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Los que sufrirán la crisis climática alzan su voz en la COP 29

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Fuente: Noticias ONU

Además de las negociaciones, en otras reuniones y actos de alto nivel de la COP29 se trataron diversos temas, desde el nexo entre el clima y la salud hasta el desarrollo humano y la educación. Los niños y los jóvenes también hicieron oír su voz en varios actos muy animados y concurridos, en los que pidieron protección contra los efectos del cambio climático, medidas para evitar una mayor destrucción del planeta y esfuerzos para preservar la naturaleza.

Instaron a los responsables de la toma de decisiones a que les concedan un asiento en la mesa de negociaciones sobre el clima y a que organicen una conferencia de la ONU sobre el clima específica para los niños.

Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el cambio climático afecta al bienestar de mil millones de niños, la mitad de la población infantil mundial. La contaminación atmosférica, las enfermedades infecciosas, la degradación del medio ambiente y los fenómenos meteorológicos extremos comprometen la salud de los niños, obstaculizan su educación y les privan de la nutrición que necesitan para crecer y prosperar.

Durante las olas de calor, los niños pequeños corren el riesgo de deshidratarse porque sus cuerpos no pueden regular la temperatura eficazmente. Las inundaciones y las sequías empobrecen a las familias, dejando que los niños sufran las consecuencias. «Las inundaciones obligan a cerrar las escuelas en Liberia, y los niños faltan a clase», explica Juanita Tamba, de la Asociación Mundial de las Guías Scouts, el mayor movimiento de voluntariado del mundo para el empoderamiento de las niñas y las jóvenes.

«Y durante la estación seca, tenemos que recorrer largas distancias para ir a buscar agua, y las niñas a menudo se enfrentan a la violencia mientras tratan de conseguir agua», dijo a Noticias ONU.

UNICEF calcula que los desastres relacionados con el clima hacen que unos 40 millones de niños pierdan la escuela cada año, y la cifra va en aumento.

Zunaira, de Pakistán, una de las participantes más jóvenes en Bakú, asiste a la COP29 con el apoyo de UNICEF. «Cuando hay inundaciones en mi país, los recursos se vuelven limitados y no hay suficientes para todos. Los niños, especialmente las niñas, son los más afectados», dijo Zunaira a Noticias ONU.

En una conferencia de prensa de UNICEF sobre la acción climática liderada por los jóvenes, Rasul, de Azerbaiyán, destacó los peligros a los que se enfrenta el mar Caspio. «Debido al aumento de las temperaturas y a las prolongadas olas de calor, el nivel del agua de esta increíble masa de agua está descendiendo», afirmó.

Señaló que la disminución del Mar Caspio ya está afectando a la población de Azerbaiyán, que también está sufriendo el aumento de las temperaturas: «Tanto el verano como el invierno en Azerbaiyán son cada vez más cálidos».

El futuro necesita una voz
Catarina, una activista medioambiental de 16 años de Salvador (Brasil), ciudad situada a orillas del océano Atlántico, también compartió sus experiencias. Apasionada del surf desde niña, señaló: «Cuando tenía nueve años, sentí el calentamiento del océano. Como surfista, estoy constantemente en el océano. Me di cuenta de que algo iba mal cuando el agua estaba mucho más caliente de lo normal en las zonas que frecuentaba. Entonces me di cuenta de que los arrecifes de coral estaban cubiertos de manchas blancas: la decoloración del coral era algo que nunca había visto antes».

A pesar de su corta edad, Catarina es una activista climática experimentada. Cuando sólo tenía 12 años, se unió a otros niños para presentar una queja ante el Comité de los Derechos del Niño de la ONU para protestar por la inacción del gobierno ante la crisis climática. «Era la primera vez que unos niños presentaban una queja global a través de un mecanismo de la ONU. Denunciamos a cinco países y, como resultado, la ONU reconoció oficialmente que los derechos de los niños se ven afectados por la falta de acción climática», dijo Catarina.

En su emotivo discurso, hizo hincapié en: «Los niños tenemos cosas que decir, y sabemos cómo decirlas. Necesitamos el espacio (…) ¡Necesitamos una COP para los niños ahora mismo!».

Catarina se mostró preocupada por el hecho de que, cuando alcance una posición influyente, pueda ser demasiado tarde para poner en marcha un cambio significativo. «Las acciones efectivas tienen que producirse ahora. Por eso hay que incluir a los niños en el proceso de toma de decisiones. Si somos el futuro, ese futuro debe tener voz», concluyó.

