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A un año de un capítulo más, de una guerra que no termina, una mirada histórica para entender

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Hace un año de los trágicos acontecimientos en el recinto del festival israelí de música Tribe of Nova, donde 364 personas murieron a manos de los islamistas de Hamás, se ha convertido en un espacio para la memoria al que cada semana acuden miles de visitantes.

Cuando nos acercamos a la realidad de la guerra de Israel contra Hamas en Gaza y Hezbolá en Líbano, es necesario, para más o menos entenderla, considerar sus orígenes, que se remontan a los tiempos bíblicos cuando los pueblos semitas, como los hebreos, filisteos, cananeos, y otras tribus en la zona buscaban el predominio de estas tierras, que para los israelitas van unidas a la promesa de Jehová sobre la tierra prometida, en relatos del tiempo de Moisés, el evento de salida de Egipto y la fundación del Reino de Israel bajo los reyes David y Salomón.

El impacto de las conquistas sucesivas por imperios como el babilonio, el persa, y el romano, que llevaron a la destrucción del Templo de Jerusalén y la diáspora del pueblo judío, dejó a la región en manos de otros imperios, pero el sentido de pertenencia territorial quedó arraigado en la narrativa judía, que es vinculada directamente a su fe. Por mucho tiempo Israel como pueblo convivió con los Palestinos, hasta que la presencia e intervención de los intereses imperiales europeos complicaron la vida en esta región del planeta.

En el siglo XIX, surge el movimiento sionista, que busca un hogar nacional para el pueblo judío en respuesta al antisemitismo en Europa. Esto llevó a la migración de judíos europeos hacia Palestina, donde ya vivía una población árabe. Como parte de la hegemonía del Imperio británico, entre los siglos XVI y XX que modelo la sociedad, los intereses, los territorios a su gusto y conveniencia, y donde también se dio camino a establecer un territorio para Israel.

La influencia de Gran Bretaña en la región de Palestina fue un periodo clave para crear y sostener el conflicto entre judíos y árabes. Este mandato fue establecido por la Liga de las Naciones tras la disolución del Imperio Otomano al final de la Primera Guerra Mundial. La administración británica decidió supervisar el territorio de Palestina y preparar su transición hacia una forma de autogobierno, que en realidad era organizar estas tierras para los judíos.

Uno de los eventos más significativos fue la Declaración Balfour, emitida en noviembre de 1917 por el secretario de Relaciones Exteriores británico, con la que se expresaba el apoyo del gobierno británico para «el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío», pero también añadía que «no se haría nada que pudiera perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina». Aunque esta declaración fue interpretada por muchos como un respaldo a las aspiraciones sionistas, carecía de claridad sobre el estatus político del territorio y no definía cómo se equilibrarían los derechos de los judíos y los árabes.

A partir de ese momento comenzó un incremento en la inmigración judía hacia Palestina, particularmente desde Europa. Esto fue en parte fomentado por el sionismo, un movimiento que buscaba un hogar nacional para los judíos, y la persecución que muchos judíos enfrentaban en Europa, especialmente en países como Rusia y Polonia.

Entre 1920 y 1939, la inmigración judía a Palestina creció significativamente en varias olas. Mientras la población judía en Palestina aumentaba, las tensiones entre judíos y árabes también se intensificaban. Los árabes palestinos, que constituían la mayoría de la población antes de la inmigración masiva judía, comenzaron a sentir que su tierra y derechos estaban siendo erosionados. Temían que la creación de un «hogar nacional» para los judíos resultara en la colonización y desplazamiento de la población árabe.

La creciente inmigración judía y la adquisición de tierras por parte de las comunidades judías llevaron a violentos enfrentamientos entre árabes y judíos. En 1920 y 1921, los primeros disturbios estallaron en Jerusalén y Jaffa. Posteriormente, en 1929, los disturbios de Hebrón y otras ciudades provocaron más violencia entre las dos comunidades.

El motín árabe de 1936-1939, también conocido como la Gran Revuelta Árabe, fue una respuesta directa al creciente número de colonos judíos y a las políticas británicas que parecían favorecer al sionismo. Los árabes palestinos exigían la restricción de la inmigración judía y la creación de un gobierno independiente árabe. La revuelta fue sofocada por las fuerzas británicas, pero dejó un legado de profunda desconfianza entre las comunidades judía y árabe, además de una militarización creciente en ambas partes.

En un intento por calmar las tensiones, el gobierno británico emitió el Libro Blanco de 1939, que proponía limitar la inmigración judía y restringir la compra de tierras por parte de judíos, además de prometer la creación de un estado binacional en Palestina dentro de 10 años. Sin embargo, este documento fue rechazado por ambos lados: los judíos lo consideraron una traición a la Declaración Balfour, mientras que los árabes pensaban que no iba lo suficientemente lejos para garantizar la independencia árabe.

Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto alemán devastaba a la comunidad judía en Europa, la presión para permitir una mayor inmigración judía a Palestina creció dramáticamente. Los judíos supervivientes a la matanza, vieron en Palestina una opción viable para asentarse y hacer vida, lo que aumentó las tensiones locales. Sin embargo, los británicos, ya debilitados por la guerra, continuaron con las restricciones migratorias establecidas en el Libro Blanco, lo que llevó a un creciente descontento entre los judíos.

Ya no son guerras entre militares, es la población civil las victimas, de ahora y hacia el futuro.

A medida que el conflicto entre judíos y árabes se intensificaba, y el Reino Unido encontraba cada vez más difícil mantener el orden, los británicos anunciaron en 1947 que abandonarían Palestina y dejarían el futuro del territorio en manos de las Naciones Unidas. La ONU propuso un plan de partición que dividiría Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe, con Jerusalén bajo administración internacional. Aunque los judíos aceptaron el plan, los árabes lo rechazaron por completo.

Cuando los británicos finalmente se retiraron en mayo de 1948, los judíos proclamaron el establecimiento del Estado de Israel, lo que provocó la guerra árabe-israelí de 1948, en la que los países árabes vecinos invadieron en un intento de destruir el nuevo estado judío. El conflicto resultó en la victoria de Israel y en la Nakba (desplazamiento masivo) de cientos de miles de palestinos, que se convirtieron en refugiados de sus propias tierras.

Con la caída del Imperio Británico, en la Segunda Guerra Mundial, el nuevo protagonismo mundial lo asume Estados Unidos, y quedó el conflicto sin resolver en Palestina. Su ambigua política hacia judíos y árabes, junto con la incapacidad de establecer un acuerdo satisfactorio para ambas partes, sentó las bases para décadas de guerra, desplazamientos y tensiones. Aunque el mandato terminó oficialmente en 1948, su impacto en la estructura política y social de la región sigue siendo evidente en el conflicto que continúa hasta hoy.

A mediados del siglo XX, se dieron continuos enfrentamientos, la Guerra de los Seis Días (1967) y Guerra de Yom Kipur (1973) consolidaron el poder militar de Israel y expandió su territorio con la ocupación de Cisjordania, Gaza y los Altos del Golán, temas aún candentes en las negociaciones actuales.

Aunque la relación entre Estados Unidos e Israel comenzó oficialmente con el reconocimiento del Estado de Israel en 1948 por el presidente Harry Truman, el apoyo estadounidense a Israel fue relativamente limitado en las primeras dos décadas. Sin embargo, la Guerra de los Seis Días de 1967 marcó un punto de inflexión, con Israel demostrando su capacidad militar y estratégica. A partir de ese momento, EE. UU. empezó a ver a Israel como un aliado clave en la región, particularmente en el contexto de la Guerra Fría, donde la influencia soviética estaba presente en varios países árabes.

La Unión Soviética tuvo un papel crucial durante los primeros años del conflicto y se posicionó como un aliado de varios países árabes en su lucha contra Israel, buscando expandir su influencia en la región. Proporcionó asistencia militar y técnica a Egipto, Siria e Irak, enviando armas, consejeros militares y entrenando fuerzas árabes que combatieron contra Israel en las guerras de 1967 y 1973. Este apoyo formaba parte de la estrategia soviética de contrarrestar la influencia estadounidense en Oriente Medio.

Con la caída de la Unión Soviética en 1991, Rusia redujo su intervención directa en la región. Sin embargo, en las últimas décadas, bajo el liderazgo de Vladimir Putin, ha buscado reposicionarse en Oriente Medio, particularmente a través de su intervención en la guerra civil siria, donde ha apoyado al régimen de Bashar al-Asad, un cercano aliado de Irán y opositor de Israel. Por ahora Rusia esta ocupada con la Operación Especial en Ucrania, que no da visos de ser superada y más por el contrario agravarse si los ataques con armas de la OTAN llegan a bombardear suelo ruso.

