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Una apuesta que ahora ocasiona muchos problemas sociales presentes y futuros

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Corea del Sur es conocida mundialmente por su rápido desarrollo económico, avances tecnológicos, y una cultura pop influyente, pero detrás de esta fachada moderna y vibrante, se esconde una realidad social compleja y preocupante.

En un país donde las expectativas de éxito personal son extremadamente altas, la presión por cumplir con estándares académicos, profesionales y estéticos ha creado una sociedad en la que muchos luchan para estar a la altura de estas demandas.

El camino hacia el éxito comienza desde una edad muy temprana. El sistema educativo surcoreano es notoriamente exigente, con estudiantes que pasan largas horas en la escuela y en academias privadas, conocidas como «hagwons», para mejorar sus habilidades y asegurar un lugar en las universidades más prestigiosas. Según un informe de la OCDE, los estudiantes surcoreanos pasan un promedio de 16 horas al día en actividades relacionadas con la educación.

El «Suneung», el examen de ingreso a la universidad, es un evento nacional que prácticamente detiene al país. Este examen, que se realiza una vez al año, es considerado por muchos como el determinante final del futuro de los jóvenes.

Las tasas de ansiedad, depresión y suicidio entre los estudiantes aumentan significativamente durante la preparación para este examen. Los resultados del Suneung no solo definen la admisión universitaria, sino también el prestigio social y las oportunidades laborales futuras, lo que genera una presión insostenible.

La belleza física junto a la moda en el vestuario son obsesión nacional. El país tiene uno de los mercados de cirugía plástica más grandes del mundo, y la búsqueda de la perfección física se ha convertido en un determinante de vida.

Los modelos de belleza están altamente estandarizados, dictan una apariencia casi inalcanzable para muchos: piel clara, rostro simétrico, delgadez extrema y ojos grandes son solo algunas de las características deseadas. Este fenómeno ha llevado a que un gran número de personas, especialmente jóvenes, recurran a la cirugía plástica a una edad temprana para ajustarse a estos estándares.

El impacto psicológico es profundo, porque la obsesión por la apariencia no solo afecta la autoestima, sino que también crea una cultura de exclusión donde aquellos que no cumplen con los estándares de belleza son marginados socialmente. Un estudio de la Universidad de Yonsei reveló que más del 60% de los jóvenes surcoreanos se sienten insatisfechos con su apariencia, y el país tiene una de las tasas más altas de cirugías estéticas per cápita.

Ese propósito de ser el más exitoso en sus profesiones y trabajos ha generado un notable decrecimiento en las tasas de matrimonio y natalidad. La tasa de fecundidad en Corea del Sur es la más baja del mundo, con solo 0.78 nacimientos por mujer en 2023. Se suman además varios factores, entre ellos el costo de vida elevado, la falta de apoyo para el cuidado infantil, la independencia de las mujeres de reglas sociales que las limitan y la creciente preferencia de los jóvenes por la vida soltera.

La presión económica también juega un papel importante. Muchos jóvenes surcoreanos sienten que no pueden permitirse el lujo de casarse y tener hijos, ya que los costos asociados con la crianza de un niño y el mantenimiento de una familia son prohibitivos. Además, las largas horas de trabajo y las expectativas profesionales hacen que sea difícil para las parejas equilibrar el trabajo y la vida familiar, lo que contribuye al decrecimiento en las tasas de matrimonio.

La soltería se está convirtiendo en una opción cada vez más popular entre los jóvenes, quienes prefieren enfocarse en sus carreras o disfrutar de una vida independiente sin las responsabilidades de una familia. Sin embargo, esta tendencia también tiene un lado oscuro, ya que muchos solteros experimentan sentimientos de soledad y alienación, exacerbados por la presión social para cumplir con los ideales tradicionales de éxito y felicidad.

El impacto de esta visión del éxito es evidente en la alta tasa de problemas de salud mental en el país. La constante competencia para ser el mejor, ya sea en el ámbito académico, profesional o personal, deja a muchos sintiéndose insuficientes y agotados. La falta de un equilibrio saludable entre trabajo y vida personal también contribuye a la insatisfacción generalizada.

Así el país tiene una de las tasas de suicidio más altas del mundo, con 24.1 suicidios por cada 100,000 habitantes en 2023. Los jóvenes y los ancianos son los grupos más afectados, aunque el problema se extiende a todas las edades.

Los ancianos, en particular, a menudo se sienten abandonados y sin recursos, mientras que los jóvenes luchan con la presión de cumplir con estándares imposibles en un entorno altamente competitivo. La estigmatización de los problemas de salud mental también impide que muchas personas busquen la ayuda que necesitan.

Un sondeo del Ministerio de Salud y Bienestar de Corea del Sur realizado entre 15.000 personas de entre 19 y 34 años en 2023 encontró que más del 5% de los encuestados estaban en aislamiento.
Si esto fuera representativo de la población general de Corea del Sur, significa que alrededor de 540.000 personas se encuentran en la misma situación. Foto de Toshifumi Taniuchi.

En respuesta a estas presiones y realidades, un número creciente de surcoreanos está optando por la soltería y el aislamiento social. El fenómeno de los «hikikomori», personas que se retiran de la sociedad para vivir en aislamiento, está en aumento ya que se sienten incapaces de cumplir con las expectativas sociales y eligen vivir como «fantasmas» para evitar la vergüenza y la presión.

Conscientes de la magnitud de los problemas sociales que enfrentan, las autoridades surcoreanas han implementado varias políticas para intentar mitigar estos desafíos. Sin embargo, los resultados han sido mixtos.

En el ámbito educativo, el gobierno ha tratado de reducir la carga académica de los estudiantes. Han introducido reformas para limitar las horas de estudio en las academias privadas y han implementado programas de apoyo psicológico en las escuelas para ayudar a los estudiantes a manejar el estrés. Sin embargo, la presión por el «Suneung» sigue siendo intensa, y muchos padres y estudiantes continúan viendo el éxito en este examen como el único camino hacia un futuro próspero.