Incluir a los niños en los planes
La directora ejecutiva de UNICEF, Katherine Russell, se ha hecho eco de los sentimientos de Catarina, afirmando a principios de este mes: «En la COP29 y a través de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional, los gobiernos deben dar prioridad a los derechos de la infancia».

«Es necesario incluir a los niños en las soluciones, y los líderes mundiales deben hacer que los sistemas de atención sanitaria, educación, agua y saneamiento sean más resistentes a los impactos del cambio climático. Ahora es el momento de actuar».

En virtud del Acuerdo de París, los países deben presentar planes nacionales de acción climática actualizados (NDC, por sus siglas en inglés), el próximo año en la COP30. En ese contexto, UNICEF advierte que menos de la mitad de los planes actuales tienen en cuenta a los niños o los jóvenes, y solo el 3% se elaboraron mediante procesos participativos en los que intervinieron niños.

La canadiense Payton Esau, de 16 años, llevó a la conferencia sobre el clima un manifiesto firmado por 800 de sus compañeros. «Exigimos que los gobiernos se comuniquen en un lenguaje que los jóvenes puedan entender para que sepamos qué medidas se están tomando para combatir el cambio climático. Los gobiernos deben actuar sin demora para mantener el calentamiento por debajo de 1,5 grados centígrados», dijo Payton a Noticias ONU.

Ganadería sustentable, algo más que vacas

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Cuando el trabajo del ganado implica una visión más amplia sobre la crisis climática, la protección de bosques nativos, mejores relaciones de los humanos y todo el contexto social, familiar, laboral y ambiental, las posibilidades de mejorar la vida se amplían en beneficio de todos, Y eso se está haciendo en el Caquetá, departamento amazónico, que encuentra en esta labor un importante rubro de su economía y de restablecer la calidad de vida para todos.

Conversamos con la médico veterinaria Dra. Diana Cristina Sánchez, integrante de la Universidad de La Amazonia e investigadora en el campo de la Agrociencia.

Visión femenina de la crisis climática

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En el marco de la COP16, dialogamos con la periodista y campesina Liliana Jiménez, quien nos plantea la participación de las mujeres ante la Crisis Climática, ofreciendo alternativas sociales, económicas y culturales. Una visión feminista muy positiva y alentadora para las mujeres rurales del mundo.

Al terminar la fiesta de la COP16, ¿Qué quedó en realidad?

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Como toda fiesta, al final comienzan los balances y la tarea de poner en orden del lugar en donde se celebró. Así sucede en Cali, que durante la COP16 mostró nuevamente ese rostro de ciudad cívica, bonita, amable en donde la vida se goza a placer. Después de meses de mucha incertidumbre causada en parte por los movimientos civiles, que la pusieron en jaque, volvimos a soñar con el Valle del Cauca. Arte, cultura e integración global se hicieron presente para dialogar sobre un tema que debería ser diario para todos: la crisis ambiental y el capítulo de la biodiversidad.

Este tiempo en el que vivimos y en el marco cultural que desarrollamos nuestra existencia, nos ha enseñado a ser derrochadores, inescrupulosos con la naturaleza y sentirnos como el centro de toda la vida en este planeta que asumimos como nuestro, cuando en realidad somos existencias transitorias, que a duras penas llegamos a tres cuartas partes de un siglo. Realmente los que superan los cien años de vida son la excepción y no la norma.

Esta civilización occidental liberal y supuestamente democrática, porque a la final la interpretación de la democracia no es solo ejercer el voto universal, encierra muchas otras acciones sociales que no se dan en regímenes autoritarios que pululan por doquier, muy bien disfrazados. Así las cosas, en la COP 16 se planeó la necesidad de la defensa y el cuidado de la biodiversidad, porque su destrucción genera grandes desequilibrios ambientales que atentan contra todas las formas d vida que nos rodean.

Al romper el equilibrio biológico atentamos contra los ciclos del agua, de los gases, de las temperaturas y las corrientes de aire frío y caliente, en fin creamos el caos de un planeta que hace 12mil años se organizó para que pudiéramos habitarlo y vivir de su bondad. Y nuestra historia se considera que se inició hace 10,000 años y de los cuales en los dos últimos siglos, cuando desarrollamos las revoluciones industriales y nos volvimos mayoritariamente urbanos, también iniciamos una aventura que por ahora, nos esta alertando de los malos tiempos que tendremos en un futuro no tan lejano.

