cuidados intensivos».

Presentado en la conferencia mundial sobre biodiversidad COP16 en Cali , el informe rastrea la brecha entre las emisiones globales que se proyectan y las que deberían producirse para limitar el calentamiento a los 1,5 grados, ese objetivo desaparecerá en pocos años a menos que las naciones se comprometen colectivamente a reducir el 42% de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero para 2030 y el 57% para 2035 en sus planes nacionales.

Esos planes esbozan medidas para reducir las emisiones y adaptarse a los impactos climáticos, desde sequías, inundaciones y fenómenos meteorológicos extremos, asegurando los fondos necesarios y actualizando los objetivos cada cinco años. La próxima ronda para adquirir nuevos compromisos nacionales será a principios de 2025, antes de las conversaciones sobre el clima de la COP30 en Brasil.

Si no se reducen drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, el mundo podría enfrentarse a un inevitable y catastrófico aumento de la temperatura de 3,1 grados, según el informe, que llega en un momento en que los gobiernos no están cumpliendo plenamente sus promesas.

El Secretario General de la ONU, António Guterres, afirmó que existe una relación directa entre el aumento de las emisiones y los desastres climáticos cada vez más frecuentes e intensos. «Nos estamos tambaleando sobre una cuerda floja planetaria», advirtió en un mensaje de vídeo, dado a conocer tras el informe anual. «O los líderes colman la brecha de emisiones o nos lanzamos de cabeza a un desastre climático, en el que los más pobres y vulnerables serán los que más sufran».

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP29), que comenzará en noviembre en Bakú (Azerbaiyán), debería servir de plataforma de lanzamiento para un debate detallado de estos nuevos y ambiciosos planes nacionales, afirmó, señalando que el evento «pone en marcha el reloj para que los países presenten nuevos planes nacionales de acción climática antes del año que viene». Esto significa que deben reducir todas las emisiones de gases de efecto invernadero abarcando toda la economía, impulsando el progreso en todos los sectores, dijo, instando a las economías más grandes, los miembros del G20 responsables de alrededor del 80% de todas las emisiones, a liderar este proceso.

El informe muestra un potencial significativo para reducir las emisiones en hasta 31 gigatoneladas de CO₂ para 2030, lo que se traduce en alrededor del 52% de las emisiones registradas en 2023, y en 41 gigatoneladas para 2035, ayudando a cumplir el objetivo de 1,5 para ambos años. Impulsar el uso de la energía solar fotovoltaica y eólica podría contribuir al 27% de la reducción total en 2030 y al 38% en 2035. Además, la conservación de los bosques podría aportar alrededor del 20% de las reducciones necesarias en ambos años. Otras estrategias eficaces son la mejora de la eficiencia energética, la electrificación de diversos sectores y la transición desde los combustibles fósiles en los edificios, el transporte y la industria.

Sin embargo, el informe afirma que para hacer realidad incluso una fracción de este potencial será necesaria una cooperación internacional sin precedentes y un planteamiento global por parte de los gobiernos, centrado en maximizar los beneficios socioeconómicos y medioambientales minimizando las compensaciones.

Fuente: PNUMA – ONU . COP16

Una acción que afecta a la sociedad entera.

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La violencia sexual contra los menores de edad es una tragedia mundial, que afecta de forma determinante a las víctimas, la sociedad y cuestiona el cómo llegan a esa situación los perpetradores. Conversamos con la investigadora Ana María Venegas, Máster en Psicología Jurídica y peritaje psicológico forense, quien con la abogada María Victoria Zambrano, se han dedicado al estudio de esta tragedia humana.

COP, enfrentado el mundo ante su propia realidad económica y ambiental

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La COP16 aprobó por consenso el reconocimiento de la contribución de las comunidades indígenas, afrodescendientes y comunidades locales al cuidado y la preservación de la biodiversidad e implica "la creación de un nuevo órgano subsidiario del Artículo 8J" del Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal.

Colombia está de plácemes al ser sede de la COP 16, lo cual abre una gran cantidad de opciones e interrogantes de cómo, a nivel mundial, podemos rehabilitar la vida en el planeta. Esta realidad inobjetable nos hace dialogar entre pares, es decir los países del mundo, porque cada uno y en su totalidad tienen el mismo problema: agotamiento de la vida en sus territorios.

Los acuerdos que se han establecido en las cumbres de la ONU, se siente, para el común de las personas, como una pérdida de tiempo, porque la realidad es que el sistema económico imperante, aún en crisis inflacionaria, no da su brazo a torcer, y se ha aumentado los niveles de contaminación sumado a desastres ambientales producidos por los incendios de bosques, fundamentales para corregir el desastre. Nuestra América lo ha estado viendo, desde la costa pacífica de Canadá, Estados Unidos, bajando hasta Chile. Esa pérdida de árboles es dramática, porque los bosques no solo son los pulmones del planeta, también lo es el agua que allí se produce, y lo que permite la estabilidad climática general.