Respecto a los estándares de belleza, el gobierno ha lanzado campañas de concienciación para promover la diversidad y reducir la presión por la perfección física. Sin embargo, estos esfuerzos han tenido un impacto limitado en una sociedad profundamente arraigada en ideales estéticos rígidos. La cultura de la cirugía plástica y la obsesión por la apariencia siguen siendo prevalentes, y se necesitará un cambio cultural más amplio para que estas campañas sean realmente efectivas.

En cuanto a la baja tasa de natalidad y el decrecimiento de matrimonios, el gobierno surcoreano ha introducido varias medidas para fomentar la formación de familias. Estas incluyen incentivos fiscales para las parejas casadas, subsidios para el cuidado infantil y programas de vivienda para jóvenes. A pesar de estos esfuerzos, muchos jóvenes continúan retrasando o evitando el matrimonio y la maternidad, citando preocupaciones económicas y laborales.

Para abordar el aumento en las tasas de suicidio y los problemas de salud mental, Corea del Sur ha ampliado los servicios de salud mental y ha lanzado campañas para reducir el estigma asociado con buscar ayuda. También han establecido líneas de ayuda y servicios de intervención en crisis. Aunque estas medidas han proporcionado un mayor apoyo, el problema persiste debido a la profunda presión social y la falta de un enfoque integral que aborde las causas subyacentes del estrés y la desesperación.

Ante el fenómeno del aislamiento social y la soltería, el gobierno ha implementado programas comunitarios destinados a reintegrar a los «hikikomori» y a otros individuos aislados. También se han creado iniciativas para fomentar la interacción social y proporcionar apoyo a aquellos que se sienten marginados. Sin embargo, el éxito de estas iniciativas ha sido limitado, y muchos de los afectados continúan optando por el aislamiento.

Este modelo de sociedad la estamos viendo en series de televisión, en artistas que cumplen los parámetros de belleza y en general en las redes sociales, algunas promoviendo, y muchas acusando esta forma de vivir que es inhumana, porque la búsqueda de la perfección a toda costa y nivel es un sueño humano, pero no es la realidad de las personas, que tienen talentos distintos e historias de vida que ayudan o no a superar las propias expectativas de vida.

Hoy nuestra sociedad se mueve en el mundo de los que no quieren hacer absolutamente nada, los avivatos y explotadores de siempre y aquellos que buscan la perfección en un modelo establecido por temas políticos, culturales, económicos alejados de lo que representa la dignidad, humanidad, solidaridad y virtudes humanas que hacen la diferencia entre el tener y el ser.

Una estrategia repetida muchas veces y otras tantas puesta a funcionar

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En ciclos económicos, políticos, tecnológicos y culturales, la historia de los imperios se repite. Todo cambia, para que nada cambie.

Cuando nos acercamos a las noticias diarias y a la historia de nuestra civilización, resulta que los factores que la determinan siguen siendo los mismos. Basta revisar la historia económica, política, militar y la búsqueda de la hegemonía global para darse cuenta de la ruta que se sigue.

España y Holanda se basaron en la explotación de recursos y el comercio global, respectivamente, mientras que Francia e Inglaterra aprovecharon tanto el poder militar como la influencia cultural y económica. Estados Unidos y China, por su parte, han demostrado que el poder en el siglo XX y XXI también depende de la innovación tecnológica y la capacidad de liderar en un mundo cada vez más interconectado.

Las guerras económicas han sido un factor determinante en la dinámica entre estos imperios. Las guerras entre España, Holanda, Francia e Inglaterra no sólo fueron militares, sino también económicas, donde el comercio, los bloqueos y la competencia en mercados internacionales jugaron papeles cruciales en el ascenso y permanencia por un tiempo, los imperios no son eternos. Tanto ayer como hoy la información es fundamental, porque dan una visión de lo que » se debe ser» la realidad. Por eso el factor cultural es fundamental. No por casualidad se insiste en aprender el idioma del poder reinante.

Demos un vistazo rápido de los imperios más recientes, y busque usted, estimado lector, las claves que permitieron su ascenso y su derrota a manos de un imperio que surge, veamos.

El Imperio Español fue uno de los primeros en establecerse en la era moderna, emergiendo como una superpotencia global durante el siglo XVI. Su ascenso fue impulsado por el descubrimiento de América en 1492, lo que le permitió acceder a vastas riquezas en oro y plata. Estos recursos financiaron un poderoso ejército y una flota naval que le facilitó expandir su influencia en Europa y más allá. Además, la estrecha alianza con la Iglesia Católica le otorgó legitimidad y unificó al imperio bajo una causa común: la defensa de la cristiandad.

Sin embargo, el mantenimiento de un imperio tan vasto trajo consigo inmensos desafíos. La riqueza obtenida de las colonias llevó a una economía inflacionaria, mientras que las constantes guerras en Europa drenaron los recursos del imperio. España se involucró en costosas guerras económicas y militares, particularmente con Inglaterra y Holanda, que buscaban socavar su dominio. La derrota de la Armada Invencible en 1588 a manos de Inglaterra marcó el comienzo del declive español. A medida que otros imperios europeos, como Inglaterra y Francia, comenzaron a emerger, España se vio cada vez más debilitada por su incapacidad para modernizar su economía y por la competencia externa.

Y aquí Holanda surgió como una potencia económica en el siglo XVII, construyó su imperio sobre una base comercial sólida. La fundación de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en 1602 fue clave, permitiendo controlar rutas comerciales cruciales en Asia y establecer colonias en lugares estratégicos de la época.

El éxito holandés también se basó en la innovación financiera. Ámsterdam se convirtió en el centro financiero del mundo, con la primera bolsa de valores y un sistema bancario avanzado que facilitó el comercio y la inversión a gran escala. Sin embargo, las guerras económicas y militares con Inglaterra, como las Guerras Anglo-Holandesa del siglo XVII, debilitó su dominio marítimo y afectó gravemente su economía, permitiendo que Inglaterra se impusiera como la nueva potencia dominante. La creciente competencia de potencias más grandes como Inglaterra y Francia llevó eventualmente a su declive.