La preocupación de científicos, de algunas organizaciones, entre ella la ONU, buscan la forma que todos los gobiernos del mundo cambien su mirada de lo que debe ser nuestra forma de utilizar los que hemos denominado recursos naturales, una forma bastante materialista de nombrar las bondades del planeta, de la forma de consumir bienes y servicios, y de entender que lo que se esta poniendo en riesgo letal es nuestra propia existencia sobre la superficie de este planeta.

Para muchos todo el tema se reduce a un proceso natural del planeta que ya ha experimentado tras transformaciones geológicas: Precámbrico (Arcaica), Paleozoica, Mesozoica, Cenozoica Terciaria y Cuaternaria (algunos autores la consideran). Hoy le sumamos el Antropoceno, que es la aceleración de las transformaciones y destrucción de la vida en el planeta. Ahora bien, esto no sucederá de la noche a la mañana, pasarán años en los cuales se nuestros descendientes tendrán muy malos ratos. Según parece esto no le importa a los poderosos de estos tiempos.

Según la pagina de la ONU, “Al término de la COP16 quedaron dos puntos pendientes de acuerdo, ambos trascendentales para la implementación del Marco Mundial Kunming-Montreal para la Biodiversidad, el plan global que se adoptó durante la COP15 en Canadá para detener y revertir la pérdida de biodiversidad para el año 2030. La razón fue la suspensión de la cumbre debido a que ya no había un número suficiente de negociadores. “Eso deja algunos retos para la convención y corresponde empezar a subsanarlos”, reconoció la ministra de ambiente de Colombia y presidenta de la Conferencia, Susana Muhamad”.

Y agrega el texto: “Uno de ellos fue la falta de definición de un modelo de financiamiento para llevar el plan de protección de la biodiversidad a la realidad, identificando las fuentes de recursos, los mecanismos de acceso y de ejecución. Los cálculos indican que para la implementación del marco se requieren 700.000 millones de dólares. El otro punto que no se alcanzó a concretar fue el del mecanismo de monitoreo para medir los avances de los países en el cumplimiento de la hoja de ruta para la protección de la biodiversidad”.

Suena a frase de cajón que más se gasta en la guerra fratricida y es cierto, veamos. La guerra en Ucrania en 2023 alcanzó la cifra 2,44 billones de dólares, un 6,8 % más en términos reales que en 2022 y un 2,3 % del Producto Interior Bruto (PIB) global. Estados Unidos gastó 916.000 millones de dólares, en esa guerra. La OTAN ascendió a 1,34 billones de dólares. Rusia, destinó una cifra estimada de 109.000 millones de dólares, Ucrania, el octavo inversor mundial en armas, aumentó su gasto un 51 % hasta 64.800 millones de dólares, un tercio de su PIB.

China gastó cerca de 296.000 millones de dólares, un 6 % más y el 12 % del total, lo que supuso la mitad de la inversión en la región Asia-Oceanía y arrastró a otros países, así, Japón aumentó su gasto militar un 11 % y, Taiwan, un 11 %. Oriente Medio registró la mayor subida en una década, un 9 %, con Arabia Saudí como líder regional, seguido por Israel, que aumentó un 24 % su gasto por su ofensiva a gran escala en la Franja de Gaza tras los ataques de Hamás en octubre de 2023.

Ciertamente la humanidad no aprende las lecciones, en el fondo seguimos siendo los mismos, solo cambiamos y desarrollamos tecnologías, pero la ambición de poder, el adueñarse de todo lo que existe en el planeta sigue rondando en la cabeza de los líderes mundiales a todos los niveles. Ante esta realidad queda un camino posible, que como humanidad podremos transitar pero depende de cada uno. Vivir con menos, consumir menos, aprovechar ciertas tecnologías como la energía fotovoltaica, la reutilización y purificación de agua de forma natural, cuidar los suelos que sustentan la vida y tener una movilidad adecuada que no consuma fuentes contaminadoras.

La tarea es compleja, pero lo será más para los que vienen, estarán en un planeta muy difícil, que ya no será de la abundancia y debemos comenzar a entender que somos los que les enseñaremos a los que están naciendo a vivir con menos, a no desperdiciar, a cuidar y proteger el entorno. Los economistas pondrán el grito en cielo, pero su inmenso poder decisorio debe cambiar, es más importante la vida que el dinero y la rentabilidad que logran con la destrucción generalizada del planeta.