Una de las acciones que hace la floresta es lo que se ha denominado como la bomba biótica, una teoría desarrollada a miles de kilómetros de la amazonia, en los bosques de Rusia, que también tienen su labor reguladora del clima y del agua en la zona euroasiática del planeta. Los científicos Anastassia Makarieva y Víctor Gorshkov en 2006 plantearon la teoría, según la cual, los bosques no solo influyen en el clima mediante la absorción de gases de efecto invernadero, sino también a través de la regulación activa del ciclo del agua. En esencia, la vegetación densa, como la de la Amazonía, actúa como una bomba gigantesca que succiona humedad desde las regiones oceánicas y la distribuye hacia el interior del continente, creando un ciclo autosostenible.

El proceso comienza cuando los árboles emiten vapor de agua a la atmósfera mediante la transpiración. Este vapor asciende, formando nubes que eventualmente se condensan y precipitan en forma de lluvia. Sin embargo, no se trata simplemente de un proceso de evaporación-condensación; la clave de la bomba biótica radica en que la vegetación no solo libera vapor de agua, sino que también influye en la presión atmosférica local. Las grandes cantidades de humedad evaporada disminuyen la presión atmosférica en la zona, lo que genera corrientes de aire que succionan aire húmedo desde áreas más secas o desde el océano hacia la selva. Esta dinámica genera un ciclo perpetuo de humedad que alimenta a la Amazonía y las regiones circundantes.

Y entre esta zonas está la Cordillera de los Andes, una de las formaciones montañosas más largas del mundo, que forma una barrera natural al oeste de la selva amazónica. A pesar de estar separadas por diferencias geográficas y altitudinales significativas, la Amazonía y los Andes están profundamente interconectados a través de este ciclo hídrico impulsado por la bomba biótica.

La lluvia que cae en el vertiente oriental de los Andes proviene, en gran medida, de la humedad generada en la Amazonía. Este proceso es esencial para los ecosistemas de alta montaña que dependen de las precipitaciones regulares. Sin las corrientes de aire húmedo que ascienden desde la cuenca amazónica, las áreas montañosas experimentaron una drástica disminución en la cantidad de lluvias, afectando tanto a la biodiversidad como a los suministros de agua dulce que son cruciales para la región.

La relación entre la Amazonía y los Andes es un ejemplo claro de interdependencia climática. La pérdida de bosques en la Amazonía, ya sea por la deforestación o los incendios, tiene el potencial de alterar radicalmente este delicado equilibrio. Menos árboles significa menos transpiración, lo que resulta en menos humedad en el aire y, por ende, menos lluvias en los Andes. Esto puede provocar sequías, reduciendo la disponibilidad de agua para los ecosistemas, la agricultura y los millones de personas que dependen de los glaciares andinos y los ríos alimentados por las lluvias.

En vista de las recientes crisis incendiarias y la constante deforestación, que además destruye una inmensidad de formas de vida que hacen posible que el bosque exista, la bomba biótica pierde eficiencia, disminuyendo la capacidad de la selva para generar humedad. Esto, a su vez, afecta el régimen de lluvias en la cordillera y en general en el continente.

En los últimos tres años el aumento en las temperaturas globales, está llevando a un mayor estrés hídrico en la región, afectando a los patrones de precipitación, porque ese delicado y magnífico equilibrio de humedad y temperatura, está generando que el ciclo natural del agua se rompa, con las consecuentes sequías, que en el caso de Bogotá, ya está viviendo la regulación del agua potable, al ver los embalses del sistema de reservorios y distribución del líquido enfrentar períodos más largos de sequía. Estas alteraciones climáticas derivadas de la pérdida de los ríos voladores, impactan a la Amazonía, a las comunidades y ecosistemas en los Andes, que experimentan cambios en la disponibilidad de agua, lo que puede generar inseguridad alimentaria y conflictos por los recursos hídricos. Hay que considerar que las ciudades capitales andinas están precisamente, sobre la cordillera.

Es esencial implementar políticas nacionales y continentales robustas que combatan la deforestación, promuevan la reforestación y protejan los derechos de las comunidades indígenas que han sido históricamente guardianes de estos ecosistemas y que los conocen muy bien. Las iniciativas de conservación, como los proyectos de REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los Bosques), pueden desempeñar un papel vital en la financiación de proyectos para mantener la integridad de la selva. Además, es fundamental fomentar la cooperación regional entre los países amazónicos y andinos para garantizar que se proteja el ciclo hídrico que uno de estos dos ecosistemas clave.

Hoy en Cali se busca revitalizar acuerdos, mediar el financiamiento de los mismos y dar viabilidad a las propuestas, que se basan fundamentalmente en el fortalecimiento de los mecanismos REDD+ y así reducir la deforestación y degradación de bosques en general y especialmente en países tropicales. Parte de ello está en la creación del Fondo Verde para el Clima destinado a movilizar financiamiento para apoyar proyectos de mitigación y adaptación en países en desarrollo y el reconocimiento del límite de 2°C por encima de los niveles preindustriales para evitar los impactos más graves del cambio climático.