Francia, bajo el reinado de Luis XIV, se consolidó como una potencia europea con ambiciones globales. Luis XIV, conocido como el «Rey Sol», centralizó el poder y promovió una cultura de grandeza que influyó en toda Europa. El imperio francés se extendió tanto en Europa como en América del Norte, y su influencia cultural se extendió por todo el continente.

Esa expansión de Francia llevó a numerosos conflictos, como la Guerra de los Siete Años (1756-1763), que debilitó considerablemente su poder y le hizo perder importantes territorios coloniales frente a Inglaterra que, a través de bloqueos comerciales y alianzas estratégicas, logró desgastar la economía francesa y debilitar su imperio colonial. La Revolución Francesa y las guerras napoleónicas a finales del siglo XVIII y principios del XIX marcaron un punto de inflexión en la historia de Francia. Aunque Napoleón logró expandir el imperio francés por gran parte de Europa, su derrota en Waterloo en 1815 y la posterior restauración de la monarquía limitaron la influencia de Francia y consolidaron el ascenso de Inglaterra como la principal potencia mundial.

El Imperio Británico es uno de los ejemplos más destacados de cómo un imperio puede obtener, mantener y expandir el poder a lo largo de los siglos. Su ascenso comenzó con la Revolución Industrial a finales del siglo XVIII, que convirtió a Inglaterra en la «fábrica del mundo». El dominio de los mares, asegurado por una poderosa flota naval, permitió a Inglaterra construir un imperio que abarcaba India, partes de África, América del Norte y muchas otras regiones del mundo.

El mantenimiento del Imperio Británico se basó en una combinación de poder militar, influencia diplomática y control del comercio global. Además, las guerras económicas, como la lucha contra la competencia francesa en los mercados coloniales y europeos, fueron clave para consolidar su hegemonía. La política de equilibrio de poder en Europa, junto con la capacidad de Inglaterra para adaptarse a los cambios tecnológicos y económicos, le permitió mantenerse en la cima durante el siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, el coste de mantener un imperio tan vasto comenzó a pasar factura.

Las guerras mundiales del siglo XX agotaron los recursos británicos, y el movimiento de descolonización que siguió a la Segunda Guerra Mundial marcó el fin del Imperio Británico. Aunque Reino Unido sigue siendo una potencia significativa, su papel global se ha visto eclipsado por el ascenso de nuevos imperios, como Estados Unidos.

El ascenso de Estados Unidos como superpotencia global se consolidó en el siglo XX. Tras su independencia en 1776, Estados Unidos se expandió hacia el oeste y experimentó una industrialización acelerada en el siglo XIX. La Guerra Civil (1861-1865) resolvió las tensiones internas, y para el final de la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos ya era una potencia económica de primer orden.

El mantenimiento del poder estadounidense durante el siglo XX se basó en su capacidad para liderar alianzas globales, como la OTAN, y en su hegemonía tecnológica y cultural. Durante la Guerra Fría, emergió como el líder del mundo libre, en oposición a la Unión Soviética, consolidando su influencia global. Además, el dólar se estableció como la moneda de reserva mundial, lo que le dio un poder económico sin precedentes. Las guerras económicas, particularmente la rivalidad con la Unión Soviética, también jugaron un papel clave en la consolidación del poder estadounidense, ya que su capacidad para aislar económicamente a sus adversarios debilitó a sus competidores.

No obstante, en el siglo XXI, Estados Unidos enfrenta desafíos significativos. La competencia con China, la creciente polarización política interna y los desafíos globales como el cambio climático y las pandemias plantean serias preguntas sobre la capacidad de Estados Unidos para mantener su posición hegemónica en el futuro.

China, por su parte, ha emergido como la gran competidora en la escena global en las últimas décadas. Después de un siglo de humillación a manos de potencias extranjeras y de un largo período de inestabilidad interna, comenzó su ascenso con las reformas económicas de Deng Xiaoping en 1978 que le abrieron el mercado global, y en pocas décadas, el país se convirtió en la fábrica del mundo.

El mantenimiento del poder chino se ha basado en una combinación de crecimiento económico rápido, control político estricto y expansión de su influencia a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que busca conectar China con Europa, África y Asia a través de una red de infraestructuras y comercio. Además, ha invertido en tecnología avanzada, como la inteligencia artificial, para asegurar su competitividad global. En el plano económico, ha entrado en guerras económicas con Estados Unidos, como las tensiones comerciales y tecnológicas recientes, que reflejan la lucha por el dominio en el siglo XXI.

Sin embargo, China también enfrenta desafíos significativos, como las tensiones geopolíticas con Estados Unidos y sus vecinos, problemas internos como la desigualdad y la crisis demográfica, y la necesidad de gestionar una economía que se está desacelerando. La capacidad de China para superar estos desafíos determinará si puede mantener su ascenso en el siglo XXI.

Alguien diría todo cambia para ser lo mismo, y cuando se logra ver el panorama histórico, resulta que son los mismos caminos a costa de muchas muertes, miseria para poblaciones enteras, argumentando que somos diferentes desde el racismo más abyecto, que hay que civilizar a la gente para que sean aceptados por la idea social del momento y claro, la explotación de los recursos naturales para soportar el poderio.

Hoy en un mundo del capitalismo liberal, la idea del imperio colonial contemporáneo se enfrenta a la crisis climática, y a diferencia de los humanos, la naturaleza no pregunta, no negocia y solo actúa con toda su fuerza. El riesgo hoy es que el poder creado por los hombres es inferior al reto del planeta y no se permite hacer los cambios urgentes que se requiere, porque se aplica la misma fórmula que por tanto tiempo ha dado resultado. Quizás es hora de pensar en otro sendero.

El placer diario de rodar en la bici rural para ir a trabajar

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Vivir en los suburbios de las grandes ciudades, tiene un encanto especial. Estamos lejos de la locura urbana. Y hacer los recorridos diarios de casa al trabajo en bici, disfrutando del paisaje rural, es un verdadero placer, sin el ruido, aire contaminado y el tropel de ciclistas, vehículos de toda índole y esa carrera contra el tiempo que estresa y enferma. Leonardo Jaramillo, músico e ingeniero de sonido, nos comparte su experiencia ciclística en BiciUrba.