Destrucción y desolación, caldo de cultivo para nuevas guerras, que no dan tregua.

En la década de 1970, el presidente Richard Nixon y su secretario de Estado, Henry Kissinger, adoptaron la llamada «política de equilibrio», buscando mantener a Israel lo suficientemente fuerte como para disuadir a sus vecinos árabes de intentar destruirlo, pero no tanto como para eliminar la posibilidad de negociaciones de paz.

La mediación en los Acuerdos de Camp David en 1978 entre Israel y Egipto donde el presidente Jimmy Carter jugó un papel fundamental en la firma del tratado de paz que llevó a la devolución del Sinaí a Egipto y a la primera paz formal entre Israel y un país árabe. Este éxito diplomático cimentó a EE. UU. como el principal mediador en el conflicto árabe-israelí.

Durante las décadas de 1980 y 1990, el apoyo militar y económico de EE. UU. a Israel se incrementó, apoyando a Israel en su lucha contra la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y más tarde, contra grupos como Hezbollah y Hamas. Bajo la administración de Bill Clinton, EE. UU. promovió los Acuerdos de Oslo entre Israel y la OLP, aunque estos acuerdos trajeron esperanzas de paz, su implementación fue incompleta y las tensiones entre israelíes y palestinos no disminuyeron significativamente.

Tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, la relación entre EE. UU. e Israel se fortaleció aún más en el contexto de la «guerra contra el terrorismo». Bajo la administración de George W. Bush, la política exterior estadounidense enfatizó la seguridad de Israel frente a amenazas de grupos radicales y países como Irán, que era percibido como un peligro existencial para Israel debido a su programa nuclear. La relación se solidificó con importantes transferencias de tecnología militar y acuerdos de defensa.

Uno de los momentos más controvertidos de la intervención de EE. UU. en el conflicto fue la decisión del presidente Donald Trump de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel en 2017, trasladando la embajada de Tel Aviv a Jerusalén. Esta medida fue muy bien recibida por el gobierno israelí, pero intensificó las tensiones con los palestinos y otros países árabes, ya que Jerusalén es un punto sensible en cualquier futuro acuerdo de paz debido a su importancia religiosa y política.

Con la llegada de Joe Biden al poder en 2021, EE. UU. ha intentado equilibrar su apoyo a Israel con la necesidad de abordar las preocupaciones de los palestinos. La administración de Biden ha reafirmado el apoyo a una solución de dos estados, pero sigue siendo un fuerte aliado de Israel en términos de ayuda militar y diplomática. No obstante, la creciente crítica internacional hacia las políticas israelíes en Cisjordania y Gaza, así como las tensiones internas en el propio Partido Demócrata respecto a cómo manejar la relación con Israel, han añadido complejidad a la intervención estadounidense en el conflicto.

El otro protagonista de esta trágica historia es Irán, que ha utilizado la estrategia de grupos aliados y milicias para presionar a Israel. Irán considera a Israel como un «régimen ilegítimo» y apoya activamente a grupos como Hezbolá en Líbano y Hamás en Gaza, que han librado guerras y llevado a cabo ataques contra Israel. En 1979 la revolución iraní transformó radicalmente la política exterior del país. Con el liderazgo del ayatolá Ruhollah Jomeiní, adoptó una postura antiisraelí y antiestadounidense, que sigue siendo una parte central de su política exterior. El programa nuclear iraní es otro de los focos de tensión, ya que Israel lo percibe como una amenaza existencial y ha amenazado con atacar preventivamente instalaciones nucleares iraníes.

No se puede dejar de considerar a Arabia Saudita que ha sido históricamente uno de los principales financistas de la causa palestina. Sin embargo, en los últimos años ha habido una creciente normalización de relaciones entre Israel y algunos países árabes en el marco de los Acuerdos de Abraham (2020), negociados con el apoyo de Estados Unidos. Estos acuerdos, firmados entre Israel y países como los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, marcan un cambio significativo en la geopolítica de la región, donde las preocupaciones comunes sobre Irán han acercado a Israel y a algunas monarquías del Golfo.

El conflicto entre Israel y sus vecinos no solo ha involucrado a las potencias regionales, sino que ha afectado la política global de múltiples maneras. Oriente Medio es una región clave en la producción de petróleo, y las tensiones entre Israel y los países árabes han afectado el acceso global a los recursos energéticos. La guerra de 1973 llevó a un embargo petrolero árabe que afectó a Estados Unidos y otros países occidentales, causando una crisis energética global.

El conflicto ha sido utilizado como justificación ideológica por grupos yihadistas como Al-Qaeda e ISIS, quienes lo presentan como un símbolo de la «opresión» de los musulmanes a manos de Occidente e Israel. Esto ha contribuido a la expansión del terrorismo global, afectando no solo a los países de Oriente Medio, sino también a Europa, Estados Unidos y otras regiones.

Las guerras de hoy, una realidad que quita el presente y el futuro de los civiles víctimas.

El conflicto entre Israel y Palestina es un tema constante en las Naciones Unidas, con resoluciones, mediaciones y vetos, principalmente por parte de Estados Unidos en defensa de Israel. A nivel global, el conflicto ha polarizado a muchos países, y sigue siendo uno de los temas más debatidos en la diplomacia internacional.

Por ahora el sufrimiento y desolación de civiles tanto en la franja de Gaza, en Beirut y en donde esta guerra se extienda, deja las formas de enfrentamiento entre militares, de las viejas guerras convencionales, acabando el presente y el futuro de las poblaciones, de las familias, con una inmensidad de huérfanos que heredan odios, resentimientos y más de un argumento para continuar esta guerra deshumanizante y bárbara. Más allá de quién tiene la razón, puede ser el inicio de una guerra no solo regional, que unida a la de Rusia y Ucrania deja un sabor de angustia, zozobra y terrible incertidumbre para todos los habitantes de esta nave espacial, que además de enferma, sufre también estas locuras criminales humanas de las guerras.

La Bici, trayectos seguros en ciudades que la consideran y usuarios que los usan bien

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Disfrutar de la ciudad a cualquier edad en bici, requiere de buenas prácticas. Foto OACantor.

El uso de la bicicleta urbana ha ganado popularidad en muchas ciudades de Suramérica, no solo como una alternativa de transporte ecológica, sino también como una solución efectiva para evitar el tráfico, promover la actividad física y reducir las emisiones de carbono.

Bogotá cuenta con más de 600 kilómetros de ciclorrutas permanentes, siendo una de las redes más grandes de América Latina, a las que suma cada domingo y días feriados las a Ciclovías, que utiliza vías principales para uso exclusivo de ciclistas y peatones por algunas horas. Gracias a las reformas urbanas que hizo en entonces alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri, hoy la ciudad cuenta con más de 250 kilómetros de carriles exclusivos para bicicletas, integrados con el sistema de transporte público y estaciones de bicicletas compartidas. Le sigue en kilómetros Santiago de Chile con más de 200 kilómetros de carriles bici, muchos de los cuales están conectados a estaciones de transporte público, promoviendo la intermodalidad. Le sigue Lima con una infraestructura de 180 kilómetros de ciclorrutas, integrando espacios para bicicletas en zonas céntricas y áreas residenciales.

Este crecimiento ha impulsado los sistemas extendidos de ciclorrutas, ofreciendo un entorno más seguro y accesible para los ciclistas. Sin embargo, circular en bicicleta en una ciudad tiene sus desafíos y requiere prestar atención a ciertos aspectos clave como el diseño adecuado de la bicicleta, los accesorios de seguridad, las normas de circulación, y el cuidado físico del ciclista.

Cuando piense en adquirir su bicicleta urbana debe priorizar la comodidad y funcionalidad para adaptarse a los trayectos en la ciudad. Son aspectos claves la facilidad de subir y bajar de la bicicleta con rapidez, especialmente en entornos urbanos donde los ciclistas pueden detenerse con frecuencia en semáforos o intersecciones. Las bicicletas con cuadros de diseño más recto o bajo son más fáciles de manejar en estos escenarios.

Buena parte de la comodidad y una mejor visión del entorno es el uso de manubrio en posición alta, que además disminuye la tensión en la espalda, y es ideal para recorridos más largos. A diferencia de las bicis de ruta o competencia, lo mejor en la ciudad son los neumáticos más anchos, porque absorben mejor los impactos, brindando mayor estabilidad y comodidad al ciclista. Las vías urbanas y las ciclorrutas pueden presentar baches o irregularidades en el asfalto.

Los sistemas de cambios y platos múltiples se han considerado como parte inherente de las bicis deportivas, pero las urbanas las requieren para facilitar el pedaleo en pendientes o calles con diferentes niveles de inclinación. Esto es especialmente útil en ciudades con topografía variada. Es necesario entender su funcionamiento, las relaciones de los platos y piñones y hacerla prácticas cotidianas para pedalear mejor, más cómodo y ahorrar energía.