En el fondo será protagonista el sistema económico global, la forma de expoliar la naturaleza para satisfacer las inversiones de capitales, los mercados de dinero, de productos y una forma de consumo despiadado que solo busca satisfacer los requerimientos económicos de quienes manejan el planeta.

Bien lo escribió el papa Francisco en la encíclica Laudato ‘Si : “Un cambio en los estilos de vida podría llegar a ejercer una sana presión sobre los que tienen poder político, económico y social. Es lo que ocurre cuando los movimientos de consumidores logran que dejen de adquirir ciertos productos y así se vuelven efectivos para modificar el comportamiento de las empresas”. Y “Los países pobres necesitan tener como prioridad la erradicación de la miseria y el desarrollo social de sus habitantes, pero también deben analizar el nivel escandaloso de consumo de algunos sectores privilegiados de su población y controlar mejor la corrupción”.

Adicional a las decisiones de esta COP16, es necesario que cada uno de nosotros modifique sus costumbres de consumo, transporte, uso de la energía, el agua y en general entender que no solo es nuestro presente, también el futuro próximo el que se está afectando por la crisis planetaria, la pérdida de la biodiversidad y la posibilidad de pasarla bastante mal en un planeta que pasa de la abundancia a la escasez e inmensas dificultades para llevar el día a día.

COP 16: niños, niñas y adolescentes de Colombia tienen su espacio

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A través de actividades interactivas, mesas de diálogo, talleres, mensajes audiovisuales y participación en las negociaciones de la Zona Azul, Save the Children elevará la voz de la niñez colombiana y latinoamericana en el marco de la COP 16 que se llevará a cabo en Cali.

Los efectos del cambio climático han acentuado los riesgos de desnutrición infantil, salud y protección que afectan a miles de niños, niñas y adolescentes, limitando sus oportunidades para alcanzar su máximo potencial. Según una consulta global que realizamos en el 2022 a 2.400.000 niños y niñas, identificamos que el 83% consideran que los cambios climáticos y la desigualdad los están afectando y el 73% considera que las personas adultas no están haciendo lo suficiente para cuidar el medio ambiente. No obstante, el 70% de los niños y niñas en Colombia se encuentran interesados y/o hacen parte de iniciativas para hacer frente a este fenómeno.

Save the Children participará en la COP 16 que se llevará a cabo entre el 21 de octubre y el 1 de noviembre en la ciudad de Cali, en la que reafirma su compromiso con la protección de la niñez, la lucha contra el cambio climático y la protección de la biodiversidad, bajo el principio de que la crisis climática es también una crisis de derechos de los niños y niñas.

Con el objetivo de asegurar la inclusión de la voz de la niñez en las negociaciones, en este espacio se hará énfasis en que las políticas y decisiones sobre biodiversidad y cambio climático tengan un enfoque diferencial de niñez, que se fortalezca su participación activa, que se promueva una educación ambiental de calidad y que aumente la financiación para su participación y protección frente a los impactos del cambio climático.

María Mercedes Liévano, directora de la organización, destaca que los niños, niñas y adolescentes no solo sufren los efectos más severos de esta crisis, sino que también deben ser reconocidos como agentes clave en la búsqueda de soluciones.

“Debemos poner a la niñez en el centro de la agenda climática. La justicia climática es, en esencia, una forma de justicia para las generaciones más jóvenes. Necesitamos que las políticas ambientales respeten y promuevan sus derechos fundamentales, y garantizar que las voces de los niños y niñas sean escuchadas en los escenarios donde se toman decisiones.”.

Save the Children es una organización sin ánimo de lucro con más de 100 años de trayectoria y presencia en más de 110 países que trabaja por el desarrollo y protección integral de los derechos de la niñez más vulnerable .

En Colombia la Red Nacional de Participación: Lideramos el Cambio, apoyada por Save the Children, es la protagonista de esta estrategia. Los niños y niñas de diferentes regiones del país participarán tanto en la Cumbre Nacional como en la Cumbre Global de Niñez, Adolescencia y Juventud por la Biodiversidad. Además, dos niñas representantes harán la entrega de la Declaratoria de los resultados de las cumbres con un enfoque de género en la Zona Azul de las Naciones Unidas. En estos eventos abogarán ante los y las líderes globales por el derecho de las niñas, niños y adolescentes a ser escuchados y tenidos en cuenta en la construcción de las agendas climáticas.

Finalmente, Save the Children hará presencia en la Zona Verde de la COP16 con un stand que tendrá un espacio abierto al público, cuyo objetivo principal será facilitar el intercambio de conocimientos y experiencias, inspirar acciones para enfrentar el cambio climático, promover la conservación de la biodiversidad y fortalecer la participación ciudadana en la toma de decisiones ambientales por y para la niñez.