La soberbia, arrogancia, avaricia, prepotencia un camino a la miseria y desintegración social

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Todos hacen lo mismo porque se creen invencibles, poseedores de la verdad absoluta y sin ellos no se lograrian los cambios en sus países e imperios.

A lo largo de la historia, la humanidad ha sido testigo de la ascensión de tiranos cuyas características principales han sido la soberbia, la avaricia, la arrogancia y la prepotencia. Estas figuras, que han surgido en distintos contextos culturales y políticos, han compartido una creencia en su propia superioridad, considerándose a sí mismos como «enviados cuasi divinos» o únicos capaces de guiar a sus pueblos. Sin embargo, esta visión distorsionada del poder y la autoridad no solo ha llevado a la ruina a aquellos que gobernaron, sino también a la miseria, muerte y desintegración de las sociedades que estuvieron bajo su yugo.

El Arrogante Desprecio por la Vida Humana

Uno de los rasgos más perniciosos de los tiranos es su desprecio por la vida humana. Creyéndose superiores y en posesión de una verdad incuestionable, estos líderes han justificado actos atroces en nombre de la estabilidad o el progreso. En la historia del siglo pasado, Adolf Hitler es un ejemplo paradigmático de esta mentalidad. Convencido de la superioridad de la raza aria, Hitler desencadenó una de las guerras más devastadoras de la humanidad, resultando en la muerte de millones. Su soberbia no solo destruyó vidas, sino que desintegró la estructura social de Europa, dejando cicatrices que aún perduran.

De manera similar, el régimen de Joseph Stalin en la Unión Soviética se caracterizó por una brutal represión y purgas masivas. Stalin, impulsado por la paranoia y una arrogancia que lo llevó a creer que solo él podía defender al Estado, causó la muerte de millones de personas. La sociedad soviética fue sometida a un régimen de terror, donde la desconfianza y el miedo se convirtieron en la norma, fragmentando el tejido social y generando una cultura de delación y opresión.

La Avaricia Desmedida y la Concentración del Poder

La avaricia, entendida no solo como el deseo insaciable de riqueza material sino también como el ansia de poder absoluto, ha sido otro motor que ha impulsado a los tiranos a destruir a sus propias naciones. En la Roma Antigua, el dictador Lucio Cornelio Sila es un claro ejemplo de cómo la avaricia puede llevar al colapso social. Sila, quien se autoproclamó dictador perpetuo, utilizó su poder para purgar a sus enemigos políticos, acumulando riquezas y tierras. Su gobierno, basado en el terror y la eliminación de la oposición, desestabilizó la República Romana y contribuyó a su eventual caída.

En tiempos más recientes, figuras como Muamar Gadafi en Libia también ilustran cómo la avaricia y el deseo de perpetuarse en el poder pueden llevar a la ruina de una nación. Durante más de 40 años, Gadafi gobernó con mano de hierro, acumulando riquezas a costa del pueblo libio y sofocando cualquier forma de disidencia. Su caída, lejos de traer estabilidad, sumió al país en un caos y guerra civil que perdura hasta nuestros días, mostrando cómo la concentración del poder en manos de un solo hombre puede desintegrar por completo una sociedad.

Prepotencia y la Ilusión de Inmunidad

Los tiranos, cegados por su prepotencia, a menudo creen que son inmunes a las consecuencias de sus acciones. Esta ilusión de invulnerabilidad les lleva a actuar sin consideración alguna por las repercusiones a largo plazo. En la Francia del siglo XVIII, Luis XVI y María Antonieta, aunque no tiranos en el sentido más estricto, mostraron una arrogancia y prepotencia que contribuyeron a la Revolución Francesa. Su desconexión con la realidad de su pueblo, combinada con su creencia de que su posición era incuestionable, llevó a una revuelta que no solo terminó con sus vidas, sino que también desmanteló siglos de monarquía en Francia.

En la era moderna, la prepotencia de líderes como Saddam Hussein en Irak demuestra cómo esta actitud puede precipitar la caída de regímenes aparentemente invencibles. Hussein, convencido de su poder absoluto, llevó a su país a guerras desastrosas y reprimió brutalmente a su propio pueblo. Su captura y ejecución marcaron el fin de un régimen que, durante décadas, había mantenido al pueblo iraquí bajo una constante amenaza de violencia.

La Soberbia: El Camino Hacia la Ruina

La soberbia, quizás la más insidiosa de todas las características de un tirano, es la que les lleva a creer que son los únicos capaces de gobernar, que su voluntad es la única que debe prevalecer. Esta creencia ha sido el precursor de las decisiones más destructivas en la historia de los gobiernos tiránicos. Durante la Segunda Guerra Mundial, Benito Mussolini, movido por su soberbia y deseo de restaurar el imperio romano, llevó a Italia a una alianza desastrosa con la Alemania nazi. Su ambición personal y la creencia en su infalibilidad no solo causaron la muerte de miles de italianos, sino que también llevaron a la destrucción de su propio país.

América no es ajena a estos tiranos

América Latina no ha estado exenta de la aparición de tiranos y sus dictaduras que, movidos por la soberbia, avaricia y prepotencia, han dejado un legado de sufrimiento y desintegración social. Durante el siglo XX, figuras como Augusto Pinochet en Chile, Jorge Rafael Videla en Argentina y Alfredo Stroessner en Paraguay gobernaron con mano de hierro, reprimiendo brutalmente a la oposición y violando sistemáticamente los derechos humanos. Estos líderes, convencidos de su papel como salvadores de la nación, impusieron regímenes de terror que desarticularon el tejido social, dejando secuelas que aún persisten.

En Brasil, el régimen militar que se instauró tras el golpe de 1964 es un claro ejemplo de cómo la soberbia y la avaricia por el poder absoluto pueden llevar a un país a la represión y al sufrimiento. Durante más de dos décadas, los gobiernos militares gobernaron con mano dura, censurando la prensa, reprimiendo a los opositores y perpetrando violaciones de derechos humanos. La dictadura dejó profundas cicatrices en la sociedad brasileña, cuyo impacto se siente aún hoy.