Las bicis más convencionales siempre venían con guardabarros, eran parte de su diseño, solo las catalogadas como deportiva no los llevaba. Los guardabarros, que hoy en su mayoría son de plástico, protegen al ciclista de salpicaduras de agua o lodo, esenciales en días de lluvia. El portaequipajes trasero es ideal para transportar mochilas o bolsas sin necesidad de cargar peso en la espalda.

El Casco es el accesorio de seguridad más importante, debe ajustarse correctamente y cumplir con normativas de seguridad, como las certificaciones EN 1078 o CPSC en Suramérica. Muchos ciclistas prescinde de el, pero cuando se ven involucrados en una caída, se dan cuenta de su imperiosa utilidad. Busque el mejor diseño para usted, y siempre llévelo puesto cuando circule en las ciclorrutas. Y hablando de seguridad, su bici debe llevar siempre luces y reflectores, tanto adelante como atrás, especialmente cuando se transita de noche o en condiciones de baja visibilidad. Los reflectores en los pedales y ruedas aumentan la visibilidad del ciclista ante otros conductores. Si lleva cintas tobilleras para evitar el daño de pantalones, busque que sean en materiales reflectantes. Y no pueden falta el timbre o bocina que en algunas ciudades, su uso es obligatorio como parte de las normas de tránsito.

Algunos tienen bicicletas plegables, lo que facilita poderlas guardar en cualquier lugar, por ejemplo junto a su escritorio en la oficina, si no es así, siempre lleva un candado de seguridad, aún dejándolas en bicicleteros públicos. Un buen candado de acero endurecido en forma de “U” es indispensable para proteger la bicicleta cuando está estacionada.

Siempre cuide de su seguridad y transite con amabilidad compartiendo la ruta con los demás usuarios. Foto de OACantor

Cuando se llega a su destino, algunas personas pueden hacer uso de duchas y se pueden arreglar para el trabajo. Otros por el contrario no tienen esos servicios, por lo tanto la ropa adecuada ligera y transpirable, al igual que los zapatos de suelas firmes que permitan un buen apoyo sobre los pedales, hace necesario aprender a pedalear para no sudar en exceso y pasar incómodo el resto del día. En la realidad es una técnica que va acompañada con el buen uso de los cambios.

Tanto antes de iniciar la ruta como al finalizar, siempre realicen estiramientos para prevenir lesiones y en el caso de personas mayores, evitar la perdida de fuerza en las piernas. Por más que considere que ha hecho un ejercicio adecuado, debe estirar, no hacerlo lo afecta de forma sustancial. Haga estiramientos de cuádriceps e isquiotibiales para preparar los músculos principales utilizados en el pedaleo. Estirar la espalda para evitar tensiones musculares, sobre todo si el trayecto incluye inclinaciones. Al mantener el manillar, los brazos y hombros están constantemente en tensión, por lo que un estiramiento de esta zona ayuda a prevenir molestias.

Cuando entiende el movimiento del pedaleo se da cuenta que puede generar rigidez en las caderas, por lo que es esencial estirar estos músculo, al igual la sobrecarga de los músculos de las pantorrillas, por lo que un estiramiento adecuado ayuda a reducir esa tensión.

En trayectos urbanos, aunque no se trate de una actividad extrema, es fundamental mantenerse bien hidratado. El ciclismo genera sudoración, y perder líquidos puede afectar el rendimiento físico y la concentración. Hidratarse antes de empezar a pedalear ayuda a prevenir la deshidratación, especialmente en días calurosos.

Siempre lleve en su cicla su botella deportiva de agua, no es necesario esperar a tener sed para beber agua. Se recomienda tomar pequeños sorbos cada 15 o 20 minutos. Evite las bebidas azucaradas ya que pueden provocar un rápido aumento y posterior caída de energía. Las bebidas isotónicas pueden ser útiles en recorridos largos o en días muy calurosos, pero el agua fresca siempre es una alternativa eficiente y sana.

La sensación de libertad y de poder ir a cualquier lugar también conlleva responsabilidades ante los demás usuarios de las vías. Cumplir las normas de circulación para ciclistas en ciudades son esenciales para evitar accidentes y garantizar una convivencia armónica con otros actores viales. Los ciclistas deben circular por la derecha, siguiendo el flujo de los vehículos motorizados. En las ciclorrutas, deben respetar la señalización y mantenerse dentro de los carriles asignados. Se deben respetar las señales de tránsito, incluyendo semáforos y señales de pare. Utilice las manos para señalizar giros y hacia qué dirección lo hará, es esencial para que otros conductores y peatones sepan tus intenciones.

Salvo en casos donde haya una ciclorruta designada, las aceras son de uso exclusivo para peatones y siempre evite acercarse demasiado a vehículos motorizados o a otros ciclistas, es fundamental para reaccionar a tiempo ante imprevistos. Nunca se haga al lado de camiones o vehículos grandes, fácilmente puede ser parte de un accidente fatal por temas de física elemental.

Si bien es un vehículo personal, cuando lo comparta con un pasajero, o le instale carritos de remolque, o sea un diseño en tándem, la seguridad es compartida, cumplan siempre con las normas de seguridad y siempre, antes de salir a rodar, determine la ciclorruta que va a usar, reconozca el estado en general y las características de la ruta, que puede incluir elevaciones, puentes, cruces con vías de alto tránsito vehicular, que por sus motorización contamina el aire que usted requiere para seguir pedaleando. Si es del caso, utilice un tapabocas con filtros de carbón activado Dinámico que tiene excelente absorción de contaminantes provenientes de los motores de combustión.

Siempre use un candado para estacionarla y evitar hurtos. Foto de OACantor

Disfrute diariamente de su bici para vivir mejor, con más energía y aproveche las infraestructuras que ofrecen nuestras ciudades, su uso constante hace que las administraciones consideren su extensión y mantenimiento permanente, además de ayudar a un mejor diseño urbano con más verde, con más vida.

La música, el arte de la excelencia

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El talento musical lo tienen muchas personas, pero para llegar a destacar se requiere hacer un camino de excelencia, profesionalismo, constante estudio y establecer una adecuada organización comercial, utilizando las herramientas digitales de hoy para llegar a figurar en los gustos de las personas.
No es un camino imposible, pero requiere mucho trabajo, esfuerzo, creatividad y conocimiento. Conversamos con el maestro Nicolás Torres, un artista formado en nuestro país y que ha estado en Europa con su arte.

Cuando de estadísticas se trata, hay que ver el contexto

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Suramérica atraviesa una de sus crisis económicas más profundas en años recientes, marcada por altos niveles de desempleo, creciente empleo informal, inflación descontrolada y un preocupante aumento de la pobreza.

Cuando se presentan las cifras de desempleo, empleo informal, costo de vida e inflación en general, crecen las preocupaciones de poder mantener el trabajo, satisfacer necesidades, pagos de créditos y lograr llegar a fin de mes.

En Colombia, país en donde se origina BiciUrba, los más recientes datos del DANE, entidad que tiene a su cargo las estadísticas del país, anuncia un mayor desempleo del 9,7 % y que las cifras demuestran un claro aumento frente a 2023, cuando se ubicó en 9,3 % para el mismo mes. La tasa de ocupación actualmente se encuentra sobre el 58,3 %, lo que también significó una clara reducción frente a la cifra del año pasado, que se ubicaba en 58,5 %. No hubo un cambio tan sustancial en la tasa global de participación, la cual se ubicó en un 64,5 %, frente al 64,4 % del año 2023. En líneas generales son regulares noticias. Pero, ¿qué sucede en el contexto de Suramérica?

El diagnóstico es el mismo: crisis económica con un aumento del desempleo, la proliferación del empleo informal, el incremento de la inflación y un preocupante crecimiento de la pobreza. Dicen que son consecuencia de los efectos de la pandemia de COVID-19, la guerra en Ucrania y las tensiones económicas globales que han exacerbado las condiciones preexistentes de inestabilidad en la región. Y qué nos dicen los organismos como el DANE, CEPAL, PNUD, INEI, INEC, Banco Mundial, INE, INDEC e IBGE con respecto a este tema tan crucial, que a la final representan la calidad de vida de Suramérica.

El desempleo es un fenómeno multifactorial que ha empeorado en los últimos años debido a la falta del crecimiento económico sostenido. A pesar que la región experimentó una recuperación parcial tras la pandemia, esta no ha sido suficiente para generar empleos formales de calidad. De acuerdo con la CEPAL, el crecimiento económico de la región fue del 3.7% en 2022, insuficiente para absorber el incremento en la población activa.

