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Lugares urbanos que nos ayudan a vivir mejor y buscar otras formas de habitar la ciudad

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Parque San Martín en la ciudad de Mendoza, 394 hectáreas de bosque que tienen un complejo sistema de riego por acequias y canales en una ciudad semidesértica.

Cuando se visita una ciudad, más allá de los museos, teatros, restaurantes, playas, hoteles o barrios tradicionales, lo que se busca casi siempre son los parques, y no precisamente los de Disney o sus similares en igual o menor escala. Se busca, árboles, jardines, fuentes, esculturas, lagos, y de forma especial senderos por los que se pueda caminar, usar bicicletas o trotar, y no estamos hablando de recorridos cortos e insulsos. Estamos hablando de pasar un buen tiempo en estos espacios que nos conectan con dos mundos, el verde natural, y el gris artificial de la ciudad.

Parques como Central Park (Nueva York), Hyde Park (Londres), Hangang Park (Seúl), Griffith Park (Los Angeles), Golden Gate Park (San Francisco), Parc Güell (Barcelona), Parque Ibirapuera (Sao Paulo), Shinjuku Gyoen National Garden (Tokio), Parque del Retiro (Madrid), Bosque de Chapultepec (Ciudad de México), Parque San Martín (Mendoza- Argentina), Parque Dueña Sarah Kubitschek (Brasilia), Cerro San Cristóbal (Santiago de Chile), Parque Paseo de las Américas – Lago de Regatas (Buenos Aires), por mencionar algunos, tienen la característica de ser bosques diseñados, de tener rutas caminables y en general toda una estética de belleza natural, orden, limpieza y seguridad.

Lo verdaderamente interesante es que en las metrópolis no solo se limiten a un parque en especial, que de suyo es orgullo de sus habitantes, lo ideal es que deberían existir muchísimos más parques que responden al gigantismo urbano, a la constante densificación vertical y al diseño de vías y estructuras dedicadas a la movilidad de vehículos particulares y de servicio público reservados, como los taxis. No es el caso de los sistemas masivos como trenes, metros y buses, estos últimos en procesos de electrificación que tienen vías dedicadas.

La idea del auto propio que va más allá de la comodidad y libertad de desplazamiento, nos lo han vendido como signo de estatus económico, social que habla de su dueño. La realidad es que una construcción publicitaria propia de sociedades de alto consumo, y donde el diseño urbano está dedicado al vehículo particular. Y es aquí donde la visión puede cambiar en beneficio de todos. Desplazarse en las ciudades diariamente implica gastos personales y de la ciudad.

En las ciudades latinoamericanas, el desplazamiento de los trabajadores van de extremo al otro extremo de la urbe. Los oficinistas de igual manera son obligados a desplazarse, lo mismo los dependientes de todo tipo de comercio. Pero, en la pandemia del COVID 19, la tecnología nos abrió una posibilidad de trabajar desde casa, tendencia que se ha ido especializando en ciertos trabajos y empresas, y que hoy se le suma la robotización y la inteligencia artificial. Esta realidad nos muestra lo que viene en un futuro muy cercano.

La tecnificación que ha sido criticada por tantos, puede ser una puerta a un mejor vivir de las personas y las comunidades. Los seres humanos fueron convertidos en maquinaria a través de procesos como la esclavitud franca y real, a las nuevas formas disimuladas en factorías de todos los tipos y dimensiones. Lo que importa es el rendimiento del capital, la venta de los productos y dominar los mercados, sacando del mismo a los competidores, bien por razones políticas globales, locales o nacionales. Y al igual que en los tiempos del mercantilismo británico, se busca que los países no industrializados sean consumidores de productos importados y exportadores de materias primas.

Las nuevas tecnologías, y la necesidad urgente que las generaciones recientes se dediquen al desarrollo tecnológico, que no debe ser un privilegio de unas supuestas mentes brillantes, puedan cambiar las dinámicas laborales, de vivir en la ciudad y poder tener una vida muy distinta a lo que son hoy en día estos lugares de marcadas diferencias que se notan en todas las realidades que allí se desarrollan.

Los grandes parques urbanos se pensaron para el solaz de unos pocos, la realidad es que hoy marcan diferencias en el modo de vivir y existir en la ciudad. Para gozarlos se requiere tiempo, otra forma de trabajar, recibir ingresos, entender la ciudad y dejar de simplemente existir para comenzar a vivir. de una forma más humanizante y amable.

Hoy además de considerar grandes grupos habitacionales, lo primero que se debería tener en cuenta es el parque, el bosque, los jardines y senderos donde podemos sentirnos a gusto, en una urbe donde se puede trabajar sin desplazamientos prolongados, costosos, angustiantes e inseguros.

Los centros fabriles deben ser rediseñados para intercalar espacios verdes, que además de ser recreativos, son filtros del aire en zonas altamente contaminadas que siguen afectando la calidad de vida de todos en el planeta, acelerando procesos como la crisis climática y la destrucción de recursos vitales como el agua, y con ella corrientes acuáticas de todos los niveles y la biodiversidad que le acompaña.

Es necesario otra visión y diseño urbano, otras formas de trabajar, aprovechar las tecnología y la IA para hacer de la vida urbana algo más satisfactorio, digno y en donde sus residentes encuentren lugares de recreación, descanso y encuentro. Todo está aún por hacer y no solo depende de las administraciones municipales, la comunidad tienen un papel fundamental.

Por ahora cada vez que pueda viajar al exterior o en el interior de su país, no deje de visitar, recorrer y disfrutar de los grandes parques urbanos que ha sido concebidos como bosques, jardines y senderos diseñados para la alegría de sentirnos entre la naturaleza porque ella se recrea en la vida.

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