Ciudad sedienta, víctima de su desorden y de la deforestación amazónica

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El costo que se está comenzado a pagar por vivir en una ciudad que está agotando sus recursos de agua, energía y en general de un buen vivir.

Esto se lee en las noticias de la COP16: “En lo alto de las montañas, existe uno de los ecosistemas más bellos del mundo: el ecosistema de páramos. En Colombia, los páramos cubren aproximadamente el 2% del territorio nacional, y producen el 85% del agua que consume la población. Es por esto que los convierte en un ecosistema clave para la conservación de la biodiversidad y en verdaderos reguladores hídricos, beneficiando tanto a las comunidades rurales como a las urbanas”.

Y prosigue: “Por esta razón, en la cumbre de biodiversidad , COP16, se convirtió en el escenario perfecto para que miles de visitantes a la Zona Verde se puedan sensibilizar sobre la importancia de estos ecosistemas estratégicos. De hecho, más de 17 millones de colombianos dependen del suministro de agua que viene de los páramos y abastecen en total a 16 ciudades capitales. Tan solo el páramo de Chingaza, aporta el 80% del agua a Bogotá, suministrando 14 mil litros de agua por segundo que llegan a 7.2 millones de habitantes”.

Aún así, Bogotá la capital política de Colombia esta pasando tiempos de sed. Esta ciudad que no deja de crecer, en una sabana que era abundante en tierra fértil para cultivar, de montañas verdes cubiertas de bosques andinos, que contaba con extensos páramos, nacimientos de una gran cantidad de ríos y riachuelos, que además contaba con hermosos humedales plenos de vida y albergue para aves migratorias, hoy lamentablemente tiene sed.

La destrucción causada por el crecimiento desbordado de la urbe, que en la década de los años cincuenta del siglo pasado, anexó una serie de municipios que ahora son parte de la ciudad, extendió su territorio sin control, renunciando a ser una urbe organizada, amable y cómoda, y más por el contrario, creció de forma desordenada, anárquica lo que hizo que las administraciones distritales a través de la alcaldía y el Consejo Distrital, en algunas ocasiones luchara para corregir en algo el desastre y en otras ocasiones fueron complices de los constructores piratas y de la invasión de terrenos en la sabana y en las montañas que hacen el marco natural.

Pero no solo vivienda fueron los destructores, con el tiempo y bajo promesas de desarrollo y riqueza, se cambió el destino campesino de tierras de incalculable productividad agropecuaria para pasar a centros industriales, grandes superficies de cemento, ladrillo y camiones que contaminan, complican las pocas vías con embotellamientos sin fin todos los días, y en donde una vez más la falta de planeación y la presencia de intereses económicos, atacan lo que fuera la Sabana de Bogotá, de la que ha perdido una enorme superficie de vida a cambio de la ilusión de empleos y dinero.

Gracias a la COP16, que se celebra en Cali, capital del Valle del Cauca, los alcaldes tuvieron el escenario para decir algunas verdades sobre los temas ambientales de las urbes que administran. Como siempre, han sido acusados y condenado por dar parte de los daños ambientales que se viven en sus territorios. Y esta vez, dejaron de ser políticamente correctos, para dejar entrever verdades que con el tiempo, y cuando ya no sean burgomaestres, serán daños cada vez menos reparables, empobreciendo la vida de los residentes y con costos en servicios aún más altos.

Bogotá de por si, es una ciudad muy costosa. Tuvo fama de ser un vividero para trabajar, estudiar y hacer plata. Hoy ya no lo es tanto, y en la realidad la calidad de vida ha descendido de forma consistente y permanente. Temas de inseguridad, inflación, desempleo, costo de las viviendas, que disminuyen en espacio pero aumentan en precio, problemas sociales que se palpan con solo salir a sus calles, y además de una característica que no se ha podido corregir: la anarquía en que desarrollan la vida sus habitantes.

En el siglo pasado en los años 1995-1997, el entonces alcalde Antanas Mockus se propuso cambiar esa forma de comportamiento social, algo se logró, pero con el tiempo se han dejado de lado esas elementales normas de la buena convivencia. Las siguientes administraciones se dedicaron a tratar el tema de pobreza, infraestructura, educación, pero el tema ambiental siempre ha quedado relegado, a menos que haya un incendio en los cerros y se plantee la necesidad de cuidarlos.