Según el Banco Mundial, desde el 2020, el año de la pandemia, la región perdió alrededor de 26 millones de empleos, lo que acentuó la precarización laboral, aumentando la informalidad como medio de sobrevivencia, especialmente en las grandes capitales.

En Brasil, según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), la tasa de desempleo en 2023 fue del 8.5%, una disminución en comparación con los años previos, cuando alcanzó el 14% durante la pandemia. Sin embargo, la reducción en las cifras no refleja una recuperación significativa del empleo formal, ya que gran parte de la población ha recurrido a trabajos informales para subsistir.

Ahora bien, por muchas décadas los niveles de desigualdad social, de género y de educación formal vienen marcando el aumento de la pobreza, de tal manera que el acceso desigual a oportunidades laborales es una realidad en la región. Según el PNUD, las mujeres, los jóvenes y las personas en zonas rurales son los más afectados por el desempleo. En países como Colombia y Brasil, los datos del DANE e IBGE reflejan tasas de desempleo juvenil significativamente superiores a las del promedio nacional urbano, lo que agrava la exclusión social.

Los cambios tecnológicos también ayudan a estas realidad económicas. En algunos sectores, la automatización ha desplazado a trabajadores que no han logrado actualizarse y adaptarse a las nuevas realidades. Según la CEPAL, más del 40% de los empleos en Suramérica están en riesgo de automatización, particularmente en sectores como la manufactura y el comercio minorista, y la pandemia fue un impulsor del comercio en línea, por ejemplo, lo que afecta a los establecimiento de centros comerciales y en general el comercio tradicional. Los que han dado el salto al e-comercie, están mucho mejor.

Ante la pérdida de los empleos formales, bien por cierre de empresas que no lograron su adaptación tecnológica, o que la hicieron y ya no requieren tanto personal, se suma el insuficiente crecimiento económico y la rigidez del mercado laboral, con reformas del sector desde las políticas de gobierno que crean mucha incertidumbre y demoran nuevas inversiones en todos los campos de la industria. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 50% de los trabajadores en América Latina está empleado en el sector informal y es aún más elevada en sectores como la agricultura y el comercio minorista, donde el acceso a contratos formales es inexistente.

Y si en la ciudad la informalidad es dramática, en la ruralidad es especialmente compleja, allí los sistemas de protección social y formalización del empleo son más débiles. En países como Perú, según el INEI, la informalidad en áreas rurales supera el 80%, debido a la prevalencia de actividades agrícolas de subsistencia y microempresas familiares. Se suma reformas al código laboral y a las reglas de empleabilidad que en su mayoría afectan al trabajador y que al cambiarlas generan mayor escepticismo y baja contratación. Las empresas encuentran incentivos para evitar la formalización de los contratos de trabajo. Esto se traduce en una gran cantidad de trabajadores que no tienen acceso a beneficios sociales ni a derechos laborales básicos.

La pobreza en Argentina llegó hasta el 52,9% en el primer semestre del 2024, lo que representa un aumento de 11 puntos con respecto al segundo semestre del 2023, desde que Javier Milei asumió el poder, en diciembre pasado.

La educación laboral, técnica o profesional marcan la diferencia en muchos casos, el no poseerla o con menor nivel educativo tienen más probabilidades de caer en la informalidad. En Paraguay, por ejemplo, el INE revela que más del 70% de los trabajadores con educación primaria incompleta están en empleos informales. La falta de acceso a educación de calidad perpetúa un ciclo de baja calificación y vulnerabilidad laboral.

Otro factor determinante del aumento constante del costo de vida es la Inflación y la constante pérdida de poder adquisitivo de las familias. Productos esenciales como alimentos y energía, ha erosionado el poder adquisitivo de millones de familias, especialmente en Venezuela y Argentina, llevando a grandes segmentos de la población a la pobreza extrema. Según la CEPAL, en 2023, el 82% de los venezolanos vive en pobreza.

Aunque algunos países han implementado programas de transferencias condicionadas de renta, como el Bolsa Família en Brasil o Tekoporã en Paraguay, estos han sido insuficientes para contrarrestar el aumento de la pobreza. En Colombia se ha buscado mejorar el ingreso básico para algunos sectores de la población, pero esto ha generado grandes debates políticos sobre los recursos para pagarlos en el marco del presupuesto, tanto del año en curso, como en el 2025.

El aumento en los costos de combustibles, energía y acueductos es un acelerador de la inflación, casos como Argentina y Chile, la dependencia de las importaciones de petróleo ha exacerbado la inflación. En el campo del cambio energético, que aún no es tan claro en todo el continente, genera expectativas que no se cumplen pero si crean malestar en los sectores productivos, aumentando la inquietud general y en los indices bursátiles.

Según el INDEC de Argentina, los precios de la energía han aumentado más del 15% en 2023. La hiperinflación en Venezuela es un caso extremo en la región, donde el colapso del sistema productivo y la falta de credibilidad en las políticas económicas del gobierno han llevado a una hiperinflación sostenida desde 2017. Según el BCV, la inflación en Venezuela alcanzó más del 400% en 2023, una situación que ha destruido el poder adquisitivo de la población y la dolarización de su economía en general.

Muchos países de la región han experimentado fuertes devaluaciones de sus monedas, lo que ha incrementado el costo de los productos importados. En Brasil, por ejemplo, la inflación alcanzó el 6% en 2023, con los alimentos, uno de los sectores más afectados, aún siendo un país productor.

El gobierno de Milei en Argentina busca controlar al máximo el gasto público para hacer frente a las presiones inflacionarias. En el gobierno anterior, el Banco Central emitió grandes cantidades de dinero para financiar los gastos del gobierno, lo que ha llevado a una inflación del 115% en 2023, según datos del INDEC y que sigue aumentando, a un ritmo menor, pero falta mucho para lograr un equilibrio fiscal.

La sequía producida en muy buena parte por la destrucción de la Amazonia, lleva a la miseria a sus habitantes de los seis países que la contiene.

Un nuevo factor adicional a estas realidades es la Crisis Climática, que se reconoce en extremos casos de sequía y de extensos incendio forestales, que han afectado a siete países en recientes días. Estas conflagraciones afectan directamente los ciclos naturales del agua en general generando ciclos de sequía. La falta de resiliencia ante el cambio climático ha empujado a muchas personas a la pobreza, exacerbando la situación económica de la región.

Suramérica es una de las regiones más desiguales del mundo. Según el Banco Mundial, los países tienen altos índices de concentración de la riqueza, lo que ha hecho que las crisis afecten desproporcionadamente a las poblaciones más vulnerables. El desempleo, el empleo informal, la inflación y el aumento de la pobreza en Suramérica son el resultado de una combinación de factores estructurales y coyunturales, donde la política casi nunca logra cambios positivos al servicio de las personas, del desarrollo y del buen vivir.

Por ahora la confluencia de malas administraciones, guerras externas e internas, el narcotráfico, la crisis climática, la revolución tecnológica en todos los aspectos de la producción y el comercio, la dependencia que imprime la globalización, hacen difícil un mejoramiento en los indices que permitan avizorar un mejor presente y futuro en la región.

Leucemia Mieloide Crónica, enfermedad hematológica no resuelta en Colombia

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Hace 50 años las tasas de supervivencia de las personas con LMC a diez años eran inferiores al 20%, sin embargo, hoy en día un número importante de los pacientes alcanzan la remisión hasta alcanzar una supervivencia similar a la población general.

La leucemia mieloide crónica (LMC), un tipo de cáncer que comienza en la médula ósea y afecta a las células de la sangre. En el mundo, se estima que la incidencia anual es de entre 1 y 1.5 casos por cada 100,000 personas, con una prevalencia de 1 por cada 17.000 habitantes. En Colombia, se sigue trabajando en recopilar la información que permita tener un registro nacional de casos de LMC, objetivo de la Asociación Colombiana de Hematología y Oncología (ACHO). La información disponible del Instituto de Evaluación Tecnológica en Salud IETS y Ministerio de Salud, reportó que en el país las muertes por esta enfermedad aumentaron de 130 en 2005 a 153 en 2019, con una edad media de fallecimiento que subió de 57 a 62 años. Esto evidencia una alta carga de enfermedad, lo que hace que la LMC siga siendo una necesidad médica no resuelta.

“Este cáncer representa el 15% de todas las leucemias y es causado por una alteración genética que implica una translocación entre los cromosomas 9 y 22, lo que resulta en un cromosoma 22 más corto y anómalo denominado cromosoma filadelfia. La LMC se presenta principalmente en adultos, aunque también puede ocurrir en niños y adolescentes y suele diagnosticarse mediante análisis de sangre o biopsia de médula ósea.