La Amazonía en estos tiempos

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De la magia de la manigua, a las sabanas dedicadas a la producción agroindustrial, la amazonia deforestada se convierte en un riesgo muy alto en temas ambientales para el continente y el mundo. Este pulmón del mundo, fuente de agua y vida comienza a verse en un preocupante declive. Conversamos con una especialista, la licenciada en Biología y Química, y máster en Educación Ambiental, Jeannette Pita, en BiciUrba sobre éste tema de actualidad.

¿De ricos a pobres? La zona ecuatorial del planeta y sus cambios climáticos

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Entre lluvias y sequías, más malas prácticas agrícolas, el daño ambiental en la zona ecuatorial del planeta empobrece todos los factores de vida.

La crisis climática tiene efectos devastadores en la zona ecuatorial del planeta, una de las regiones más ricas en biodiversidad. En esta franja del mundo, que incluye a países de América del Sur, África y Asia, las consecuencias del cambio climático son particularmente alarmantes debido a su impacto en ecosistemas frágiles, como la selva amazónica, y en las poblaciones humanas que viven allí.

El Amazonas, considerada el «pulmón del planeta», juega un papel fundamental en la regulación del clima global y en la absorción de carbono. Sin embargo, el aumento de las temperaturas y las prácticas de deforestación intensiva, impulsadas por la agroindustria y la explotación forestal, están acelerando su destrucción.

La pérdida de esta vasta área de biodiversidad no solo amenaza a innumerables especies animales y vegetales, sino que también libera enormes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera, exacerbando aún más el calentamiento global. Los países suramericanos que comparten la cuenca amazónica, como Brasil, Perú, Colombia, Bolivia y Venezuela, enfrentan el desafío de encontrar un equilibrio entre el desarrollo económico y la protección de estos ecosistemas vitales.

En lineas generales esta zona ecuatorial es muy estable, su clima se establece por la altura sobre el nivel del mar y el ciclo de mayores o menores lluvias, en líneas generales su estabilidad térmica es permanente durante el año. Ahora se ve afectada por los cambios bruscos de temperatura, lo que atenta contra la inmensidad de vida establecida en estos territorios. Mamíferos, aves, reptiles, peces y una infinita variedad de flora quedan desprotegidas por la destrucción constante del bosque, los ríos, lagunas y demás lugares que hacen posible la vida en tanta abundancia.

Hoy esta zona ecuatorial está experimentando un aumento en la frecuencia y la duración de las sequías, un fenómeno agravado por el cambio climático. En América del Sur, las sequías recurrentes afectan no solo a la Amazonía, sino también a las zonas agrícolas y las cuencas fluviales que están a su alrededor y que hacen frontera natural con otros accidentes geográficos como la cordillera de Los Andes.

En África, países como Nigeria, Camerún y el Congo se enfrentan a una creciente desertificación y pérdida de recursos hídricos, lo que pone en riesgo la seguridad alimentaria y el acceso al agua potable para millones de personas.

En Asia, regiones como Indonesia y Malasia, con ecosistemas tropicales vitales, también enfrentan sequías más frecuentes que afectan la producción agrícola y la vida en general. Toda esta banda verde planetaria, durante siglos ha sido explotada a través de la agricultura, ganadería, minería y la aplicación de técnicas industriales del manejo de la tierra. Para ello la deforestación es una constante, lo que destruye el ciclo natural del agua y la recuperación del suelo, empobreciendo finalmente a los habitantes de estas regiones.

Los fenómenos climáticos de El Niño y La Niña afectan gravemente la estabilidad climática de la zona ecuatorial, son eventos climáticos que se genera cada cierto número de años por el calentamiento del océano Pacífico, más o menos entre 5 y 7 años. Los vientos alisios empujan las masas de aire caliente del océano Pacífico para un extremo o se relajan. Cuando esas aguas calientes se devuelven, a pesar de que es un fenómeno específicamente marino, ocurren implicaciones en el clima y la hidrología de la zona ecuatorial, preferentemente.

En la medida en que hay más calor acumulado en los océanos, eso intensifica la oscilación o los extremos hidroclimatológicos del Fenómeno del Niño. De manera que pareciera que el cambio climático, aunque es distinto del Fenómeno del Niño, podría llegar a intensificarlo. La fase fría corresponde a La Niña y pueden durar, con más o menos intensidad, la mayor parte del año, o incluso más. Si bien son cíclicos, la destrucción de la capa vegetal ayuda a que sean más impredecibles en sus efectos, que en todo caso serán más complicados de enfrentar por su intensidad, bien mayor o menor.

Colombia, país situado en la región ecuatorial y que alberga una de las mayores porciones de la cuenca amazónica, se enfrenta a desafíos significativos debido a la crisis climática. Su ubicación geográfica, su rica biodiversidad y su dependencia de los recursos naturales lo convierten en un país especialmente vulnerable a los efectos del cambio climático. Las consecuencias afectan no solo al medio ambiente, sino también a las comunidades locales, la economía y la estabilidad de la vida en las ciudades y campos.