Hoy el tema es agua. Era uno de los pilares mas positivos de la ciudad, aquí sobraba agua, aún para lavar el auto familiar frente a la vivienda y desperdiciando el liquido a gusto. Lo mismo lavar fachadas, calles, regar jardines y todo lo que se le pudiera ocurrir. Siempre hubo agua para botar. Hoy ya no. Y cuando el actual alcalde nos dice “Durante el primer trimestre de 2024, la deforestación en la Amazonía aumentó en un 230% según el boletín trimestral de alertas tempranas sobre deforestación del IDEAM, vemos que una de las razones de la sequía de hoy y del futuro inmediato, no solo son los fenómenos del El Niño y La Niña, es la destrucción de las selvas de la Amazonía y la Orinoquía.

Se nos olvida que somos un sistema integrado y que la destrucción del Amazonas afecta directamente a la cordillera de Los Andes, y Bogotá está sobre un ramal de ella. Se sumará próximamente problemas de energía eléctrica, ya lo anuncia el Centro de Estudios Económicos de ANIF, “Colombia viene enfrentando graves desafíos climáticos que redujeron las reservas hídricas del país, afectando su sistema energético. La dependencia del agua de embalses y ríos para la generación de electricidad es evidente.” Y agrega, “la situación es particularmente grave en Bogotá, donde las autoridades tuvieron que volver a los racionamientos de agua, ante el agotamiento de las fuentes hídricas.”. Hay una tendencia decreciente desde julio, evidenciando el agotamiento reciente de los recursos.

De ciudades prósperas o por lo menos con planes para serlo, hoy se replantea una situación que seguirá escalando, haciéndolas menos atractivas para habitarlas, trabajar y hacer vida. Pueden condenar al presente alcalde, pero ha sido una manera de vida desbordada, inconsciente del daño ambiental que por años se ha hecho en el territorio y que aún no sabemos, en un sistema interconectado como es el biosistema andino-amazónico, que pasará con el departamento y en general con el territorio de la belleza, que hoy va camino a enfrentar las consecuencias de la crisis climática.

La Menopausia y la andropausia, ciclo natural de la vida humana

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Con el Dr. Alvaro Monterrosa Castro, y desde la ciudad de Cartagena, conversamos sobre este tema, que para algunas personas es una tragedia, para muchas otras es solo una etapa de la vida que se agradece, porque están vivas. Un tema de permanente actualidad y más cuando la población, en general, se va envejeciendo en el mundo.

Una carrera contra el tiempo para salvar el cerebro

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La rápida identificación de los síntomas y la activación de servicios de emergencia aumentan las probabilidades de recuperación sin secuelas de un accidente cerebro vascular.

En el Día Mundial del Ataque Cerebrovascular, organizaciones de salud, expertos médicos, y asociaciones nacionales unen fuerzas para crear conciencia sobre la importancia de reconocer, tratar y prevenir esta condición. En Colombia, se registran aproximadamente 43.000 casos al año, con un saldo estimado de 16.000 muertes, siendo la segunda causa de muerte en el país.

Por tanto, es importante recordar que cada minuto cuenta y actuar con velocidad salva vidas, así la población general, los profesionales de salud y las instituciones deben fortalecer la prevención y la atención de los ACV Ataque Cerebrovascular. Identificar rápidamente los síntomas de un ACV es crucial. Para ello, se recomienda recordar la escala CORRE: Cara Torcida, Ojo alteraciones visuales, Rápida debilidad de un brazo o pierna, Raro al hablar, Emergencias. Al identificar uno de estos síntomas se debe acudir inmediatamente al servicio de urgencias de un hospital que cuente con servicio de urgencias y tomografía cerebral.

¨El ACV es una enfermedad neurológica que habitualmente afecta a las personas mayores de 65 años, sin embargo, en las últimas dos décadas la incidencia aumento significativamente en los menores de 55 años. Además, en América Latina el 40% de las muertes por ACV ocurren en los años más productivos de la vida. Por lo anterior, es importante tener en cuenta que se puede presentar en cualquier momento de la vida, lo que nos obliga a sumar esfuerzos en la prevención y tratamiento de esta enfermedad¨, refirió el Dr. Andrés Mauricio Betancourt, Neurólogo, director del Centro de ACV del Hospital de Occidente de Kennedy de la Sub-Red Sur Occidente de Bogotá.