Este tipo de cáncer genera una sobreproducción de glóbulos blancos que se acumulan en la médula ósea y la sangre, desplazando a las células sanguíneas normales. Generalmente los pacientes pueden encontrarse asintomáticos, y en caso de presentar síntomas éstos son inespecíficos como fatiga, debilidad, pérdida de peso inexplicada, sudoración nocturna, moretones fáciles o sangrados e incomodidad en el abdomen, y se caracteriza por una progresión lenta; sin embargo, de no tratarse oportunamente puede transformarse en una forma más agresiva que puede incluso requerir un trasplante de médula ósea.

A pesar de los avances que han convertido a la LMC en una enfermedad crónica, persisten desafíos significativos: muchos pacientes no acceden al tratamiento óptimo, y solo alrededor del 50% logran una remisión libre de tratamiento, es decir sin medicamento. Alcanzar este estado de remisión libre de tratamiento (RLT), requiere de una colaboración efectiva entre el paciente, el médico tratante y el sistema de salud.

A la fecha, los avances en el tratamiento han mejorado el pronóstico de las personas que padecen LMC. Incluso muchos pueden llevar una vida larga y saludable con el tratamiento y el control adecuados. Las opciones terapéuticas disponibles incluyen medicamentos denominados inhibidores de la tirosina quinasa (ITK), que actúan sobre las mutaciones genéticas que causan la enfermedad. En los últimos 20 años, los ITK han transformado el tratamiento y pronóstico de la LMC, elevando la tasa de supervivencia a 10 años del 20% al 85% y más, lo que se traduce en que los pacientes viven cada vez más. Aún así se hace necesario seguir innovando en alternativas terapéuticas que no alteren la calidad de vida de quienes viven con esta enfermedad.

«Estos medicamentos han evolucionado para reducir los efectos secundarios y permitir a los pacientes mantener su rutina y disfrutar de una mejor calidad de vida. Aunque hemos avanzado mucho en las últimas dos décadas, aún queda trabajo por hacer: muchos pacientes con LMC enfrentan desafíos con las opciones terapéuticas actuales y solo entre el 38% y el 54% de los pacientes logran una remisión libre de tratamiento. Es crucial seguir apoyando la investigación y la innovación para el desarrollo de nuevos tratamientos, mientras tanto seguiremos promoviendo la comprensión de la enfermedad, para hacer que la Leucemia mieloide crónica sea una necesidad cubierta y resuelta,» afirmó la Dra Claudia Agudelo López, miembro de la Asociación Colombiana de Hematología y Oncología (ACHO).

33° Festival de cine Biarritz América Latina : Honor para Alfonso Cuarón,incertidumbre para Argentina

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“Abrazo de Honor” para Alfonso Cuarón en el 33° Festival de cine Biarritz América Latina Foto : MH Escalante

Por MH Escalante
Biarritz, 26 septiembre 2024

El 33° Festival de cine Biarritz América Latina, ligado a esta ciudad balnearia y de surf desde hace tres décadas, abrió como es su costumbre en la última semana de septiembre con Argentina como país invitado. Sin por ello dejar de lado el cine de Brasil y de México, faros en esa materia, ni olvidar nuevas producciones de Colombia, Ecuador, Panamá, Uruguay y Venezuela, éste último de gran interés.

De hecho, el momento más significativo del festival tuvo lugar el lunes 23 de septiembre con la entrega del “Abrazo de Honor” al célebre director, guionista y productor mexicano Alfonso Cuarón, quien a pesar de su parquedad o de su moderación a la hora de tomar la palabra, contó al público de Biarritz que había sido justamente el Festival de Biarritz el que lo había invitado por primera vez a un festival de cine en Europa. Recordó que presentó su primera película “Sólo con tu pareja” (1991), cuando tenía 30 años.

Luego vendrá para él “Y tu mamá también” (2001), que lo sacará del anonimato, y mucho más tarde “Gravity” (2013), que lo acercará al mundo de Hollywood y de George Clooney. Pocos años después “Roma” (2018) lo consagrará como un director de referencia en ese homenaje en blanco y negro que Cuarón le rinde al barrio de su infancia en Ciudad de México. En medio de ese quehacer cinematográfico están sus colaboraciones con sus amigos Alejandro González Iñárritu y Guillermo del Toro.

En cuanto a las 30 películas de ficción, documentales y cortometrajes que compiten en esta edición del 21 al 27 de septiembre de 2024, se reafirma la preponderancia del cine argentino, pero no como cine único. Venezuela y Panamá despiertan mucho interés. Hay que citar dos largometrajes : Querido trópico” (2024) de la realizadora panameña Ana Endara, con la actuación de la colombiana Jenny Navarrete al lado de la chilena Paulina García y de “Zafari”(2024) de la realizadora venezolana Mariana Rondón, que plasma una forma de verdad sin llevarnos a creer en ella, la realizadora sólo la constata.

“Querido trópico” con las actrices Paulina García (Chile) y Jenny Navarrete (Colombia)/ Foto MH Escalante

Pero para volver al caso argentino, habría que referirnos al cine “antes de Milei”, pues del cine “después de Milei” es demasiado prematuro trasponer en imágenes esa experiencia política. Podría decirse que por ahora la sombra de Javier Milei se pasea por las noches de Biarritz como un espectro que busca “matar” el cine en Argentina.

Ahora ya no se trata de denunciar las violaciones de los derechos humanos por parte de militares, sino de tentativas desestabilizadoras de un gobierno elegido por sufragio popular el cual amenaza con debilitar la producción cultural en ese país. Javier Milei argumenta que se trata de no financiar más programas socioculturales ligados a lo que él llama “La agenda 2030”, que favorece como se vio en el gobierno de Alberto Fernández la práctica generalizada del aborto, el feminismo militante impositivo, el fomento de la diversidad sexual para niños y niñas desde los planteles educativos y que además impone la escritura inclusiva en los documentos oficiales, lo cual estropea el buen uso del español. El medio cultural argentino estaría impregnado de esos preceptos mundialistas.

Para el medio cultural en cambio, es decir para productores, realizadores, actores, guionistas y demás profesionales de la producción cultural, de lo que se trata en realidad es de asfixiar su trabajo creativo al suprimir subvenciones estatales a varios organismos, entre ellos el más importante que es el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), el protector y un mecenas del cine en Argentina.

Las consecuencias positivas y negativas de los años de gobierno de Javier Milei pertenecen al futuro. No hubo tiempo para producir una película sobre ese “extraño presidente” que tomó posesión en diciembre 2023 pues ni en los comentarios de los asistentes al festival de Biarritz, ni en la versión de los realizadores argentinos que han venido a él, ni en las argumentaciones de los profesores del Instituto de Altos Estudios de América Latina (IHEAL) que organizaron una mesa redonda para hablar de “La Argentina de Milei”, se ha podido desentrañar la personalidad de este presidente que se dice paleo-libertario, enemigo de lo que él denuncia como “la casta”, destructor del Estado protector desde el interior de este mismo, y que con su banda y su bastón de presidente de la nación argentina grita desde cualquier estrado “viva la libertad carajo”.

Encuentros del Instituto de Altos Estudios de América Latina (IHEAL) con el moderador Olivier Compagnon. Tema : La Argentina de Milei / Foto MH Escalante

En sus treinta años de existencia, el Festival de cine de Biarritz ha dado cuenta de los estragos de las dictaduras en los países del Cono Sur, los ha acompañado en su regreso a la democracia, ha mostrado descomposiciones o composiciones políticas, económicas, sociales y ambientales en el resto del continente y hoy, cuando el ruido de las botas de los militares ya no asusta, nadie habría podido imaginar que se tuviera que temer nombres como Jair Bolsonaro en Brasil, Javier Milei en Argentina o Nayib Bukele en El Salvador, a los cuales las ciencias políticas han situado ya en la línea de gobernantes de extrema derecha.

El “Focus” Argentina vuelve a los años de Cristina Kirchner y Alberto Fernández, con jóvenes por las calles exigiendo el derecho al aborto en el cortometraje “Que sea ley” de Juan Solanas (2019) y ofrece una perspectiva sobre esa Argentina sin dictaduras pero con crisis agudas en plena democracia en documentales como “Memoria del saqueo” de Fernando E. Solanas (2004), que esclarece los años de Carlos Menem y los mecanismos que llevaron al país a la debacle económica.

“El aroma del pasto recién cortado” toma de pantalla.

Pero si se quiere una explicación más sosegada de realidad argentina actual, puede ser útil la película de ficción “El aroma del pasto recién cortado” (2024) de la realizadora Celina Murga, la cual nos deja penetrar en la Argentina de los sentimientos conyugales confrontados a la dura crisis económica en el país. Esta película en competición revela el mundo del saber y del conocimiento, de profesores universitarios que en cualquier momento pueden perder sus cátedras por una trampa que les tiende la llamada crisis de los cuarenta, pero al alcance de los dispositivos electrónicos de sus alumnos.