La deforestación ha aumentado en las últimas décadas debido a la expansión agrícola, la ganadería, la minería ilegal, el narcotráfico y la construcción de infraestructuras ilegales sin ninguna consideración ambiental. Hoy está perdiendo inmensas hectáreas, lo que no solo acelera el cambio climático al liberar grandes cantidades de carbono almacenadas, sino que también pone en peligro la biodiversidad, especialmente en especies clave como jaguares, delfines rosados, una amplia variedad de aves y anfibios que dependen de la salud de la floresta.

Además, los ecosistemas de los Andes establecidos en las tres cordilleras que atraviesan el país de sur a norte, están en riesgo. El aumento de las temperaturas y los cambios en los patrones de precipitación afectan directamente a las montañas y páramos, zonas clave para el suministro de agua. Los páramos, como el de Sumapaz, que abastecen de agua a gran parte de la población colombiana, están amenazados por la agricultura no planificada y el cambio climático, lo que podría llevar a una reducción significativa de las fuentes. Hoy lo vive Bogotá, la capital del país, con la posibilidad que sea aún más fuerte si no llueve en los próximos meses.

El alterarse los ciclos de lluvia en Colombia, genera fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes, que van de verdaderos diluvios a sequías interminables. En la zona Caribe y los Llanos Orientales, las sequías prolongadas se han intensificado, afectando gravemente la agricultura, la ganadería y la seguridad alimentaria de las comunidades locales. Las temperaturas más elevadas y la falta de lluvias también agravan el problema de los incendios forestales, que destruyen vastas áreas de vegetación y ponen en riesgo tanto a la fauna como a los asentamientos.

Las regiones costeras y fluviales de Colombia, como el Valle del Cauca y el Chocó, se experimentan frecuentes inundaciones debido a lluvias torrenciales. Estas inundaciones, exacerbadas por el fenómeno de La Niña, afectan a cientos de personas al provocar deslizamientos de tierra, destrucción de cultivos y viviendas, y la perdida de vías de comunicación. Se espera que este año La Niña llegue al final del mismo de forma más leve y breve, lo que afecta en general el suministro de agua a nivel nacional.

En América del Sur, países como Perú y Ecuador son particularmente vulnerables a las inundaciones y daños de las tierras urbanas y rurales causados por El Niño. En contraste, La Niña, que enfría las aguas del Pacífico, provoca intensas sequías en regiones del sur de África, como en Zambia y Mozambique, y en zonas del sudeste asiático, aumentando la presión sobre los recursos ya escasos.

La biodiversidad en la zona ecuatorial se encuentra bajo una presión sin precedentes. El aumento de las temperaturas, los cambios en los patrones de precipitación y la destrucción del hábitat están empujando a muchas especies al borde de la extinción. Esto es particularmente alarmante en los países con las mayores concentraciones de fauna y flora, como Colombia, Ecuador, Brasil, la República Democrática del Congo e Indonesia. La desaparición de especies y la degradación de los ecosistemas afecta directamente a las comunidades locales, muchas de las cuales dependen de la biodiversidad para su sustento, a través de la pesca, la agricultura y el turismo ambiental.

Junto a los fenómenos de El Niña y La Niña, el aumento de los huracanes, tormentas tropicales e incendios forestales, ponen en riesgo la infraestructura y la seguridad de millones de personas. El desplazamiento forzado debido a la pérdida de tierras agrícolas, la escasez de agua y los desastres naturales se convierte en una crisis humanitaria de grandes dimensiones, con migraciones masivas tanto dentro de los países afectados como hacia regiones más seguras.

Los países ecuatoriales en América del Sur, África y Asia necesitan adoptar medidas urgentes para mitigar los efectos del cambio climático, preservar sus ecosistemas y proteger a sus poblaciones más vulnerables. Sin una acción decisiva, las consecuencias serán devastadoras y perdurarán por mucho tiempo.

Del otrora paraíso de vida estable y predecible, se va convirtiendo en una región inestable, con tendencia a empobrecerse y ser con el tiempo zonas más desérticas e inhabitables. El sello característico de su destrucción es la avaricia tanto de propios como extraños que la saquean indiscriminadamente, como si no tuviera final, la verdad es que si lo tiene.

A estas del Doce de Octubre, un proceso de dominación, inculturación y devastación

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Esta denominación es dada al continente americano por el pueblo Kuna, desde antes de la llegada de los europeos. Este pueblo es originario de la serranía del Darién, al norte de Colombia.

Hoy conmemoramos, en el mundo hispanoamericano, la llegada del italiano Cristóbal Colón a tierras de Abya Yala, lo que marcó el inicio de la transformación radical de la vida de los pueblos originarios en lo que hoy conocemos como Latinoamérica.

Como en todas las historias narradas por los vencedores, este «encuentro» entre dos civilizaciones ha sido interpretado desde una perspectiva eurocéntrica como un descubrimiento, cuando en realidad fue un proceso de conquista violento y devastador para las culturas que habitaban Abya Yala, el nombre dado por los pueblos originarios al continente, especialmente por los Kuna de la región panameña y colombiana, que significa «tierra en plena madurez». Este nombre, alude a la riqueza cultural, ecológica y espiritual de un territorio que, con la llegada de los europeos, enfrentó el saqueo, la muerte y la imposición de una nueva cosmovisión.

