Inicio Vida Buena Eficiente medicina contra un alto porcentaje de dolencias autoinflingidas

Eficiente medicina contra un alto porcentaje de dolencias autoinflingidas

Lograr vivir en paz parte de la sencillez, humildad, generosidad que nos apartan de la soberbia, arrogancia y poder sin límites, que tanto mal genera en lo personal como en la humanidad.

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La humildad es la gran antagonista del más mortífero de los vicios: la soberbia.

De entrada no soy médico, ni psicólogo, terapista, antropólogo o sociólogo, pero la experiencia y ejemplos de vida me han dado un remedio, muy eficiente, para sacarnos de una inmensidad de problemas que nos acongoja todos los días, especialmente en la ciudades.

El tema es sencillo. Desde que nacemos estamos en una competencia feroz contra todo el mundo, somos llamados a ser los mejores, en todas las formas posibles, debemos ser extraordinarios en todas nuestras acciones diarias. En las ciudades esa competencia es vertiginosa: en el colegio, universidad, en lo laboral, en lo social, en las aficiones, hasta el punto que vamos al gym no solo a estar físicamente en condiciones, allí se va para vernos y que nos vean que sí podemos y que damos el ciento por ciento en belleza física para cumplir con un modelo de belleza estandarizado tanto para ellas como para ellos. Pero ese es solo un ejemplo de tantos otros, que van en escala ascendente.

Desde el jardín de infantes, hasta los cargos de responsabilidad política, social y económica a nivel macro estamos compitiendo. En este tipo de ambientes no se pueden equivocar, y si lo hacen, su arrogancia es tal que pasan por encima de cualquier consideración posible, y de ahí se generan las guerras y no precisamente con armas, también con normas y arrebatos dictatoriales de todos los calibres.

Es una historia que se ha repetido innumerables veces en la humanidad. Todos los imperios se fundamentan en ello, algunos con un poco más o menos tolerancia sobre los conquistados, todos se basan en lo mismo, la arrogancia del poder sin límite, que lo único que reconoce es su propio poder. Lo interesante es que todos los imperios han caído y seguirán haciendo lo propio en nuestros tiempos.

La arrogancia enferma, desequilibra y crea dolencias mentales, de comportamiento, que casi siempre terminan en padecimientos críticas como el cáncer en sus diferentes manifestaciones. Con los años los arrogantes se van quedando solos porque nadie se los aguanta literalmente. Los empleados sumisos ante un ingreso acceden, pero las demás personas no les soporta y descubren las artimañas que usa para utilizarlos en sus fines, porque primero son ellos, lo demás es usable y descartable.

Este mal nos lo venden todos los días en la idea de la sociedad en la que desarrollamos nuestra existencia, donde nos proponen metas por lograr, de lo que se entiende como éxito enmarcado en el tener desde cosas a títulos y por supuesto dinero y todo lo que puede comprar. En eso se nos va la vida y en muchos casos vamos dejando de lado la humildad, que genera antibióticos como la mansedumbre, la misericordia y la pureza de corazón. Esta disposición interior nos ayuda a combatir el orgullo y los delirios de grandeza que tantas veces surgen dentro de nosotros y combatir de forma eficaz esta enfermedad que nos va minando cada día.

Se suma la paciencia, el respeto a los demás y a uno mismo. Y algo muy importante que es olvidado con mucha frecuencia, podemos tener cosas pero jamás podremos ser dueños de el tiempo, que es además inexorable y por ahora, siempre nos dejará atrás. Así que la humildad es la gran antagonista del más mortífero de los vicios, la soberbia. Hoy vemos en las noticias las guerras que tristemente estamos presenciando, si se analiza a fondo encontramos que los dueños del poder son víctimas de estas enfermedades, que les impide acabarlas, acosta de muerte y destrucción de las personas que están en el escenario de sus locuras de poder.

El Papa Francisco nos recomienda considerar que “La humildad lo es todo. Es lo que nos salva del Maligno y del peligro de convertirnos en sus cómplices. Y la humildad es la fuente de la paz en el mundo y en la Iglesia. Donde no hay humildad hay guerra, hay discordia, hay división. Dios nos ha dado ejemplo de ello en Jesús y María, porque [ellos son…] nuestra salvación y nuestra felicidad” .

Aún si no se es teísta, por simple ensayo, cambie la actitud arrogante, soberbia y cosificada de la vida, quizás logre tener una vida más reconciliada, tranquila y sin enfermedades crónica auto desarrolladas por nuestra manera de vivir. Muy probablemente su economía va a mejorar por la disminución de gastos buscando salud.

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