Para seguir con este cine, si quisiéramos visualizar la “cruda realidad” en América Latina, esto se logra con otra película en competición proveniente de una coproducción de Venezuela y Brasil. Se trata de “Zafari” (2024), de la realizadora Mariana Rondón, nacida en Barquisimeto, recordada en el Festival de Biarritz por su largometraje “Pelo malo”, ganadora en 2013 del premio Concha de Oro de la LXI edición del Festival de Cine de San Sebastián en España.

En “Zafari” es la historia de los habitantes de un barrio situado en la zona elegante de alguna ciudad en el mundo, cuyos vecinos están en el otro lado, en un barrio popular. El sector cuenta con un zoológico y el edificio elegante comporta una piscina que parece estar ahí para separar a esos dos mundos. Un día la burocracia local decide aumentar el atractivo del zoológico trayendo un hipopótamo de 800 kilos de peso que el gobierno nacional adquirió en un país africano. Los vecinos “de enfrente” serán los encargados de alimentar al animal y para estimular su labor los habitantes del barrio “bueno” deberán compartir con ellos su piscina. Las imágenes dejan ver un edificio en decadencia, los apartamentos en abandono, los escapes de agua se apropian de pisos y paredes, sus propietarios se han ido, la cocina quedó sin limpiar, pero no hay nada para comer.

“Zafari”, toma de pantalla

Ese lugar parece vencido por la carestía y el hambre y los antiguos acomodados de las clases medias superiores a tres pasos de convertirse en salvajes. Los que ellos consideran como salvajes, es decir los “de enfrente” no hacen otra cosa que adaptarse a una nueva adversidad. “Zafari” el hipopótamo, es el único ser viviente al que el Estado garantiza la comida diaria.

Hasta el día en que la corrupción de proximidad que permite la supervivencia, desvía las verduras y las frutas del animal hacia el mercado negro. Una zanahoria puede llegar a tener el mismo precio de una cena en un restaurante chic de esa ciudad abandonada por todos, salvo por las motos. Al final, queda la figura del hombre confrontado a sí mismo. ¿Cuánto tiempo puede resistir su buena educación cuando no tiene nada qué comer? Sólo los gobernantes que han perdido el
sentido de la realidad son capaces de introducir un hipopótamo en una ciudad agobiada por el hambre.

“Zafari”, toma de pantalla

El Festival Biarritz América Latina de cine es un evento que pone de manifiesto todas esas contradicciones en el continente americano, como bien lo destaca Jean Christophe Berjon, Delegado General del festival. Aquí se trata de un punto de encuentro, una cita con el cine, la literatura, la música, la fotografía y este año en especial con “Los Conversatorios”, organizado a las 11 de la mañana todos los días de festival en un espacio reducido de la gran sala de reuniones en el Casino de
Biarritz.

Poco importa que se haya pensado en un principio que Los Conversatorios harían venir a pocos interesados. Su éxito ha sido tan evidente que la gente que va llegando a ellos va a buscar más sillas para agrandarlo. El viernes 27 de septiembre será el día de los ganadores de este 33° Festival Biaritz Amérique
Latine, en esta ciudad francesa en la frontera con España, desde donde no se alcanzan a escuchar los estruendos de la guerra.

El actor Francisco Denis en la película “Zafari”, toma de pantalla.

El mercado de carbono

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Una de las propuestas de las que más se ha hablado es la de cambiar contaminación por bonos de carbono con los países que no contaminan. ¿Realmente este intercambio funciona a nivel mundial? Conversamos con la magíster e ingeniería ambiental, Ángela Rodríguez. Consultora en el grupo de mitigación de la Dirección de Cambio Climático y gestión del Riesgo del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia. Un tema relevante en estos tiempos de crisis climática que tanto preocupa al común de las personas.

Un sueño económico que no deja nada bueno para Suramérica y el mundo

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En la región amazónica, concretamente en julio de 2024, hubo un aumento del 33% en las alertas de deforestación en comparación con 2023. Según João Paulo Capobianco, secretario ejecutivo del Ministerio, julio suele ser el mes de mayor deforestación.

El desastre natural que enfrenta la Amazonía no solo afecta a Brasil, sino que repercute en todo el sistema climático de América del Sur, particularmente en la Cordillera de Los Andes y los países que dependen de su estabilidad climática. Conocida como el «pulmón del planeta», desempeña un papel crucial en el ciclo del agua y la regulación climática, su degradación tiene consecuencias dramáticas que comenzamos a experimentar.

La Amazonía, que abarca más de 5,5 millones de kilómetros cuadrados, es un vasto sistema de bosques tropicales que genera alrededor del 20% del oxígeno del planeta. Sin embargo, su contribución más importante es la capacidad de generar y distribuir vapor de agua, lo que mantiene el equilibrio climático en la región y más allá. A través de un proceso conocido como «ríos voladores», la selva libera grandes cantidades de vapor de agua en la atmósfera que viaja hacia el oeste, impactando el régimen de lluvias en toda Suramérica.

Según estudios del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPE) de Brasil, la deforestación ha reducido la capacidad de la Amazonía para funcionar como un regulador hídrico, lo que amenaza con intensificar las sequías en el continente. En particular, los científicos alertan que la pérdida de la cobertura forestal interrumpe el ciclo hidrológico que alimenta a la Cordillera de Los Andes, lo que provoca una menor cantidad de lluvias en regiones clave como los altiplanos de Bolivia, la selva peruana, los andinos de Ecuador, Colombia y Venezuela, los sistemas de glaciares y nieves de Argentina y Chile.

El ciclo del agua en la Amazonía y los Andes está intrínsecamente vinculado. Las masas de aire cargadas de humedad que se forman en la cuenca viajan hasta las alturas de Los Andes, donde descargan su humedad en forma de lluvias y nieve. Este proceso es vital para alimentar ríos y sostener los glaciares andinos, que a su vez proporciona agua a millones de personas. La Fundación MapBiomas ha estimado el sistema genera hasta 9 billones de toneladas de agua al año, vitales para el continente.

Investigaciones de la Universidad de California en Santa Cruz destacan que, con la disminución de los «ríos voladores», las proyecciones de sequías en regiones como la cuenca del Titicaca y los valles del sur de Perú son cada vez más alarmantes. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advierte que esta tendencia podría conducir a una reducción del 30% en la disponibilidad de agua en los Andes para 2050 si la deforestación continúa a este ritmo, que se acentúa por los incendios forestales. Esta realidad contribuye a la desaparición acelerada de glaciares como el Pastoruri en Perú y el Tuni Condoriri en Bolivia, que son fuentes esenciales de agua para las poblaciones locales.

El daño también afecta a los pobladores indígenas que según datos del Instituto Socioambiental (ISA) de Brasil, más de 200 comunidades dependen directamente de los recursos de la selva para su subsistencia. La deforestación y los incendios afectan directamente la calidad del aire, el acceso a alimentos y la salud de estas comunidades. Además, la degradación del suelo y las alteraciones del régimen de lluvias están dificultando la agricultura local, lo que lleva a una mayor vulnerabilidad.

Pero el desastre es mayor cuando se considera la biodiversidad afectada. Según un estudio de la Universidad de Sao Paulo, las especies vegetales y animales que dependen de los microclimas estables de la Amazonía están en riesgo de extinción. Entre 2019 y 2023, se estima que más de 2 millones de hectáreas han sido afectadas por incendios y deforestación, lo que ha causado una pérdida masiva de hábitats. La destrucción de la Amazonía pone en peligro a especies emblemáticas como el jaguar, el águila arpía y una vasta cantidad de plantas endémicas que juegan un papel vital en el ecosistema.

El impacto en la agricultura también es una preocupación central. En países como Ecuador y Bolivia, las comunidades rurales que dependen del agua de los glaciares para sus cultivos ya están experimentando dificultades. Un informe del Banco Mundial estima que la disminución de las precipitaciones y la reducción de los glaciares podría llevar a pérdidas agrícolas de hasta el 50% en ciertas regiones andinas para 2030, lo que afectaría tanto la seguridad alimentaria como los medios de vida de miles de personas.

Desde el punto de vista económico, esta destrucción tiene implicaciones devastadoras, particularmente para las economías agrícolas que dependen de un clima estable y la disponibilidad de agua. La agricultura y la ganadería son las principales actividades en las áreas circundantes de la Amazonía que busca extender la frontera agrícola con consecuencias aún no medidas totalmente, pero que se estima ocasionará la ruina económica del gigante de Suramérica. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), las sequías severas pueden reducir el rendimiento agrícola en un 40%, afectando cultivos esenciales como el maíz, la soja y el café, todos ellos productos clave para las exportaciones de Brasil y otros países de continente.