En Venezuela, el ascenso de Marcos Pérez Jiménez en la década de 1950 mostró cómo un líder, cegado por su ambición y sentido de invulnerabilidad, puede llevar a un país a la represión y al estancamiento social. Pérez Jiménez, al igual que otros tiranos, acumuló poder y riquezas a expensas de su pueblo, perpetuando un régimen de control y miedo.

En Perú, el régimen militar de Juan Velasco Alvarado (1968-1975) y su sucesor Francisco Morales Bermúdez (1975-1980) marcaron un periodo de dictadura en el que la soberbia y la arrogancia de los líderes llevaron al país a un estado de inestabilidad. Aunque Velasco se presentó como un reformador social, su gobierno se caracterizó por la represión y la centralización del poder, lo que debilitó las instituciones democráticas y dejó al país en un estado de crisis económica y política.

En el siglo XXI, el caso de Venezuela bajo el liderazgo de Hugo Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro, es un ejemplo contemporáneo de cómo la soberbia y el autoritarismo pueden llevar a una nación a la ruina. Chávez, quien se presentó como el líder providencial capaz de redimir a Venezuela, concentró el poder en sus manos y socavó las instituciones democráticas. Su sucesor, Maduro, ha continuado esta tendencia, llevando al país a una crisis económica y humanitaria sin precedentes. La inflación descontrolada, la escasez de alimentos y medicinas, y la represión de la disidencia han sumido a Venezuela en un estado de colapso social, mostrando una vez más cómo la tiranía puede desintegrar a una sociedad.

Hoy se agudiza con el manejo que se le ha dado a las elecciones, que el mismo Maduro promovió, y que enfrenta al país al ser derrotado en las urnas, pero no en el sistema judicial, militar, político y en su propia percepción de sentirse como el único camino posible para hacer la República Bolivariana de Venezuela su fundo, situación similar que vive la Nicaragua de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo amos y señores del país centroamericano.

La soberbia, avaricia, arrogancia y prepotencia han sido, y continúan siendo, las características definitorias de los tiranos a lo largo de la historia. Estos líderes, creyéndose «enviados cuasi divinos», han perpetuado su poder a costa de la vida, libertad y bienestar de sus pueblos. Sus acciones, lejos de consolidar la estabilidad o el progreso, han conducido a la miseria, muerte y desintegración de las sociedades que gobernaron.

La historia nos enseña que el poder absoluto, cuando está en manos de aquellos que se ven a sí mismos como infalibles, es una receta segura para la tragedia, y olvidaron que también eran o son humanos con un tiempo limitado de vida en esta realidad, y que pasaran a la historia por su fracaso como dirigentes y como personas, arrodilladas por sus pasiones criminales.

Están tan lejos enfrentando una realidad, que parece que nunca nos llegará

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El daño ambiental es irreversible según datos científicos, lo que da una expectativa de vida difícil para millones de personas.

Los pequeños Estados insulares del Pacífico sur, enfrentan una lucha constante contra los efectos devastadores de los ciclones, el aumento del nivel del mar y otros fenómenos asociados al cambio climático.

La situación es especialmente grave en las naciones como Samoa y otras de la Polinesia. Están amenazadas por la deuda y las crecientes tensiones geopolíticas. La única manera en que pueden sobrevivir de manera efectiva es si los prestamistas internacionales aceptan condiciones más justas para la financiación vital del desarrollo.

Además, los mayores contaminadores del mundo tienen la responsabilidad de realizar un “aumento masivo” de las contribuciones para abordar el “caos climático” en el que está sumido el planeta pero hasta ahora, son insuficientes para compensar los impactos económicos de los desastres naturales provocados por el cambio climático.

Los habitantes de Samoa han demostrado una notable resistencia ante los impactos climáticos, como el devastador tsunami de 2009 que dejó al menos 192 muertos. Sin embargo, esta resiliencia no es suficiente para contrarrestar los desafíos que enfrentan sin el apoyo financiero adecuado.

El depender de préstamos de instituciones internacionales a tasas excesivamente altas, les impide acceder a los fondos necesarios para financiar su desarrollo sostenible. Es esencial que las instituciones financieras internacionales consideren el Índice de Vulnerabilidad Multidimensional al otorgar financiamiento, permitiendo así que estos países accedan a condiciones de crédito más favorables.

El acceso a fondos para el desarrollo, como los vinculados a los derechos especiales de giro canalizados por el Fondo Monetario Internacional, es vital para naciones como Samoa que ha perdido ingresos significativos del turismo, una actividad económica fundamental para la región. Sin estos recursos, la lucha contra el cambio climático se torna casi imposible.

Hay que considerar que los océanos, que cubren el 70% del planeta, están sufriendo de manera alarmante debido al cambio climático. Si bien han absorbido más del 90% del calentamiento global desde 1970, están llegando al límite de lo que pueden soportar. Si este calor hubiera entrado en la atmósfera, las temperaturas medias globales habrían aumentado en casi 56 grados centígrados, lo que habría hecho la Tierra inhabitable.

El caso de Samoa ilustra la determinación de su gente para luchar no solo contra los impactos inmediatos del cambio climático, sino también contra los efectos a largo plazo, como el aumento del nivel del mar y las tormentas recurrentes. En un ejemplo claro de esta lucha, es un muro que protege a un pueblo del mar y que ha tenido que ser reconstruido tres veces en los últimos 20 años debido a los tsunamis, el aumento del nivel del mar y las fuertes tormentas.

El aumento de la temperatura de los océanos está teniendo efectos devastadores en la vida marina y, por ende, en las comunidades humanas que dependen de ella. Por ejemplo, el blanqueamiento de los corales, provocado por las aguas más cálidas, afecta directamente a los ecosistemas de los arrecifes de coral, que albergan una gran biodiversidad marina y son una fuente crucial de alimentos. Además, el cambio en la temperatura del agua puede alterar el desarrollo y crecimiento de muchas especies marinas, lo que afecta la pesca, una fuente de sustento para miles de millones de personas.