En Colombia, diversas instituciones están trabajando para desarrollar redes integradas que garanticen una atención eficaz y oportuna para el ACV en todas las regiones del país. Estas redes buscan optimizar el diagnóstico y tratamiento, desde el momento en que ocurre el ACV hasta el seguimiento en la fase post-aguda, mejorando así los resultados clínicos y la calidad de vida de los pacientes.

En este Día Mundial del ACV, invitamos a todos a conocer los signos de alerta y a ser proactivos en la prevención de esta condición. Al compartir esta información con familiares y amigos, podemos salvar vidas y reducir el impacto del ACV en nuestra comunidad. Reducir el impacto del ataque cerebrovascular es responsabilidad de todos.

PNUMA «Las emisiones anuales de gases de efecto invernadero están en su punto más alto»

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Las políticas actuales nos encaminan hacia un catastrófico aumento de la temperatura media del planetea de 3,1 grados centígrados a finales de siglo, muy por encima del calentamiento de 1,5 grados pactado en el Acuerdo de París.

Las emisiones anuales de gases de efecto invernadero están en su punto más alto, con un aumento del 1,3% el año pasado. Las emisiones deberían disminuir un 9% cada año hasta 2030 para limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados centígrados y evitar lo peor del cambio climático, pero las políticas actuales nos encaminan hacia un catastrófico aumento de la temperatura de 3,1 grados centígrados a finales de siglo. «Ha llegado la hora de la verdad», declaró Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

«Necesitamos una movilización mundial a una escala y a un ritmo nunca vistos, empezando ahora mismo, antes de la próxima ronda de compromisos climáticos», de lo contrario, advirtió, el objetivo de mantener la temperatura media de la tierra 1,5 grados centígrados por encima de la era preindustrial para frenar el aumento de las temperaturas fijado en el Acuerdo de París sobre el cambio climático «pronto estará muerto, y muy el aumento de 2 grados centígrados ocupará su lugar en la unidad de cuidados intensivos».

Presentado en la conferencia mundial sobre biodiversidad COP16 en Cali , el informe rastrea la brecha entre las emisiones globales que se proyectan y las que deberían producirse para limitar el calentamiento a los 1,5 grados, ese objetivo desaparecerá en pocos años a menos que las naciones se comprometen colectivamente a reducir el 42% de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero para 2030 y el 57% para 2035 en sus planes nacionales.

Esos planes esbozan medidas para reducir las emisiones y adaptarse a los impactos climáticos, desde sequías, inundaciones y fenómenos meteorológicos extremos, asegurando los fondos necesarios y actualizando los objetivos cada cinco años. La próxima ronda para adquirir nuevos compromisos nacionales será a principios de 2025, antes de las conversaciones sobre el clima de la COP30 en Brasil.

Si no se reducen drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, el mundo podría enfrentarse a un inevitable y catastrófico aumento de la temperatura de 3,1 grados, según el informe, que llega en un momento en que los gobiernos no están cumpliendo plenamente sus promesas.

El Secretario General de la ONU, António Guterres, afirmó que existe una relación directa entre el aumento de las emisiones y los desastres climáticos cada vez más frecuentes e intensos. «Nos estamos tambaleando sobre una cuerda floja planetaria», advirtió en un mensaje de vídeo, dado a conocer tras el informe anual. «O los líderes colman la brecha de emisiones o nos lanzamos de cabeza a un desastre climático, en el que los más pobres y vulnerables serán los que más sufran».

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP29), que comenzará en noviembre en Bakú (Azerbaiyán), debería servir de plataforma de lanzamiento para un debate detallado de estos nuevos y ambiciosos planes nacionales, afirmó, señalando que el evento «pone en marcha el reloj para que los países presenten nuevos planes nacionales de acción climática antes del año que viene». Esto significa que deben reducir todas las emisiones de gases de efecto invernadero abarcando toda la economía, impulsando el progreso en todos los sectores, dijo, instando a las economías más grandes, los miembros del G20 responsables de alrededor del 80% de todas las emisiones, a liderar este proceso.

El informe muestra un potencial significativo para reducir las emisiones en hasta 31 gigatoneladas de CO₂ para 2030, lo que se traduce en alrededor del 52% de las emisiones registradas en 2023, y en 41 gigatoneladas para 2035, ayudando a cumplir el objetivo de 1,5 para ambos años. Impulsar el uso de la energía solar fotovoltaica y eólica podría contribuir al 27% de la reducción total en 2030 y al 38% en 2035. Además, la conservación de los bosques podría aportar alrededor del 20% de las reducciones necesarias en ambos años. Otras estrategias eficaces son la mejora de la eficiencia energética, la electrificación de diversos sectores y la transición desde los combustibles fósiles en los edificios, el transporte y la industria.