Al romper el ciclo natural del agua con la deforestación, se provoca una reducción significativa en la fertilidad del suelo. Las tierras robadas a la selva presentan un desafío de sostenibilidad a largo plazo. Si bien la conversión de bosques en áreas agrícolas puede parecer lucrativa en el corto plazo, los suelos amazónicos, en su mayoría, son frágiles y de baja calidad para la agricultura intensiva. Sin la cubierta forestal, estas tierras pierden rápidamente su capacidad de retener nutrientes y agua, lo que las convierte en suelos infértiles después de pocos años de trabajo. Y lo que fuera un vasto verde, será un nuevo desierto en el planeta.

La inversión en técnicas agronómicas para mejorar estos suelos, como el uso de fertilizantes, sistemas de riego y la rotación de cultivos, es costosa y no garantiza rentas perdurables. Los estudios del Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA) han demostrado que las tierras deforestadas tienen una vida útil agrícola de solo 10 a 15 años antes de volverse improductivas, lo que lleva a una mayor presión para deforestar aún más, creando un círculo vicioso de degradación ambiental y empobrecimiento general del país y de Suramérica.

La desaparición de ríos y cuerpos de agua por la destrucción está afectando gravemente las rutas comerciales donde las comunidades rurales dependen del transporte fluvial para llevar sus productos al mercado. Según un estudio de la Universidad Federal de Minas Gerais, el transporte fluvial en la cuenca amazónica mueve alrededor del 60% del comercio agrícola de la región. La pérdida de estos ríos implica mayores costos de transporte por vía terrestre, lo que a su vez reduce la competitividad de los productos agrícolas en los mercados nacionales e internacionales.

A largo plazo, la continua pérdida de este ecosistema crítico afectará gravemente la capacidad de Brasil y los países andinos para mantener su producción agrícola, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria de millones de personas y afectando directamente sus economías. La presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva, ha mostrado un renovado compromiso para reducir la deforestación, revirtiendo muchas de las políticas laxas implementadas por su predecesor, Jair Bolsonaro. Según el Ministerio de Medio Ambiente de Brasil, en el primer semestre de 2024, la deforestación en la Amazonia se redujo en un 33%, en comparación con el mismo período del año anterior.

Además, iniciativas internacionales como el Acuerdo de París y el Pacto Leticia, firmado por países amazónicos, buscan coordinar esfuerzos para preservar el bosque tropical más grande del mundo. Sin embargo, los expertos señalan que sin un cambio significativo en las políticas económicas que impulsan la deforestación —como la expansión agrícola, la minería ilegal y la tala— estos esfuerzos podrían ser insuficientes para detener la degradación de la Amazonia y proteger su papel crucial en todos los ecosistemas de Suramérica. Y hay que recordar que volver a tener estos bosques implican décadas y no surgen de un momento a otro.

El daño está causado y remediarlo es complejo, costoso y no hay garantías que se logre por las presiones económicas ciegas que no entienden el problema que afecta de forma directa a Suramérica, al planeta acelerando la crisis climática ahora y en los años por venir.

La opción de los E-cars, retos y sombras en un planeta que requiere energía limpia y permanente

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Una industria que crece en China, mientras que los productores tradicionales de occidente la están pasando mal, llegaron tarde.

En estos meses de intenso calor, sequías y en general de crisis climática, cabe preguntarse si están dadas las condiciones para que la movilidad eléctrica pueda en realidad extenderse y masificarse en el planeta. Esta alternativa se ha presentado como la solución clave en la lucha contra el cambio climático, ofreciendo una opción más limpia frente a los vehículos de combustión interna. Sin embargo enfrenta una serie de desafíos económicos, geopolíticos y tecnológicos que la frenan para que se extienda.

Al igual que la movilidad de motores de combustión interna, los eléctricos depende de recursos naturales, particularmente el litio, que es fundamental en la producción de baterías. Las reservas mundiales de este mineral están altamente concentradas en países como Chile, Argentina, Bolivia y Australia, lo que plantea problemas geopolíticos y de sostenibilidad.

La extracción de litio no solo genera preocupaciones ambientales, como la contaminación de aguas y la destrucción de ecosistemas, sino que también afecta a las comunidades locales que dependen de estos recursos. Estas explotaciones están ubicadas en zonas áridas y requiere gran cantidad de agua para lograr el preciado mineral.

La planta de Sales de Jujuy en el salar de Olaroz, en la provincia argentina de Jujuy. Sales de Jujuy.

Ante esta realidad en China se están desarrollando otras tecnologías como las baterías de estado sólido, que prometen mayor seguridad y eficiencia. Sin embargo, estas tecnologías aún están en desarrollo y requieren inversiones significativas para su comercialización. Sin un avance en este ámbito, la movilidad eléctrica seguirá siendo vulnerable a las fluctuaciones en el suministro de litio y a los impactos ambientales que su extracción genera en acuerdos de explotación y comercialización de grandes multinacionales y gobiernos proclives a convenios desventajosos para los países.

Pero al igual que los motores de combustión interna, la movilidad eléctrica necesita energía para funcionar. En este caso, está ligada a la forma en que se produce la electricidad a nivel global. A pesar de los avances en energías renovables, muchas regiones del mundo todavía dependen de combustibles fósiles para generar electricidad, o de las lluvias para mantener las hidroeléctricas, que en el presente año, en Suramérica por ejemplo, pasa por situaciones críticas por temas de cambio climático y los efectos del El Niño y La Niña.

Esto significa que, aunque los vehículos eléctricos no emiten CO2 directamente, el impacto ambiental de su uso depende de la fuente de energía utilizada para cargarlos, por ello es fundamental modernizar la infraestructura eléctrica para soportar el aumento en la demanda de electricidad. La instalación de puntos de carga accesibles es un reto significativo, especialmente en áreas rurales o menos desarrolladas, así la creación de redes de carga eficiente y distribuida es vital para fomentar la adopción masiva de vehículos eléctricos, que para el caso del continente, es bastante precaria.

Hay otro factor que dificulta que estas tecnologías de movilidad crezcan lo suficiente para ser universales, la competencia en la industria automovilística que dominaba USA y Europa, pero ahora está dominada por China, que se ha posicionado como líder en la producción de vehículos eléctricos.

Desde los inicios de este siglo se han implementado políticas de investigación, desarrollo subsidios y apoyo a la industria, que han permitiendo que los fabricantes asiáticos crezcan y dominen rápidamente el mercado. Esto ha generado tensiones comerciales donde las industrias automovilísticas tradicionales están luchando por adaptarse a este nuevo paradigma y no naufragar en estas guerras comerciales.

Así por ejemplo, la industria automovilística alemana, famosa por sus marcas icónicas como Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz, enfrenta una crisis significativa. Durante décadas, Alemania fue líder en tecnología automotriz, pero ahora se encuentra rezagada en la transición hacia la movilidad eléctrica, considerando que su mercado, más que Europa es China, y allí la tienen perdida.

En general la industria tradicional ha revelado falta de preparación tecnológica y a pesar de los planes para lanzar modelos eléctricos, los retrasos en la producción y la integración de nuevas tecnologías han puesto en riesgo su posición. Esta crisis también se refleja en la reducción de empleos y en la necesidad de reentrenar a la fuerza laboral para que se adapte a las nuevas realidades del sector, lo que significa reconvertir, despedir personal y enfrentar huelgas.

Como toda tecnología aún sigue siendo muy costosa en las marcas tradicionales, si bien se ha logrado disminuir algo, siguen siendo más altos que sus contrapartes de combustión interna. Esto limita el acceso a la tecnología para muchas personas, especialmente en regiones donde el poder adquisitivo es bajo, como es el caso de Suramérica. Además que las políticas gubernamentales no siempre son suficientes para cerrar la brecha de precios, que implican además los costos asociados con la carga y el mantenimiento de los VE que también deben ser considerados, ya que pueden impactar la percepción de los consumidores sobre la viabilidad económica de la movilidad eléctrica.

Montar a nivel nacional toda la infraestructura eléctrica suficiente para disponer de cargadores y muy especialmente de electricidad, siguen siendo un reto general, y ante las realidades de la crisis climática es aún más relevante esta situación, que perfectamente puede dar al traste con esta tecnología. Así como hay racionamientos de agua, los hay de electricidad y cabe considerar las prioridades de las comunidades.