El derretimiento de los glaciares, que ha reducido significativamente el hielo marino en el Ártico y la Antártida, también tiene consecuencias graves para la vida silvestre. La pérdida de hielo marino afecta a la producción de algas, la base de la red alimentaria del Ártico, y tiene un efecto dominó en especies como el bacalao ártico, las focas, las ballenas y los osos polares. Además, el aumento del nivel del mar, impulsado tanto por el derretimiento del hielo terrestre como por la expansión térmica del agua, amenaza a las comunidades costeras y a la vida silvestre que depende de los hábitats costeros.

El cambio climático también está alterando las corrientes oceánicas, que juegan un papel crucial en la regulación del clima global. Por ejemplo, la desaceleración de la Corriente del Golfo podría tener consecuencias drásticas para el clima en Europa y en otras partes del mundo, alterando los patrones de precipitación y las temperaturas del aire.

La acidificación del océano, causada por la absorción de dióxido de carbono, está afectando a la vida marina que depende de las conchas de carbonato de calcio, como corales, vieiras y cangrejos. La perturbación de estos organismos tiene el potencial de alterar toda la cadena alimentaria oceánica, lo que podría tener efectos devastadores para las comunidades humanas que dependen de los recursos marinos para su sustento.

Los pequeños Estados insulares del Pacífico están en la primera línea de la batalla contra el cambio climático. Para que puedan continuar su lucha, es crucial que reciban un financiamiento justo y adecuado, y que la comunidad internacional cumpla con sus compromisos para abordar esta crisis global, que más temprano que tarde nos tocará a la puerta de nuestros países con los mismos problemas financieros, destrucción de los biosistemas y la disparada de necesidades que no se pueden solucionar con las consecuentes catástrofes sociales y humanitarias.

El periodismo compromiso y servicio a la sociedad

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Dadas las nuevas tecnologías, donde el acceso es universal, se plantean inmensos retos a la labor de los periodistas. Mientras los influencers logran reconocimientos en las nuevas generaciones de usuarios digitales, la verdad de los hechos y su interpretación acusan fallas protuberantes en algunos casos. Es aquí, donde la profesión del periodista se hace relevante para poder informar y generar opinión pública bien cimentada que se aleja del espectáculo y los like. Conversamos con el magíster en periodismo Juan Simón Cancino Peña sobre esta realidad mediática.

La «mpox» (viruela símica) una llamada de alerta de la OMS

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Nuevamente los titulares de prensa nos alertan sobre un virus que está creciendo en África, y que ya está en nuestra América. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África declararon el brote como una emergencia de salud pública de seguridad continental, después de haber registrado 15.000 casos y 461 muertes por este virus solo en 2024, lo que supone un aumento del 160% en los diagnósticos y un 19% en los fallecimientos con respecto al mismo período del año anterior. Conversamos con el Dr. Leonardo José León, epidemiólogo y demógrafo sobre este tema de vital importancia para todos.

Nueva amenaza global: la mpox

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La continua propagación de la enfermedad, conocida anteriormente como la viruela del mono, a niveles sin precedentes en África, genera alerta mundial.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado la mpox como una emergencia de salud pública de importancia internacional dijo el responsable de la OMS, el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus. El virus puede transmitirse a través del contacto físico con alguien enfermo, con materiales contaminados o con animales infectados.

La viruela se encuentra en la República Democrática del Congo (RDC) y otros países de África. desde hace más de una década. El número de casos notificados cada año ha aumentado constantemente durante ese periodo. En lo que va del año ha superado el total del año pasado, con más de 15.600 casos y 537 muertes. En comparación, en todo 2023 hubo 1145 casos y siete muertes.

La mpox es una enfermedad viral causada por el virus de la viruela del mono (comúnmente abreviado como MPXV), una especie del género Orthopoxvirus. Los síntomas comunes incluyen una erupción cutánea o lesiones en las mucosas acompañadas de fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares, dolor de espalda, poca energía y ganglios linfáticos inflamados. La erupción suele concentrarse en la cara, las palmas de las manos y las plantas de los pies, pero también puede aparecer en la boca, los genitales y los ojos. Los síntomas suelen durar entre dos y cuatro semanas y desaparecen por sí solos sin tratamiento.

La OMS está trabajando con los gobiernos de los países afectados, los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades y otros socios para entender y abordar los factores impulsores de los brotes. «Por ejemplo, estamos proporcionando máquinas para analizar muestras de sangre y confirmar casos de mpox; estamos apoyando a los laboratorios para secuenciar muestras virales», «detener estos brotes exigirá una respuesta adaptada y global, con las comunidades en el centro, como siempre», señaló el doctor Tedros.

Actualmente se están utilizando dos vacunas recomendadas y aprobadas por la OMS para combatir el brote de virus mpox. Tedros también invitó a los fabricantes a manifestar su interés en producirlas para acelerar el acceso a «los países de ingresos más bajos que aún no han emitido su propia aprobación reglamentaria nacional». La Lista permitirá a organismos como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) reunir vacunas para su distribución.

«Estamos trabajando con todos los socios para facilitar el acceso equitativo a diagnósticos, vacunas, suministros para la atención clínica y otras herramientas», declaró Tedros.

Fuente: OMS

Tiempos exigentes que requieren prudencia y sabiduría

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Cada época genera sus propias realidades, y estamos en una donde la velocidad de estas, no nos deja ver lo que está pasando a nuestro alrededor.

Cada época tiene sus retos, y en este momento que estamos viviendo, tampoco se es indiferente a esta aseveración. Los cambios no son solo tecnológicos, que es lo que más vemos a primer momento. Es más, pasan tan rápido y se integran a nuestras rutinas que ya no nos maravillamos, sentimos que son parte de la normalidad.