La conquista española en Latinoamérica no solo implicó la dominación militar, sino también la subyugación política, económica, social y cultural de las civilizaciones que habitaban este continente. A lo largo de varios siglos, la imposición de la cultura europea, la explotación de los recursos naturales y humanos, y el establecimiento de estructuras sociales racializadas dejaron secuelas que continúan marcando la realidad de los habitantes de estas tierras de selvas, valles, montañas y una inmensa biodiversidad, que ha marcado el desastre, el saqueo y la muerte durante algo más de seis siglos.

La dominación española en América Latina se expandió durante más de tres siglos, comenzando con las expediciones de exploración y conquista a fines del siglo XV y consolidándose con la caída de los grandes imperios indígenas. En 1521, Hernán Cortés conquistó el Imperio Azteca tras la caída de Tenochtitlan, mientras que en 1533, Francisco Pizarro logró la rendición del Imperio Inca en Perú. A partir de entonces, España impuso su dominio sobre vastos territorios que abarcaron desde México hasta el Cono Sur, con la excepción de Brasil, que fue colonizado por Portugal.

Este período de dominación culminó con las guerras de independencia en el siglo XIX, impulsado tanto por factores externos, con guerras europeas protagonizadas por una Francia napoleónica, además de el creciente descontento en las colonias debido a la explotación y las desigualdades impuestas por el sistema colonial español.

Tras la colonización quedó una marca imborrable en las estructuras económicas y sociales de América Latina, que aún perduran con variables que marcan desigualdades que ha generado revoluciones, dictaduras y explotaciones de los recursos naturales a costa del bienestar de los habitantes y como ejemplo de hoy, la destrucción masiva de la Selva Amazónica y con la consiguiente pérdida del recurso hídrico en todo el continente al romperse el ciclo del agua.

Uno de los aspectos más significativos de la conquista fue la imposición del cristianismo, específicamente el catolicismo, a través de la evangelización forzada de los pueblos indígenas. Los misioneros llegaron a las tierras americanas con el objetivo de «civilizar» a los habitantes originarios, quienes eran percibidos por los europeos como seres inferiores, necesitados de ser salvados. Para la Corona española, la cristianización de los indígenas fue tanto una justificación moral para la conquista como una herramienta para consolidar su poder y hegemonia.

Las religiones y cosmovisiones de los pueblos originarios fueron demonizadas y prohibidas, y los indígenas fueron obligados a adoptar el cristianismo como parte de la cultura dominante. Iglesias y catedrales se construyeron sobre los templos indígenas, en un esfuerzo simbólico por borrar las creencias preexistentes. Sin embargo, a pesar de estos intentos de homogeneización cultural, muchos pueblos indígenas lograron mantener elementos de sus creencias ancestrales, dando lugar a una forma de sincretismo religioso que fusionaba el catolicismo con sus prácticas espirituales tradicionales, que se pueden observar en México, Perú o en las tierras del Chocó en Colombia.

La llegada de los europeos trajo consigo una devastación sin precedentes en la población indígena de América Latina. Aunque es difícil obtener cifras exactas, los historiadores estiman que la población de las Américas se redujo en un 90% en el primer siglo tras la llegada de los europeos. Antes de la conquista, se calcula que entre 50 y 100 millones de personas vivían en el continente. Para finales del siglo XVI, esa cifra se había reducido debido a una combinación de factores: enfermedades traídas por los colonizadores como la viruela, el sarampión y la gripe, la guerra, la esclavitud y las masacres perpetradas por los conquistadores.

Uno de los episodios más emblemáticos de la violencia colonial fue la matanza de Cholula, donde Hernán Cortés y sus aliados indígenas asesinaron a millas de personas en una ciudad que había ofrecido resistencia. La violencia física, sin embargo, fue solo una parte de la devastación: las enfermedades, para las cuales los pueblos originarios no tenían inmunidad, se expandieron con rapidez, diezmando comunidades enteras. En algunos casos, las epidemias fueron utilizadas como armas biológicas, como en el caso de las mantas infectadas con viruela que los colonos británicos distribuyeron.

Así como sucede hoy, la explotación de los recursos naturales fue una de las principales motivaciones detrás de la conquista. Desde el principio, los conquistadores europeos buscaron obtener riquezas de las tierras americanas, especialmente oro y plata. La minería se convirtió en una de las principales actividades económicas, y lugares como Potosí, en la actual Bolivia, se convirtieron en centros de extracción que alimentaban la economía mundial. La mano de obra indígena fue explotada a través de sistemas de trabajo forzado como la encomienda y la mita, que sometían a los nativos a condiciones inhumanas para beneficiarios a los colonos.