Sin embargo, el informe afirma que para hacer realidad incluso una fracción de este potencial será necesaria una cooperación internacional sin precedentes y un planteamiento global por parte de los gobiernos, centrado en maximizar los beneficios socioeconómicos y medioambientales minimizando las compensaciones.

Fuente: PNUMA – ONU . COP16

Una acción que afecta a la sociedad entera.

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La violencia sexual contra los menores de edad es una tragedia mundial, que afecta de forma determinante a las víctimas, la sociedad y cuestiona el cómo llegan a esa situación los perpetradores. Conversamos con la investigadora Ana María Venegas, Máster en Psicología Jurídica y peritaje psicológico forense, quien con la abogada María Victoria Zambrano, se han dedicado al estudio de esta tragedia humana.

COP, enfrentado el mundo ante su propia realidad económica y ambiental

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La COP16 aprobó por consenso el reconocimiento de la contribución de las comunidades indígenas, afrodescendientes y comunidades locales al cuidado y la preservación de la biodiversidad e implica "la creación de un nuevo órgano subsidiario del Artículo 8J" del Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal.

Colombia está de plácemes al ser sede de la COP 16, lo cual abre una gran cantidad de opciones e interrogantes de cómo, a nivel mundial, podemos rehabilitar la vida en el planeta. Esta realidad inobjetable nos hace dialogar entre pares, es decir los países del mundo, porque cada uno y en su totalidad tienen el mismo problema: agotamiento de la vida en sus territorios.

Los acuerdos que se han establecido en las cumbres de la ONU, se siente, para el común de las personas, como una pérdida de tiempo, porque la realidad es que el sistema económico imperante, aún en crisis inflacionaria, no da su brazo a torcer, y se ha aumentado los niveles de contaminación sumado a desastres ambientales producidos por los incendios de bosques, fundamentales para corregir el desastre. Nuestra América lo ha estado viendo, desde la costa pacífica de Canadá, Estados Unidos, bajando hasta Chile. Esa pérdida de árboles es dramática, porque los bosques no solo son los pulmones del planeta, también lo es el agua que allí se produce, y lo que permite la estabilidad climática general.

Una de las acciones que hace la floresta es lo que se ha denominado como la bomba biótica, una teoría desarrollada a miles de kilómetros de la amazonia, en los bosques de Rusia, que también tienen su labor reguladora del clima y del agua en la zona euroasiática del planeta. Los científicos Anastassia Makarieva y Víctor Gorshkov en 2006 plantearon la teoría, según la cual, los bosques no solo influyen en el clima mediante la absorción de gases de efecto invernadero, sino también a través de la regulación activa del ciclo del agua. En esencia, la vegetación densa, como la de la Amazonía, actúa como una bomba gigantesca que succiona humedad desde las regiones oceánicas y la distribuye hacia el interior del continente, creando un ciclo autosostenible.

El proceso comienza cuando los árboles emiten vapor de agua a la atmósfera mediante la transpiración. Este vapor asciende, formando nubes que eventualmente se condensan y precipitan en forma de lluvia. Sin embargo, no se trata simplemente de un proceso de evaporación-condensación; la clave de la bomba biótica radica en que la vegetación no solo libera vapor de agua, sino que también influye en la presión atmosférica local. Las grandes cantidades de humedad evaporada disminuyen la presión atmosférica en la zona, lo que genera corrientes de aire que succionan aire húmedo desde áreas más secas o desde el océano hacia la selva. Esta dinámica genera un ciclo perpetuo de humedad que alimenta a la Amazonía y las regiones circundantes.

Y entre esta zonas está la Cordillera de los Andes, una de las formaciones montañosas más largas del mundo, que forma una barrera natural al oeste de la selva amazónica. A pesar de estar separadas por diferencias geográficas y altitudinales significativas, la Amazonía y los Andes están profundamente interconectados a través de este ciclo hídrico impulsado por la bomba biótica.