El tema social y cultural, si que ha traído más de una pregunta e inquietud en nuestras vidas. El trabajo ya deja en muchos casos los escenarios de las factorías y oficinas. Ahora es muy frecuente ver a las personas con sus portátiles, tomando un café y trabajando desde una cafetería, y son trabajos de responsabilidad, debidamente regulados por un contrato laboral. Las factorías al igual que las oficinas comienzan a albergar menos personas, las primeras por la robotización o el cierre definitivo por realidades del mercado. Las segundas, son una carga financiera costosa, de difícil recuperación, y que no ayudan mucho a la hora de salvar una empresa, a menos que las vendan y recuperen algo de capital.

Las formas de trabajo cambian de manera constante y que difícil resulta para las generaciones nacidas a mediados y finales del siglo pasado adaptarse a estas realidades laborales. Estas formas de trabajo exigen formación, desarrollo personal a través de una constante capacitación y de las capacidades personales para poder estar a tono con las exigencias de la tecnología, los mercados laborales y en general de la economía global.

El asunto se complica aún más ante las líneas que se están trazando en lo social y cultural. La construcción de una familia tradicional, ya no es un plan de vida. Hoy se viven en noviazgos, hasta donde aguanten. Tener hijos es un despropósito porque complejizan las actividades profesionales o laborales de la pareja. Nos acompañamos, vivimos una sexualidad, algunas veces compartida con otros, y en general lo que interesa es sentirse acompañado. Si el tema no resulta, se separan sin ningún problema, porque legalmente se han dejado todo claro al comienzo de la relación, y los más pragmáticos hacen documentación legal al tema.

Hoy viajar es una forma de vida, rentable, agradable, visible en las redes sociales y que ha creado en las últimas décadas todo un mercado de vehículos, equipos, y formas de generar recursos a través de la Web. Y así pasan buena parte de sus vidas recorriendo mundo, publicando libros y vendiendo accesorios y ropa en línea.

Como ahora el tema de género se convirtió en un panorama de gustos, con respaldo científico y comercial, la familia queda anticuada, antifuncional y fuera de las opciones más recurrentes de los jóvenes.Junto a ello la separación es la primera alternativa frente a las crisis de pareja, finalmente no hay lazos verdaderos que los una y de alguna forma los obliguen a luchar por esa unión. Esto implica dos condiciones que generan una gran cantidad de variables sociales, comerciales y económicas.

El número de nacimientos en realidad están decayendo, con ello sectores como la educacion, caso Colombia, comienza a declinar, simplemente los cursos son cada vez más pequeños al punto que es insostenible la institución escolar. Esto se proyecta en todos los niveles, desde el jardín de infantes a la universidad, finalmente es una cadena de estudiantes, y al faltar un eslabón, la cadena se rompe.

La otra realidad es el aumento desmedido de mascotas, que se ha convertido en un lucrativo mercado de alimentos, accesorios y servicios veterinarios. Es más, los profesionales de la salud animal se orientan a especializarse en mascotas, abrir su clínica y atender esa creciente fauna domesticada urbana. Pero no hay que engañarse, allí no todo es felicidad. El abandono de animales, especialmente perros, se convierte en un serio problema, realidad que vive y que han estudiado en Chile, ante la agresión de los canes a especies silvestres en distintas regiones del país.

Todo está cambiando y así seguirá, finalmente cada época lo hace, para bien o para mal del planeta y sus habitantes. Cada forma cultural marca y representa una realidad determinada. Si esto es así, que nos dice las artes populares como la música, el vestuario, la comida, las relaciones interpersonales y de manera especial, el reconocernos como seres humanos, definidos o en la ambigüedad de argumentaciones a veces no entendibles de lo que se supone somos.

Las nuevas generaciones, los que ya nacieron y los que estarán hacia el futuro próximo, qué podrían esperar de la sociedad que los ha llamado a la vida, en una época que se está construyendo a velocidades casi imperceptibles, enmarcadas en una crisis climática que para muchos ya no tiene retorno, en guerras por territorios que eran comprensibles en siglos pasados pero no en estos tiempos, en batallas comerciales entre occidente y oriente, herencia de los imperios pasados y en una destrucción inalterable de los esquemas sociales que nos han traído hasta aquí en la historia de este planeta. Todo cambia, y lo hará el planeta y no precisamente a favor del Homo Sapiens.

Después de los JO París será más digital

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Paris Olímpico, foto MH Escalante

Texto y fotos de MH Escalante, para BiciUrba

Francia cumplió su cometido. Se puede hablar ya de unos excelentes Juegos Olímpicos París 2024, pues es esa la conclusión que ronda en el ambiente a pocas horas de su clausura, que promete ser tan diversa y provocadora como su inauguración. Todo le ha salido tan bien a París (ningún hecho violento por lamentar), y el ambiente ha sido tan relajado que hasta algunos miembros en servicio de la policía republicana aceptaron bailar un ratito con unas turistas mexicanas al pie del globo que porta la llama olímpica y que flota sobre el Jardín de Tuileries.

Con el afán secreto quizá de dejar difundir por TikTok la imagen de unas fuerzas del orden no tan rígidas, que están atentas pero no en continua posición de alerta para develar atentados, y que también ejercen una vigilancia sosegada de los turistas que gozan del fervor olímpico.

Los JO París 2024 comenzaron con un original desfile acuático nocturno a lo largo del río Sena, – y también con una gran controversia que con los días se ha ido esfumando como los olores desagradables -, y al día siguiente se abrieron en escenarios como el Grand Palais, la Place de la Concorde, Invalides, Arena-Bercy, Champ-de-Mars, Arc de la Défense, y otros sitios diseminados en la Francia Metropolitana y en la Francia de Ultramar, en los confines del Océano Pacífico con las pruebas de surf en Tahití, la Polinesia francesa.

Los lugares y monumentos más simbólicos fueron requeridos para los JO para 32 deportes diferentes, desde la esgrima hasta la natación, pasando por el tenis, el fútbol, el ciclismo y la escalada. Sólo el atletismo se conservó en el marco tradicional de un estadio que fue para estos juegos el Stade de France.

La equitación se llevó el marco elegante que ofrecen los jardines del Castillo de Versalles a las afueras de París. La natación, con las 4 medallas de oro obtenidas por joven francés Léon Marchand, formado y entrenado en los últimos años de sus 22 de edad en Estados Unidos, logró su cometido con la piscina temporal de dimensiones olímpicas que se instaló en solamente 10 días en el centro internacional de negocios de La Défense, el barrio de los altos edificios de las multinacionales, más allá del Arco del Triunfo, al oeste de París.