Aún falta mucho para que la energía fotovoltaica, la eólica y otras alternativas verdes sean las más relevantes en el continente, que hoy se debate ante una crisis que en buena parte es producto de los motores de combustión interna que transitan diariamente, demandando combustibles fósiles y contaminando aún más la atmósfera.

El futuro inmediato de los E-cars depende de abordar de manera integral problemas relacionados con la extracción de recursos, la producción de energía, la competencia internacional y la accesibilidad económica. La colaboración entre gobiernos, industrias y comunidades será esencial para fomentar una transición hacia una movilidad eléctrica sostenible y accesible para todos, aunque otras opciones como los motores movidos por aire comprimido aún están ahí, esperando que la gran industria de autos y petróleo lo permitan.

El ciclo del fuego alterado, afecta el ciclo del agua y la vida en general

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Los incendios de hoy en buena parte son causados por la crisis climática que rompe todos los ciclos de la naturaleza.

En muchos ecosistemas, el fuego es una fuerza natural que estimula la regeneración de las especies vegetales. En las regiones mediterráneas, sabanas y bosques boreales, el fuego elimina la materia orgánica muerta y permite que las plantas que dependen de la alta temperatura para germinar puedan hacerlo. Sin embargo, la intervención humana ha alterado significativamente este equilibrio. El aumento de las temperaturas globales y las actividades que promueven el desarrollo urbano en zonas boscosas han multiplicado los incendios forestales, despojando al ciclo natural de su rol regenerativo y transformándolo en un factor destructivo.

Los incendios forestales son ahora una amenaza global, con eventos devastadores en diferentes partes del planeta. En los últimos años, grandes incendios en la Amazonia, Canadá, Australia, Siberia, California y la región mediterránea han captado la atención mundial por su magnitud y severidad. En regiones como el Amazonas, donde los incendios son inducidos para extender la frontera agricultura y la ganadería, se pierde uno de los mayores pulmones del planeta, vital para la absorción de dióxido de carbono y el mantenimiento del equilibrio climático global.

El aumento en la frecuencia de estos incendios no es una coincidencia. El calentamiento global ha incrementado las olas de calor y la sequía, condiciones perfectas para que el fuego se propague rápidamente. Además, la deforestación y la fragmentación de los ecosistemas han debilitado su capacidad de resistencia, haciendo que cada incendio sea más devastador.

Los árboles y la vegetación que tardaron décadas o siglos en crecer son destruidos en cuestión de días o incluso horas. Esta destrucción tiene implicaciones graves para el ciclo del carbono, ya que los árboles son sumideros naturales que almacenan dióxido de carbono. Cuando un bosque arde, no sólo se libera el CO2 acumulado, sino que también se pierde la capacidad futura de absorción, exacerbando el problema del cambio con lo que se logra aumentar el calentamiento global y así mantener el ciclo de calor, sequía, vientos y fuego.

La recuperación de los bosques tras un incendio puede tardar mucho tiempo, y en algunos casos, nunca se produce completamente. Esto depende de varios factores, como el tipo de ecosistema, la magnitud del incendio y las condiciones climáticas posteriores. Por ejemplo, en regiones áridas o semiáridas, el restablecimiento de la vegetación puede tardar siglos o nunca ocurrir si las condiciones cambian significativamente. En áreas más húmedas, los bosques pueden comenzar a regenerarse en décadas, pero la biodiversidad original y las funciones ecológicas pueden tardar mucho más si es que se logran rehabilitar y prosperar.

Los ecosistemas forestales albergan una increíble diversidad de vida, desde grandes mamíferos hasta pequeños insectos, pasando por miles de especies de plantas y microorganismos. Cuando un incendio arrasa un área, muchas de estas especies se ven amenazadas o desaparecen. Las especies más vulnerables son las que tienen hábitats restringidos o las que dependen de características específicas del ecosistema, como la humedad del suelo o la sombra de ciertos árboles, son de muy difícil recuperación y tardará mucho tiempo en volver a vivir en esos ecosistemas.

Los animales que logran escapar de los incendios deben lidiar con la falta de alimento y refugio, lo que aumenta la mortalidad post-incendio. Además, la fragmentación del hábitat dificulta su recuperación de las especies, que ya no cuentan con corredores ecológicos para desplazarse y en general desarrollar sus existencia.

Pérdida de caudales de ríos y cuerpos de agua, muchos de los cuales irrecuperables.

Otro impacto importante de los incendios forestales es la desaparición de los cuerpos de agua. Los incendios afectan gravemente el ciclo hidrológico al destruir la vegetación que regula el flujo del agua. Los árboles y otras plantas juegan un papel fundamental en la captación y retención del agua de lluvia. Sin vegetación, las precipitaciones no son absorbidas adecuadamente, lo que puede llevar a la erosión del suelo, la sedimentación de los ríos y lagos, y la eventual desaparición de cuerpos de agua. En el caso de la Amazonía se pierden «los ríos voladores», que nutren de agua y nieves al sistema de la Cordillera de los Andes.

Además, los incendios pueden alterar las cuencas hidrográficas, lo que reduce el suministro de agua dulce disponible para las comunidades humanas y los ecosistemas. Esto es particularmente preocupante en áreas donde los incendios forestales son recurrentes, como en California o Australia, donde las aguas en líneas generales son escasas y lo serán aún más por estas conflagraciones.

Pero el daño no solo se queda en la superficie, el humo que genera los incendios contiene partículas finas y gases tóxicos como el monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles que afectan gravemente la calidad del aire. Esta contaminación puede extenderse a millas de kilómetros del sitio del incendio, afectando no solo a las áreas cercanas, sino también a grandes ciudades.

La exposición prolongada de este humo tiene efectos nocivos en la salud humana, exacerbando enfermedades respiratorias y cardiovasculares aumentando el riesgo de muerte prematura. La ceniza, por su parte, contamina los suelos y los cuerpos de agua, lo que afecta a la agricultura y las fuentes de agua potable. Las cenizas depositadas en los ríos y lagos pueden provocar la eutrofización, un proceso que agota el oxígeno en el agua, afectando la vida acuática de plantas, anfibios y peces.

Los incendios forestales no solo representan una tragedia ambiental, sino que también tienen profundas repercusiones en la economía regional de países como Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina y Brasil, que dependen de sus recursos naturales, incluidos los bosques, para el desarrollo económico, y los incendios generan pérdidas multimillonarias que afectan a diversos sectores.

En Argentina, por ejemplo, los incendios en áreas rurales han destruido cultivos de soja, maíz y pastizales, afectando tanto a los agricultores como a los ganaderos que dependen de estos recursos. En Brasil, la deforestación inducida por el fuego, especialmente en la Amazonía, muchas veces promovida por intereses económicos, genera un desequilibrio a largo plazo, pues la pérdida de biodiversidad y la exposición de suelos frágiles de lo que antes era un bosque húmedo reduce la productividad a futuro.

Hay además una consecuencia fatal para todos los ecosistemas al perderse el ciclo natural del agua que muchas veces es irrecuperable. En el caso de Suramérica representa nieves y glaciares en la Cordillera de Los Andes que nutren de agua a países del Cono Sur, además que se afectan las zonas de bosque altoandino y otras regiones circundantes no solo destruyen la vegetación, sino que también alteran de manera significativa la dinámica hídrica de la cordillera.

En general la recuperación de los sistemas afectados por los incendios es muy difícil por cuanto el equilibrio natural del ecosistema está destruido en muy buena parte, y depende del tipo de bosque y del clima. En los bosques boreales, la regeneración puede tardar décadas, mientras que en los trópicos, los bosques pueden no recuperarse por completo debido a las condiciones climáticas cambiantes. En muchos casos, los incendios recurrentes impiden que los ecosistemas completen su proceso de regeneración, lo que lleva a una degradación continua y, eventualmente, a su desaparición.

Además, los incendios a menudo alteran el equilibrio de las especies en un ecosistema. Las especies invasoras, que suelen ser más resistentes al fuego, pueden proliferar tras un incendio, desplazando a las especies nativas y cambiando la composición del ecosistema. Esto puede tener efectos duraderos en la biodiversidad.

El ciclo del fuego, un fenómeno natural que ha moldeado los ecosistemas durante milenios, se ha convertido en una amenaza debido a la acción humana y al cambio climático. La recuperación de los ecosistemas tras estos incendios es lenta y, en muchos casos, incompleta, lo que pone en peligro la estabilidad ecológica y climática del planeta. Enfrentar esta crisis requiere de un enfoque global que aborde tanto la mitigación de los incendios, la restauración de los ecosistemas dañados y un cambio total del uso del suelo y limitar de forma efectiva las fronteras agrícolas, especialmente cuando se tratan de selvas tropicales como la del Amazonas que se ve atropellada por temas económicos a costa, en buena parte, de la estabilidad climática de Suramérica.

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