Desde los tiempos de la conquista se abrió las puertas al establecimiento de un sistema comercial que favorecía a Europa a expensas de América Latina y en el mundo global de hoy se sintetiza en los acuerdos comerciales entre gobiernos de occidente y las multinacionales, que de alguna forma los representan.

Las coronas europeas, España, Portugal y el imperio Británico, que les ganó su preeminencia global hasta la Segunda Guerra Mundial, establecieron rutas comerciales que permitían la extracción de materias primas de América y su exportación a Europa, mientras que los productos fabricados europeos eran vendidos en las colonias a precios elevados.

Este sistema desigual sentó las bases de las economías extractivas que todavía caracterizan a muchos países y que se van modificando según los cambios industriales, ahora el litio, el cobre, el platino y otros minerales que son básicos para las industrias tecnológicas, marcan la ruta de la explotación y de acuerdos comerciales, casi siempre en detrimento de las finanzas nacionales, además de generar procesos de corrupción a todos los niveles del estado y la sociedad. Lo que prevalece es la avaricia por el dinero y el descuido total de los biosistemas afectados e irrecuperables en la mayor parte de los casos.

La conquista introdujo un sistema de castas basado en la raza, en el que los europeos se ubican en la cúspide de la jerarquía social, seguidos por los mestizos (mezcla de europeos e indígenas), y finalmente, los indígenas y africanos esclavizados. Este sistema racial fue clave para mantener el control colonial, ya que justificaba la explotación de los grupos no europeos y aseguraba que el poder se concentra en manos de los colonos.

Las razas en general es una idea y sistema que se estableció para deshumanizar a las personas y convertirlas en máquinas de producción y mercancía, que se remonta a los imperios antiguos de Asia, África y después en Europa, donde el hombre con características identificadas al poder sojuzgaba a los distintos, establecidos como inferiores y hasta calificados como animales o cosas.

La explotación del recurso agrario fortaleció el latifundio, o la concentración de grandes extensiones de tierra en manos de unos pocos, y fue otra consecuencia del sistema colonial que sigue vigente en muchas partes de América Latina. Este modelo de propiedad de la tierra perpetuó la desigualdad económica y social, y contribuyó a la marginación de los pueblos indígenas y afrodescendientes. Ha generado incesantes guerras en todos los países latinoamericanos, y hoy se hace a través de empresas globales que por terceros están comprando tierras para la agroindustria, como sucede en Brasil, Colombia y Argentina principalmente.

La conquista no solo trajo consigo una explotación económica y social, sino también un proceso de colonización cultural. Los colonizadores europeos impusieron su lengua, sus valores y sus formas de vida, promoviendo una visión del mundo en la que Europa era el centro de la civilización. Las culturas indígenas fueron menospreciadas y vistas como primitivas, y sus lenguas, tradiciones y conocimientos fueron relegados al olvido.

Este proceso de imposición cultural llevó a una internalización del eurocentrismo por parte de las élites criollas y mestizas, que adoptaron los valores europeos y promovieron una visión del progreso que dejaba de lado las contribuciones de las culturas originarias. Esta mentalidad ha tenido consecuencias duraderas en las sociedades latinoamericanas, donde persisten formas de racismo y discriminación contra los pueblos indígenas y afros.

Hoy en día, aún a pesar de movimientos de rescate de las culturas ancestrales, lo cierto es que ese desprecio por lo indígena aún prevalece y siguen siendo victimas de los sistemas de gobierno que favorecen a los latifundistas, a reformas de territorios expropiando o deforestando selvas en donde algunos pueblos han decidido alejarse de las ciudades y pueblos. Aún así son destruidos en estos tiempos.

La conquista del imperio español en Abya Yala dejó cicatrices profundas que todavía marcan la realidad de América Latina. Las estructuras de explotación económica, las jerarquías raciales y la imposición cultural siguen vigentes, aunque muchas veces de formas más sutiles. A pesar de ello, los pueblos indígenas y afrodescendientes han mantenido viva la memoria de sus culturas y siguen luchando por el reconocimiento.

Hoy, los movimientos indígenas en América Latina reclaman justicia histórica y buscan revertir siglos de marginación y explotación. La resistencia cultural y la lucha por la autonomía sobre sus territorios son una prueba de que, a pesar de la devastación de la conquista, los pueblos originarios continúan siendo actores clave en la construcción de una sociedad multicultural.

Es irónico que frente a la crisis climática, algunos sectores de la academia universitaria se acercan a conocer y validar el conocimiento ancestral, para intentar detener el deterioro del planeta. Una prueba de ello son los procesos agroecológicos por encima de los agroindustriales que tanto daño han causado a los biosistemas del continente.

En una Europa aún más envejecida, en un imperio norteamericano que se encuentra en la encrucijada de la propuesta de un mundo multipolar, de guerras desastrosas e inhumanas aún por territorios, Abya Yala se enfrenta a la destrucción de sus ríos, selvas, montañas, a gobiernos tiránicos, otros seudo democráticos marcados por la corrupción y guerras civiles de nunca acabar, ahora financiadas por el narcotráfico y ya no por ideas de cambios fundamentales. Además ve como su juventud formada académicamente se va en busca de sus sueños a otras tierras, dejando a la gente mayor en soledad y en la incertidumbre de un presente complejo y un futuro aún más incierto.