La lluvia que cae en el vertiente oriental de los Andes proviene, en gran medida, de la humedad generada en la Amazonía. Este proceso es esencial para los ecosistemas de alta montaña que dependen de las precipitaciones regulares. Sin las corrientes de aire húmedo que ascienden desde la cuenca amazónica, las áreas montañosas experimentaron una drástica disminución en la cantidad de lluvias, afectando tanto a la biodiversidad como a los suministros de agua dulce que son cruciales para la región.

La relación entre la Amazonía y los Andes es un ejemplo claro de interdependencia climática. La pérdida de bosques en la Amazonía, ya sea por la deforestación o los incendios, tiene el potencial de alterar radicalmente este delicado equilibrio. Menos árboles significa menos transpiración, lo que resulta en menos humedad en el aire y, por ende, menos lluvias en los Andes. Esto puede provocar sequías, reduciendo la disponibilidad de agua para los ecosistemas, la agricultura y los millones de personas que dependen de los glaciares andinos y los ríos alimentados por las lluvias.

En vista de las recientes crisis incendiarias y la constante deforestación, que además destruye una inmensidad de formas de vida que hacen posible que el bosque exista, la bomba biótica pierde eficiencia, disminuyendo la capacidad de la selva para generar humedad. Esto, a su vez, afecta el régimen de lluvias en la cordillera y en general en el continente.

En los últimos tres años el aumento en las temperaturas globales, está llevando a un mayor estrés hídrico en la región, afectando a los patrones de precipitación, porque ese delicado y magnífico equilibrio de humedad y temperatura, está generando que el ciclo natural del agua se rompa, con las consecuentes sequías, que en el caso de Bogotá, ya está viviendo la regulación del agua potable, al ver los embalses del sistema de reservorios y distribución del líquido enfrentar períodos más largos de sequía. Estas alteraciones climáticas derivadas de la pérdida de los ríos voladores, impactan a la Amazonía, a las comunidades y ecosistemas en los Andes, que experimentan cambios en la disponibilidad de agua, lo que puede generar inseguridad alimentaria y conflictos por los recursos hídricos. Hay que considerar que las ciudades capitales andinas están precisamente, sobre la cordillera.

Es esencial implementar políticas nacionales y continentales robustas que combatan la deforestación, promuevan la reforestación y protejan los derechos de las comunidades indígenas que han sido históricamente guardianes de estos ecosistemas y que los conocen muy bien. Las iniciativas de conservación, como los proyectos de REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los Bosques), pueden desempeñar un papel vital en la financiación de proyectos para mantener la integridad de la selva. Además, es fundamental fomentar la cooperación regional entre los países amazónicos y andinos para garantizar que se proteja el ciclo hídrico que uno de estos dos ecosistemas clave.

Hoy en Cali se busca revitalizar acuerdos, mediar el financiamiento de los mismos y dar viabilidad a las propuestas, que se basan fundamentalmente en el fortalecimiento de los mecanismos REDD+ y así reducir la deforestación y degradación de bosques en general y especialmente en países tropicales. Parte de ello está en la creación del Fondo Verde para el Clima destinado a movilizar financiamiento para apoyar proyectos de mitigación y adaptación en países en desarrollo y el reconocimiento del límite de 2°C por encima de los niveles preindustriales para evitar los impactos más graves del cambio climático.

En el fondo será protagonista el sistema económico global, la forma de expoliar la naturaleza para satisfacer las inversiones de capitales, los mercados de dinero, de productos y una forma de consumo despiadado que solo busca satisfacer los requerimientos económicos de quienes manejan el planeta.

Bien lo escribió el papa Francisco en la encíclica Laudato ‘Si : “Un cambio en los estilos de vida podría llegar a ejercer una sana presión sobre los que tienen poder político, económico y social. Es lo que ocurre cuando los movimientos de consumidores logran que dejen de adquirir ciertos productos y así se vuelven efectivos para modificar el comportamiento de las empresas”. Y “Los países pobres necesitan tener como prioridad la erradicación de la miseria y el desarrollo social de sus habitantes, pero también deben analizar el nivel escandaloso de consumo de algunos sectores privilegiados de su población y controlar mejor la corrupción”.

Adicional a las decisiones de esta COP16, es necesario que cada uno de nosotros modifique sus costumbres de consumo, transporte, uso de la energía, el agua y en general entender que no solo es nuestro presente, también el futuro próximo el que se está afectando por la crisis planetaria, la pérdida de la biodiversidad y la posibilidad de pasarla bastante mal en un planeta que pasa de la abundancia a la escasez e inmensas dificultades para llevar el día a día.

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