Otras en cambio, como el ciclismo que evocó el Tour de France en el corazón del París de los turistas, hicieron honor a su tradición de deportes populares más cercanos al “pueblo”, es decir al pueblo de los sin boletas, los sin acreditación, sin invitaciones especiales, los indiferentes de siempre o los apenas enterados de los JO París 2024.

Es el caso de las ya memorables competencias de Ciclismo en ruta (hombres y mujeres), que llegaron a la colina de Montmartre, pasando por el Moulin rouge, subiendo por la Rue Lepic, acelerando hasta la Place de Tertre y ya en la cima de la colina deslizándose con sigilo al frente de la iglesia del Sacre-Coeur, y desde ahí buscar el Pont du Carrousel del Museo del Louvre que habría de llevarles a la recta final, y ello ante los ojos de miles de curiosos agolpados detrás de barreras en metal instaladas a lo largo de todo el recorrido. Una obra de logística urbana.

Foto : Lamontaigne.fr

Es así como el barrio de Matisse, Van Gogh, Modigliani, Picasso, Toulouse-Lautrec y otros miembros de lo más selecto del arte francés e internacional, se vio de pronto invadido de ciclistas que pasaban por ahí sin hacer caso de otra historia que no fuera la del cronómetro que les indicaba el tiempo para llegar el primero, el segundo o el tercero a la meta final indicada por la Tour Eiffel.

Hoy domingo se conocerá el total de medallas obtenidas por la delegación francesa, otro punto que se suma al éxito de estos juegos, hasta hoy Francia ocupa el tercer puesto en medallas (57), detrás de Estados Unidos (113) y de China (85). Por fortuna Rusia fue excluida de estas competiciones porque de haber participado habría estropeado seriamente esa escala de calificación de país potencia mundial del deporte.

¿Qué pueden haber significado estos juegos para el parisino del común? En primer lugar, una ciudad con menos pasajeros en el metro lo cual es ya agradable, con un sinnúmero de guías voluntarios para cualquier servicio, sobre todo en el centro de la ciudad. En segundo lugar, convivir con una populación más tranquila, relajada y obediente que hace largas filas para ingresar gratuitamente a tribunas como las de Trocadéro, con pantallas gigantes para poder seguir los juegos como si estuviera en ellos. Los 10 millones de boletas para todas las disciplinas comenzaron a venderse en febrero 2023 y se agotaron antes de comenzar el 2024.

Las pruebas sin medalla tenían un costo de 360 euros, las semifinales y finales se acercaron a los 1000 euros. Esas boletas fueron las primeras en venderse, por lo cual una reventa puede estimarse de forma retrospectiva en 2 000 euros o más…

Los JO París 2024 significaron también para el parisino del transporte público, tener que pagar 32 euros por un paquete de 10 tiquetes de metro, bus y tranvía cuando antes de los JO era apenas de un valor de 17,50 euros. A partir del 7 de septiembre se acabará ese incremento del 50 %, pero no se sabe si el precio seguirá siendo ese mismo de antes de los JO París 2024 o si tendrá un incremento dado el éxito de la operación para la RATP, la gestionaría del transporte masivo en París.

En apariencia lo cotidiano parece ser más fácil con los juegos olímpicos, es simple, casi todo se ha digitalizado. Imposible en la Casa de Colombia instalada en el parque de La Villette, junto a las Casas de México y Brasil, poder comprar por ejemplo 6 mini empanadas a 16 euros con una gaseosa a 6 euros sin antes haberse procurado una manilla electrónica que se debe cargar con una tarjeta de crédito antes de ir a reclamar los productos. En vez del billete en euros, la manilla electrónica…

2024 Casa Colombia, foto : MH Escalante

La casa de Colombia entre otras cosas es un remanso de paz por estar ubicada en el lado más fresco del parque, en comparación con las de México y Brasil, que tienen mucho más que mostrar que Colombia pero que se vuelven estresantes con música estridente y pantallas para seguir los juegos olímpicos además de las animaciones. Más que collares o pulseras, allí se trata de enormes fotografías de Teotihuacán, exposición de pinturas, y del espectáculo de la chica con su camiseta “venimos por el oro” en honor a la legendaria ambición de los españoles por esas tierras… o del Cristo Redentor del Corcovado dominando la Casa del Brasil, sumado al fervor de los campeones pues Brasil con 20 medallas, es el país de América Centro y Sur que más ha ganado en estos juegos, mucho más que México (5), Ecuador (5), Colombia (4), Argentina (3)y Chile (2).

Un momento de degustación con Code QR
En cuanto a las terrazas de bares y pizzerías al borde del río Sena, es menester destacar que el dinero en efectivo se ha transformado en elemento “démodé”, por fuera del circuito… El papel moneda ha sido reemplazado por un Code QR pegado sobre la mesa del restaurante, que sirve para consultar la carta, escoger el menú, validar el pedido, pagar con tarjeta de crédito y esperar el servicio (que puede durar 30 minutos), sin necesidad de pasar por un mesero para poderle preguntar “¿qué tiene para hoy?”, ¿“cuál es la especialidad de la casa?”, “¿qué me aconseja como típico del país”, “¿puedo pagar en efectivo…?”

Los Juegos Olímpicos de París 2024 abren una puerta hacia un futuro totalmente digitalizado, que permitirá desplazarnos por el mundo con más facilidad, un mundo más organizado talvez, pero en el cual sólo podrán dominar los que tengan el control de él. Desde la prefectura de policía hasta nuestro banco, son ellos los verdaderos depositarios de nuestros secretos.

Esa es la experiencia que puede capitalizar París con estos juegos olímpicos que, a manera de redundancia, se revelaron reveladores. Vivir es un combate, se trata de sobrevivir, lo dice el célebre escritor francés Michel Houellebecq, quien por cierto se ha declarado alérgico al deporte.

París, agosto de 2024

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