Los imperios cuando cumplen su ciclo y ceden su espacio al siguiente poder global, siempre han dejado miseria, clasismo, corrupción y en el subconsciente colectivo, que el imperio es el sueño por lograr, lo que no nos damos cuenta, es que el sueño del imperio eran estas tierras que la naturaleza marcó con una inmensa riqueza de vida y que solo requiere cuidadores y no explotadores.

La piel, el órgano más grande de nuestro cuerpo, requiere cuidado permanente

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La urticaria crónica espontánea (UCE) y su profundo impacto en la salud mental de quienes la padecen

Hay dolencias en la piel, que nos parecen sencillas de solucionar, pero en la realidad hay que tener mucho cuidado cuando se presentan. Más allá del ardor o molestia que genere, hay algunas que se vuelven un verdadero problema y una de ellas es la urticaria crónica espontánea (UCE), que genera un profundo impacto en la salud mental de quienes la padecen. La ansiedad, depresión y alteraciones del sueño son comunes en pacientes con UCE, llegando a impactar gravemente su calidad de vida.

De hecho, el deterioro emocional en estos pacientes es comparable al de quienes sufren cardiopatía isquémica grave. La falta de visibilidad sobre esta condición genera aislamiento y sufrimiento, especialmente cuando no se le brinda el apoyo médico adecuado.

La doctora Laura Del Mar Vásquez, experta en el manejo de la UCE, resalta la importancia de un tratamiento integral que contemple tanto el aspecto físico como el psicológico. En cifras, estos pacientes frecuentemente padecen alteraciones del sueño (36,7%), trastornos de ansiedad (30,6%) y trastornos del estado de ánimo (29,4%) debido a los síntomas debilitantes de la condición.

Estudios recientes indican que aproximadamente el 34,5% de los pacientes con UCE experimentan adicionalmente un deterioro mental o físico cifra que supera la prevalencia general del 25% en pacientes ambulatorios de dermatología con psoriasis y diferentes tipos de dermatitis.

«La urticaria crónica espontánea no solo causa molestias físicas, sino que también puede llevar a un deterioro emocional significativo. Es fundamental que los pacientes reciban apoyo integral para abordar tanto los síntomas físicos como los psicológicos», afirmó la doctora Laura Del Mar Vásquez, alergóloga y pediatra con experiencia en el manejo de la UCE.

Dentro de los síntomas de la UCE, diagnóstico que afecta entre el 1 % y el 3 % de la población mundial, se encuentran la aparición de ronchas, manchas e hinchazón en la piel, acompañadas de picazón intensa, dolor y una sensación de ardor que pueden presentarse casi a diario durante al menos seis semanas.

Sumado a esto, en el 40% de los casos, también se manifiesta con una hinchazón dolorosa en zonas sensibles como los ojos, mejillas, labios o genitales, conocida como angioedema. Además, la angustia emocional, la ansiedad y la depresión son comunes en pacientes con este diagnóstico y su incapacidad para identificar y comunicar adecuadamente sus emociones, un fenómeno conocido como alexitimia, puede agravar la sensación de aislamiento y sufrimiento.

De hecho, se estima que 7 de cada 10 personas con UCE, tienen que cancelar sus actividades sociales debido a la enfermedad. Es por ello que es necesario estar atento a las alteraciones de la piel, evitar la extrema exposición al sol, al uso indiscriminado de bronceadores y cremas humectantes que generen alergias, rasquiñas o cualquier tipo de molestia.

Hay que recordar que la piel, aunque es extremadamente flexible ante las contingencias de la vida, requiere cuidado permanente, aseo adecuado y al igual que los demás órganos, cuando vaya a su servicio de medicina, reportar variaciones, aparición de verrugas o cualquier otra molestia, que si no se atiende a tiempo, puede generar situaciones muy molestas y mortificantes.

El sueño americano, una aventura exigente

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Cuando vemos las migraciones de tantas personas, des distintas nacionalidades, que van a USA, solo queda pensar si el «sueño Americano» es posible, en una sociedad multicultural, de grandes migraciones de todas partes, lo que le da esa forma tan particular de ser estadounidense. Conversamos con un colombiano, Luis Guillermo Sánchez, que ha hecho gran parte de su vida buscando y conquistando ese sueño. Dejó a una colombia convulsionada en una de las tantas guerras que hemos enfrentado a finales del siglo pasado. Para él, como para muchos otros, era muy complicado encontrar un buen presente y un mejor futuro, así que hizo su maleta y se fue tras una vida mejor. Por fortuna para él, todo fue legal, no como sucede hoy cuando la ilegalidad es el camino de muchísimos que aspiran a tener un mejor vivir para ellos y sus familias.

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